• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

La patria que queremos

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Conversar acerca de Venezuela o escribir sobre cuál debe ser la estrategia para superar la grave crisis que padecemos, les confieso, no es tarea fácil. Si bien es cierto que creemos tener identificadas las prioridades en este momento, no es menos cierto que no tenemos un plan único para hacerles frente. Por ejemplo, sabemos que la situación económica, la inflación, la inseguridad, la salud, la educación y el desabastecimiento, son escollos que nos atormentan y que debemos abordarlos con tenacidad para solucionarlos. No tengo dudas de que esos son los problemas esenciales del venezolano, aunados a la calamidad que representa la impunidad, que destroza la esperanza de las víctimas; y si a eso le sumamos el control social ejercido por los grupos paramilitares, que evidentemente están  al margen de la Fuerza Armada y la institucionalidad, tenemos un panorama oscuro que pudiera desanimarnos en el firme propósito de construir una Venezuela distinta donde todos quepamos, nos respetemos y tengamos esperanzas de progresar en libertad y democracia. Ahí está el problema, pero no tenemos manera de solucionarlo fácilmente porque están rodeados de una espesa y tenebrosa neblina que nos impide avanzar y encontrar el camino que nos conduzca a la curación de esos males. 

Indiscutiblemente, además de la confusión que tenemos sobre la manera de cómo abordar esta gravedad, también sufrimos una falta de acuerdos entre los liderazgos existentes. Improvisación, apasionamiento, ambiciones de poder o componendas con el adversario, es lógico que surjan muchas propuestas. Desde mi concepción, todas lógicas. Pero al no tener fortaleza ninguna de ellas, jamás daremos al traste con los males que nos aquejan. Desunidos seguiremos siendo presa del bandidaje enquistado en el poder. 

La gran pregunta: ¿qué hacer entonces? 

 

Perseverancia y coherencia

Nada mejor que la constancia en tus propósitos. Tener siempre presente que la pasividad nunca será una opción válida para alcanzar las metas. 

Oportunidades para darle una vuelta a esta oscura telaraña aparecen constantemente, pero quienes anhelan que las cosas cambien siempre están desprevenidos o, peor aún, desunidos. 

Con vergüenza tenemos que reconocer que la principal fortaleza del régimen que nos oprime es nuestra propia desunión. No hemos aprendido, a pesar de los porrazos. Nos hemos empeñados en fabricar una unión que no refleja el sentir popular. Desatendemos por largos periodos a las bases populares, para atenderlas en épocas electorales. Y lo más lamentable, esa atención no es para sacarlas del abandono o resolverles sus problemas, sino para obtener un provecho electoral. Eso ya no funciona, porque en ese terreno el oficialismo lleva una gran ventaja cuando apela al peculado de uso para realizar sus campañas y conquistar votos con “favores”. Tiene los reales de la nación y los utiliza sin que se les agüe el ojo; total: al régimen nadie lo audita.

 

Nuevas leyes, nuevos impuestos

La semana pasada, horas antes de finalizar el plazo habilitante que se le dio al presidente para que supuestamente combatiera la desvergonzada corrupción que atosiga al país, el presidente aprovechó las últimas horas para  aprobar 28 nuevas leyes cuya finalidad nada tiene que ver con los motivos de la Habilitante, pues lo que se contempló fue incrementar los impuestos para llenar las arcas públicas con dinero de los contribuyentes debido a la caída de los precios del petróleo. 

No tengo ninguna duda de que el gobierno tratará de recuperar el equilibrio, o mejor dicho, su estabilidad y permanencia en el poder a fuerza de plata. Se nos ha amenazado varias veces con aumentar la gasolina, y con ello seguir llenando las alforjas, pero de bolívares, no de dólares. 

En bajada y sin frenos

Estamos transitando por un camino muy peligroso. Maduro está consciente de eso. Desde octubre, pudiéramos decir que maneja en medio de la oscuridad un autobús sin frenos, en bajada, sin luces y con el pavimento mojado. No sabe qué hacer. Y cosa más grave, de este lado parece que tampoco sabemos. 

Tratarán de aguantar hasta el próximo año para ver si el festín (y la división opositora) les proporciona oxígeno. Los impuestos son para eso, para seguir ofreciéndole al pueblo pan y circo, aunque cada vez menos pan y mucho más circo. 

Todos presentimos que el régimen agoniza y ni siquiera los impuestos lo salvarán. Claro que no. El problema de Venezuela no es en bolívares sino en dólares, y esos llegarán cada día en menor proporción porque el petróleo, que es lo único que exportamos, está perdiendo su valor. 

Las fábricas seguirán cerrando sus puertas, el costo de la vida seguirá aumentando, la escasez llegará a extremos insoportables. Cómo mantener una fábrica abierta sin nada que producir, recordemos que la materia prima de casi la totalidad de lo que se produce en el país, es importada, ¿y sin dólares cómo vamos a tener producción nacional? 

 

¿Estallido, golpe, parlamentarias o Constituyente?

Seguimos preguntándonos: ¿qué nos espera a los venezolanos? Cualquier cosa puede pasar. Eso sí, no esperen, ni siquiera lo piensen, que como está la situación el presidente Maduro pueda ser sustituido por un cabeza visible de la línea opositora. Eso ni lo sueñen. El asunto es entre ellos y solamente los rojos tendrán la posibilidad de sustituirlo. La oposición jugará un papel importantísimo, siempre y cuando sepa interpretar el momento. Y esto lo siento así. He venido insistiendo en la necesidad de tender puentes con el oficialismo, porque más temprano que tarde la conflictividad será irresistible. Puede ocurrir un estallido social, la mayoría de los analistas lo presagian, aunque también pudiera escaparse un gorila de los cuarteles en medio de esa conflictividad. Mientras eso quizá esté más cerca de lo que imaginamos, seguiremos distrayéndonos con el escenario de las elecciones parlamentarias. Ojalá la Mesa de la Unidad Democrática se ponga a la altura de los verdaderos intereses de la nación, y no nos obligue a seguir separados. No es el momento de las parcelas sino del país. 

Nunca auparía ningún golpe militar, pero sí les pediría a las Fuerzas Armadas que piensen en Venezuela y en su pueblo. Esto significa que en caso de producirse un estallido social, analicen las causas que lo originaron y colóquense del lado de la institucionalidad inspirada en los valores democráticos y jamás en ideales de quienes han utilizado el nombre de Bolívar para lucrarse sacrificando una nación que en algún momento fue próspera. 

Hemos dicho que varios son los escenarios que pueden presentarse en un futuro no muy lejano, pero, debemos estar claros que sea un estallido, un golpe o lleguemos a las parlamentarias, tengan la plena seguridad que la única manera de recuperar las instituciones y la confianza en el país será mediante un proceso constituyente. 

Estamos presenciando los estertores de un modelo que intentó perpetuarse en nuestro país. Es hora de reflexionar y entrar en razón. Basta de mentiras y de engaños. Basta de necias divisiones. Venezuela es una sola, aunque hoy un grupete se haya empeñado en dividirla.