• Caracas (Venezuela)

Pablo Pérez

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Inflación: un indicador de la tragedia nacional

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De nada ha servido el maquillaje que el gobierno ha querido aplicar a la inflación. No importa cuántos meses tardaron en actualizar los indicadores de precios en Venezuela. De nuevo este fenómeno económico que causa gran malestar social derrota al gobierno revolucionario.

No hay que ser economista para saber que la inflación está desbordada. Todos los días el ciudadano común no solo siente, sino que padece por el constante aumento de los precios. De hecho, cualquiera que ve las cifras “oficiales” del Banco Central de Venezuela presume que están escondiendo una situación mucho peor.

Venezuela es el mejor ejemplo de la peor política económica con solo visualizar que tenemos los niveles de inflación más altos del mundo. De hecho, somos una vergüenza en América Latina, porque países con menos recursos que nosotros tienen una inflación mínima ante el volumen de lo que padecemos los venezolanos.

Estos 15 años de desastre nos han hecho mucho daño. La vida les cambió a todos los venezolanos. En 1987, cuando comencé a trabajar en los tribunales, apenas ganaba sueldo mínimo. Eran 2.500 bolívares mensuales que alcanzaban para cubrir mis gastos, salir con la novia y hasta para hacer turismo nacional.

Hoy, quien gane sueldo mínimo no vive, sino que sobrevive. No puede cubrir sus necesidades más básicas, mucho menos acceder a la compra de una vivienda, ni piensan en viajar y hasta dejaron de soñar con la compra de un vehículo. Y quien ya tenga vehículo, reza todos los días para que no se le dañe, no le roben la batería o el cauchito viejo le dure mucho más tiempo.

¿Es o no una tragedia lo que vive Venezuela? Tomemos solo una de las cifras reveladas y corregidas horas después por el BCV. La inflación anualizada junio 2013-junio 2014 es de 60,5%. De nada sirve que cambien la metodología de cálculo, si el monstruo que se come los salarios de los venezolanos está suelto en las calles y nadie puede domarlo, hasta ahora.

Las cosas en Venezuela están tan mal, que si el BCV estudiara también los precios en el mercado informal de alimentos, por solo tomar ese sector, que ha crecido como parte de las distorsiones creadas por el modelo económico socialista, tendríamos una dimensión mucho más real del grave problema que estamos padeciendo.

La inflación se une así a los abultados índices de escasez, que, por cierto, no los dio a conocer el BCV para configurar un panorama desolador y revelador al mismo tiempo para todos los venezolanos.

Desolador porque el ciudadano siente que no importa cuánto trabaje, cuánto se esfuerce y cuánto intente ahorrar, porque la crisis se tragará sus ingresos. El venezolano perdió su calidad de vida y ahora su vida se debate en largas colas para comprar lo que escasea y, además, en rebanarse el cerebro para intentar cubrir sus principales necesidades.

Y es revelador, porque la inflación al igual que otros fenómenos que nos agobian como sociedad demuestran claramente que el modelo socialista fracasó. Que Maduro está preso de quienes desde el oficialismo niegan cualquier posibilidad de ajustes o de un cambio de rumbo.

Mientras el gobierno intenta esconder su fracaso, el país se enrumba a un peligroso caos económico, que luego será social y terminará convirtiéndose en político para configurar un escenario de inestabilidad que nos afectará a todos. Si no hay un golpe de timón, vamos directo al barranco.

Lo peor que puede hacer el ciudadano ante esta tragedia nacional es perder la esperanza y conformarse ante lo que ocurre. Tenemos que entender que solo el esfuerzo colectivo, ordenado, pacífico y unitario nos permitirá recuperar a Venezuela.

No dejes que el caos siga gobernando. Actívate y participa. 

@PabloPerezOf