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6 en el 116

Los 6 (+1) en 116 realizada en la Galería de Arte Florida, noviembre 2015 / Foto cortesía Susana Benko

Los 6 (+1) en 116 realizada en la Galería de Arte Florida, noviembre 2015 / Foto cortesía Susana Benko

La Galería de Arte Floridaexpone el trabajo de los artistas Eduardo Azuaje,Alexander Martínez, Alí González, Juan González Bolívar, José Rivas y Luis Rocca Brito

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Seis amigos, pintores para más señas, acordaron no soloreunirse en el local 116 donde han compartido largas conversaciones sobre arte sino realizar una exposición de pinturas en la Galería de Arte Floridatitulada, precisamente,116. Este local es el estudio que comparten Eduardo Azuaje y Alexander Martínez, artistas que exponen en esta muestra junto a Alí González, Juan González Bolívar, José Rivas y Luis Rocca Brito.Siendo una exposiciónconceptual y estilísticamente diversa, a tono con cada temperamento, los une, además de la amistad, la valoración que cada uno da a la pintura como medio expresivo válido en el contexto del arte contemporáneo.  

Su heterogeneidad es palpable no solo en sus estilos sino en la manera de encarar temas que para algunos de estos artistas son comunes. Por ejemplo, el paisaje;en consecuencia, también la ciudad. Este tema, esencial para Juan González Bolívar, Luis Rocca Brito y Alexander Martínez, tiene importantes variaciones–y motivaciones– que dependen precisamente de los intereses individuales que cada uno presenta.

El primero de ellos, Juan González Bolívar, realiza paisajessin necesidad de salir apintar un determinado lugar. El paisaje lo lleva en su interior. Atrás están sus recuerdos de lo que fueron una vez los días lluviosos en La Cruz de la Paloma, su pueblo natal en el estado Monagas, o los árboles y la montaña de Tibroncito donde vive actualmente. No necesita salir. Él evoca, transfigura y pinta posibles ecos de su memoria. Indaga en los materiales que usa como soporte así como en collages, contrastando textiles crudos con otros suntuosos que, en muchos casos, dan la apariencia precaria que distingue a su obra. De este modo, pinta –y dibuja– formas yatmósferas, árboles y casas,teniendo presente la incidencia de la luz.

Luis Rocca Brito es pintor de paisajes. Fue artista figurativo desde la década de los ochenta hasta el 2004. Pintaba aves y peces y sus paisajes se caracterizaban por las veladas atmósferas. Entonces ya frotaba las imágenes, superponía líneas, creaba sugerencias de paisajes hasta que decidió profundizar en estos procedimientos y comenzó a abstraerla naturaleza. El resultado son dos series: Aproximaciones y Fachadas. En la primera, la naturaleza se visualiza en los intersticios existentes entre las tramas. En la segunda, los elementos constructivos que estructuran la imagen denotan la solidez de las fachadas dando una visión urbana del paisaje. En estas abstracciones, el color mantiene algún apego al entorno, pues, determina en cierto modo los colores de diversos momentos del día.

Alexander Martínez apela a la memoria para representar su visión de la ciudad. Su obra es profundamente urbana, sustentada en la experiencia,ya que de las calles sustrae las imágenes que luego transfiere a su pintura. De allí sus invenciones caligráficas inspiradas en los grafitis así como la creación de redes o tejidos abarrocados que “invaden” completamente la superficie pictórica. Estas “vegetaciones”–algunas como serpientes– crecen y se movilizan, así como la naturaleza. Coexisten, asimismo,imágenes alusivas a la violencia –balas, siluetas híbridas entre lo corporal y lo caligráfico, círculos de tiro y otros– queexpresan la indignación sentida ante la inseguridad predominante en nuestra ciudad. 

Del paisaje natural y de una pintura alusiva a las tradiciones de las etnias venezolanas, Eduardo Azuaje centra actualmente su atención en temas muy sensibles dela realidad venezolana. Ya en 2012 había marcado una ruptura con su pintura anterior con una escultura hecha con un “tejido” de huesos de vaca.Desde entonces la muerte se ha vuelto tema, por una parte, por la destrucción de la ecología; por la otra, por el quiebre generalizado en que se encuentra el país. Ante esto Azuaje expresa la furia que le suscita el descalabro, la mentira y la destrucción. Su proceso creativo, entonces,ha pasado de una pintura contemplativa del paisaje a la concepción política de la obra vista como imagen del país. La nostalgia del descabezado como imagen desacrificio; el sometimiento a la bota militar; los rostros horripilantes de los licenciosos y corruptos, entre otros, aparecen en medio de pinceladas explosivas y colores estridentes que dan cuenta de la crítica descarnada que el artista asume y clama.

Luego de varios años trabajando la instalación y los medios mixtos, Alí González se ha propuesto retomar la pintura en su sentido aparentemente más tradicional. Le interesa ahora revisar aspectos propios del oficio que son, en realidad, los problemas que siempre se han planteado a lo largo de la historia del arte, como por ejemplo, el espacio y el color. Su figuración consiste en representar un mundo ficcional quese acerca a la surrealidad. No obstante, sus imágenes son creadas a conciencia, generándose a medida que el artista avanza en la obra. Crea composiciones dinámicas, situaciones discordantes entre figuras, objetos y paisajes, disparidades temporales, narraciones sin hilo conductor, espacios en fuga, todo ello visto en conjunto como si estuviéramos frente a un mural.

José Rivas, en cambio, pinta en medianos formatos. La densidad de su trabajo estriba en la codificación particular que él establece entre las imágenes.Muchas son asimilaciones de imágenes icónicas procedentes de la cultura de masas, sea de fotografías publicadas en medios impresos de diversas épocas como referentes pictóricos, especialmente del Pop Art. No le interesa modificarlas. El detalle está en la nueva sintaxis que establece entre ellas, en cómo las trabaja y recontextualiza. Por una parte, engaña al ojo como si estas imágenes pintadas fueran collages; por la otra, genera significados críticos, sarcásticos –como vincular el Chacal y José Gregorio Hernández, o hibridizar la mandíbula de Dick Tracy con un instrumento de tortura, por ejemplo–, asociacionesque desafían la capacidad cognitiva del espectador.

El significado del número 116 se potencia cuando sabemos que se trata de algo más que una codificación. Es un lugar: el taller como espacio propicio para el trabajo y la conversación. Y es esta exposición, 116, donde se ha puesto al descubierto eldiálogo pictóricode seis artistas cuyas expresiones son fascinantes, densas y heterogéneas.