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Aforismos del domingo: Andrés Ortiz-Osés

Aforismos del domingo: Andrés Ortiz-Osés

Aforismos del domingo: Andrés Ortiz-Osés

Posiblemente Andrés Ortiz-Osés (1943) es uno de los más persistentes y profundos cultores del aforismo en nuestra lengua.  Del sentido de vivir y otros sinsentidos, puede considerarse una obra admirable del género. Los aquí seleccionados pertenecen a un conjunto de 550 aforismos, incluidos en el Diccionario de la existencia.

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Nietzsche sabe que no existe salvación del dolor de existir, por eso lo afirma desesperadamente.

Como quien busca un mar y encuentra una piscina.

El auténtico héroe no debe liquidar al monstruo sino licuarlo: hacerlo líquido, des-cosificarlo o desreificarlo, metabolizarlo o transformarlo.

De viejo cualquier tiempo pasado fue menos pesado.

El otro es lo que nos falta y sobra: por eso lo tememos y, al mismo tiempo, lo deseamos.

El héroe auténtico debe asumir la vida (extroversión) y la muerte (introversión): expansión e impansión.

La aforística busca lo certero: no lo cierto sino el concierto.

Oh infinitud, acoge mi finitud en tu seno.

Amar es modelar y ser modelado.

La música es la suspensión de los sonidos y la lucha por su concordancia.

Conocer es ver espacialmente: comprender es oir especialmente, o sea, escuchar temporalmente.

El sentido no es la replicación sino la coimplicación.

Como decía Simmel, no hay relación social sin mentira: la mentira es la carne de la verdad descarnada y el abrigo de la verdad desnuda.

Patria o muerte: entonces se trata de una patria mortífera.

Debemos estar del lado de las víctimas: pero no podemos ser sus rehenes cerrando puertas al diálogo.

Mi rebeldía no tiene que ver con la muerte de Dios sino con la de mi madre en la adolescencia: pero ambas muertes vienen a significar en el fondo lo mismo.

No rendirse: rendir.

A río revuelto ganancia de pecadores.

Era una persona tan preclara que nunca llegó a aclararse.

Más saber, más dolor: dice el Eclesiastés.

Querer es querer ayudar.

El fin comienza en el principio: y el principio se libera en el final.

El ser trasciende a la nada: y la nada trasciende al ser.

Los excesos se pagan con recesos.

El ser es heleno, el acontecer es hebreo y el estar es iberoamericano.

Dios es a veces lo único que tengo que no tengan los demás.

No hay hechos puros sino impuros: hechos interpretados.

Felices hay muchos: feliz no hay nadie.

Si te dan en una mejilla, pon la otra mejilla: la mejilla del otro.

No hay acción desinteresada: toda acción está interesada en uno mismo o en el otro, en esto o lo otro, en lo de más acá o más allá.

Cuánto se tarda en ser feliz: y qué poco dura.

Cada felicidad es distinta: cada infelicidad es igual.

En la solución tiene que estar contenido el problema: de lo contrario hay disolución.

Si Dios no puede hacer lo imposible no es omnipotente: y si puede hacerlo puede hacer que Dios no sea.

El problema no es a dónde vamos a llegar, sino a dónde no vamos a llegar.

Dios mío, debo cuidar mis ojos: para poder aún verte en algunos otros.

El hombre honesto, según Montaigne, es un hombre mezclado.

Ni estamos tan solos cuando lo estamos ni estamos tan acompañados cuando lo estamos.

Hay cosas que no tienen ni principio ni fin: hay personas que no tienen ni principios ni fines.

Cuando la vida se pone cruda acudimos al aforismo: pues sólo permanece el aforismo como un epitafio.

Un día dúctil, dócil, sutil quiero: deletéreo y lábil, ondulante: evanescente, frágil, untuoso: flotante, concertante y espumoso.

La virtud es contención y concentración: el vicio es exceso y dispersión.

Sólo se siente la tensión del dolor: el gozo se disiente sin tensión.

La felicidad es un estado irrisorio que consiste en sonreírse de sí mismo y reírse con el otro u otra.

No exigir tanto. Contentarse.

Responsable es el que responde.

La melodía expresa el sentimiento: la armonía el consentimiento.

Quien quiera respuestas que guarde silencio, dijo Heidegger: pues la respuesta flota en el aire.

Que la muerte nos coja ya medio muertos.

Llamamos estar en coma a estar en punto y aparte.

Cuantos más y mejores amigos, más y peores enemigos.

Sin enemigos no obtendríamos el equilibrio del contrapunto.