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La Academia de la Lengua y sus libros

Academia de la Lengua | William Dumont

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Las primeras publicaciones de la Academia Venezolana de la Lengua se remontan a los días de fundación de la institución

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Los tiempos fundadores
Las primeras publicaciones de la Academia Venezolana de la Lengua se remontan a los días de fundación de la institución. Ciertamente, el mismo año en que nace, 1883, se publica el discurso que para su instalación leyera el director fundador, Antonio Guzmán Blanco.

Las prensas de La Opinión Nacional se encargarían de producir el volumen de doscientas once páginas que recogen la cuestionada pieza inaugural, cargada de dislates sobre historia de la lengua (el más grueso, la disparatada asignación de origen vascuence para el español); larga y tediosa manifestación de autoritarismo intelectual que propaga con inclemencia la atrofia de una gestión de pensamiento que muy pronto avivará la crítica desde el seno mismo de la sapiente corporación. Nacida la polémica, la primera intervención gesta su crítica y esta vendrá de la pluma acre del marqués de Rojas, en su calidad de numerario fundador, quien hace duros reproches al caudillo ilustrado; y este gesto marcará una tendencia que promoverá, al poco tiempo, Amenodoro Urdaneta, también como crítico y académico, al puntualizar desajustes en el discurso de Guzmán sobre el tópico bíblico y la historia religiosa. Cuestionamientos muy cruentos llegarían también desde parcelas ajenas a la Academia, siendo el más notable la Refutación y mentis, escrita y publicada desde y en Curazao por Víctor Antonio Zerpa, al día de hoy una de las joyas para la historia de las ideas en Venezuela.

Sofocará los incendios, Julio Calcaño, primer Secretario Perpetuo de la Academia, al escribir los sucesivos Resúmenes de las Actas de la Academia Venezolana (1884 y 1886), publicaciones de primer orden, encomendadas a la Imprenta Sanz, para acallar todas las críticas y enaltecer el rol mayúsculo que la filial venezolana de la Real Academia Española comenzaría a tener en los destinos de la actividad lingüística y literaria del país. Estos dos libros no serían otra cosa que, además de memoria de los años iniciales de la empresa, un programa de trabajo concreto y un ideario de los caminos que debían transitarse en adelante. Fruto específico lo sería la edición de la Acentuación ortográfica según las doctrinas de la Real Academia Española (1884), de Gerónimo Eusebio Blanco, uno de los gramáticos más solventes en los estudios venezolanos del siglo XIX y numerario de la recién nacida corporación.

Discursos, boletines y clásicos
Queriéndolo o no, la AVL haría de la publicación de los "Discursos de Incorporación" de sus miembros tarea de edición de primera importancia. Después de transcurridos 129 años desde su fundación, la larga centena de textos son manifestación elocuente de las cúspides alcanzadas por el género como relato público de lo que cada nuevo individuo de número significaba y con lo que llegaba para aportar a la Academia. En su mayoría, estos trabajos cumplen cabalmente con el cometido y resultan espejo más que radiante de los aciertos institucionales de escogencia. Al cumplirse el primer centenario de su fundación, en 1983, fueron recogidos y editados en ocho volúmenes, al cuidado de Horacio Jorge Becco (hoy, Rafael Ángel Rivas actualiza esta obra con las piezas leídas desde 1983 a esta parte).

Hito en materia de publicación lo constituyó la aparición del Boletín de la Academia el año 1933. Desde temprano esta revista se entendió órgano natural de divulgación de las investigaciones de académicos y como saldo de la actividad literaria desplegada en el país. Sin dejarlo expresado, se hizo eco de colaboraciones sustantivas de la descripción del español venezolano y de la reflexión ensayística sobre la creación literaria nacional. De larga e ininterrumpida aparición, constituye al día de hoy, cuando ya han aparecido 204 números, una de las publicaciones periódicas más longevas y significativas del país, junto a la Revista Nacional de Cultura, fundada, cinco años más tarde, en 1938.

Asimismo, lo sería el proyecto de edición más meritorio de la AVL: la colección Clásicos Venezolanos. Consistía en promover volúmenes independientes para figuras clave de nuestra literatura en donde se presentarán selecciones bien pensadas de sus obras, acompañadas por estudios preliminares de especialistas, miembros o no de la Academia. El resultado se tradujo en 18 volúmenes (simples o dobles) en donde Bolívar, Bello, Baralt, González, Acosta, Toro, Ramos, Pérez Bonalde, Lazo Martí, Semprum, Bolet Peraza, Romero García, Díaz Rodríguez y Coll, eran presentados con la dignidad requerida y apreciados con la riqueza de estudio que merecían. Hicieron historia y, hoy, son documento de uno de los tiempos más brillantes de la corporación.

