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Aforismos del domingo: Antonio Porchía

Autor de una obra única, Antonio Porchía (1885-1968) nació en Italia y vivió en Argentina a partir de los 17 años. Recién en 1943, próximo a cumplir sus 60 años, dio a conocer algunas de sus “Voces”, aforismos y sentencias que, a partir de entonces, se fueron publicando de modo disperso. Una edición de Pre-Textos del año 2006, que incluye un CD en el que Porchía lee una parte de sus “Voce”s, las reunió por primera vez en un volumen: de allí provienen las aquí seleccionadas para los lectores del “Papel Literario”

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Las pequeñeces son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve.

La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas.

El mal no lo hacen todos, pero acusa a todos.

Quien dice la verdad, casi no dice nada.

Las primeras vienen solas y se van acompañadas.

Con algunas personas mi silencio es total: interior y exterior.

Donde hay una pequeña lámpara encendida, no enciendo la mía.

Cerca de mí no hay más que lejanías.

Sí, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.

Se apiadan de las víctimas, las víctimas.

Sí, eso es el bien: perdonar el mal. No hay otro bien.

No usar defectos, no significa no tener.

Desde que yo solo sé qué me sucede, no me sucede nada.

Herir al corazón es crearlo.

El temor de separación es todo lo que une.

Iría el paraíso, pero con infierno; sólo, no.

Donde se lamentan todos, no se oyen lamentos.

Lo que sé lo soporto con lo que no sé.

La humanidad no sabe ya adonde ir, porque nadie la espera: ni Dios.

Los méritos de una cosa no vienen de ella: van a ella.

Cuando no puedes hacerme reír o llorar, sólo puedes cansarme.

Si se mira siempre una misma cosa, no es posible verla.

Temer no humilla tanto como ser temido.

Vemos por algo que nos ilumina; por algo que no vemos.

Saber morir cuesta la vida.

Sí, ya he oído todo. Ahora sólo me falta callarme.