El centenario
En torno a la fecha centenaria se acrecentaría la actividad editorial. Nuevas colecciones de nobles nombres (Argos, Logos, Génesis, Lengua viva) darían cabida a obras de ficción (El reflejo de los remansos azules, de Rafael Cabrera Malo; Ángeles y ceremonias, de Velia Bosch; ¡No!, de Lucila Palacios), a estudios de crítica literaria (Juan Antonio Pérez Bonalde, escritor romántico, de Argenis Pérez Huggins; mulo Gallegos: Suma de lecturas y Hacia una lectura crítica de la obra de Vicente Gerbasi y de otros poetas venezolanos, de Pedro Díaz Seijas; Efemérides, de Luis Beltrán Guerrero; Bolívar, escritor, de Pedro Pablo Paredes; Utopía y comunicación en Simón Rodríguez, de Daniel Prieto) y a reflexiones ensayísticas sobre problemas de la lengua (el volumen colectivo El español y los medios de comunicación; y Bajo el signo creador de la lengua, de Pedro Díaz Seijas). Asimismo, se editaría la Memoria del Encuentro de las Academias, celebrado en Caracas, el año 1983, en homenaje a la institución por su centenario.

Muy notable por estos años, la presentación del volumen con la suma de los trabajos galardonados con el Premio An
MANUEL SARDA drés Bello, que recoge los estudios de Rafael Caldera, Edgard Sanabria, Hugolino Hernández, René De Sola, Oscar Palacio Herrera, Lucas Guillermo Castillo Lara, Efraín Schacht Aristiguieta, Rafael Yepes Trujillo y Mauro Páez Pumar. Asimismo, el estudio de revisión histórico-institucional, Cien años de vida académica, obra de Tulio Chiossone, daría cierre a uno de los períodos más prolíficos en materia editorial de la corporación.

El tiempo moderno
Sin lograrse del todo que la AVL ordenara un plan permanente de publicaciones, se continuaron los esfuerzos para mantener vivo el interés por la divulgación impresa y ello quedó manifiesto en obras puntuales en envergadura y en muestras interesantes de aliento medio. En cuanto a estas últimas, la Academia hizo de la vieja costumbre editorial del "folleto" un arte continuado de sobriedad, noble memorialismo y buen hacer científico. Entre muchos, se destaca la Selecta de libros de la Biblioteca. El texto busca mostrar uno de los mejores catálogos en torno a obras cúspide de la filología hispánica clásica y de la lingüística comparada del siglo XIX, padres de la ciencia del lenguaje sobre la que descansa la modernidad en estas materias. (Lo más brillante del acierto fue señalar la existencia de esas obras, posiblemente producto de la adquisición bibliográfica hecha en tiempos de Guzmán para dotar la primera biblioteca de la institución).

La aparición de la edición completa del Diccionario de venezolanismos, coordinado por la numeraria María Josefina Tejera, en alianza con la UCV y la Fundación Schnoegass, significó un poderoso empuje a los libros auspiciados por la Academia, colocando a la corporación a la cabeza de la difusión de una de las obras maestras de la lexicografía moderna en el país.

A partir de 1999, la AVL, como miembro de la Asociación de Academias de la Lengua Española ha participado en calidad de colaboradora y editora de un conjunto de obras gramaticales, lexicográficas y literarias que, si bien impresas fuera del país, deben considerarse parte del catálogo de sus publicaciones.

El presente
La creación en 2007 de la Comisión de Publicaciones y la permanencia de una asignación presupuestaria regular para estas empresas ha venido a promover iniciativas de edición con visos novedosos dentro de la tradición exigida por una institución centenaria como la AVL. Así, ha comenzado a mostrarse el saldo de una nueva colección, rotulada Académicos Actuales, que se ocupa de darle espacio a las tareas de creación e investigación de los académicos de este tiempo (en este momento, con seis los títulos nuevos). También, se trabaja, en obras de gran relevancia, tales como la continuación de la colección Clásicos Venezolanos, la actualización de la serie de discursos, el volumen sobre Rafael María Baralt en homenaje por su bicentenario, los estudios de lingüística indígena de José del Rey y el Diccionario histórico del español de Venezuela, de Francisco Javier Pérez, en coedición de Bid&co y la Fundación Polar.

Origen centenario, continuidad y presente promisorio son, pues, las notas para entender lo que ha sido y es hoy el compromiso con el libro de la más antigua de nuestras academias.