• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

¿Quién manda en Venezuela?

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La Venezuela de los últimos años es el auténtico escenario para inspirar a cualquier productor de películas de suspenso, terror, policíacas y hasta de ciencia ficción. Todo lo que nos podamos imaginar sucede aquí, donde se confunden policías y ladrones, descubren grandes alijos de droga que involucran a altos jerarcas militares, ocurren asesinatos extraños. La gente se inquieta por la inseguridad, pero al mismo tiempo tiene que ocuparse de cómo sortear los problemas de desabastecimiento.

De estas tierras pudieran salir exitosos bestsellers o series televisivas al estilo El cartel de los sapos, Pablo Escobar, o una muy buena llamada Tyrant (Tiranos)  que nos relata las vivencias de Barry Al Fayeed, hijo de un dictador de un país imaginario del oriente.

En realidad, en 16 años en un país pueden suceder muchas cosas, y más aún estando bajo la dirección de una misma gente con un patrón desmoralizador, que ha tenido como práctica de vida los antivalores.

Así las cosas, tratemos de hacer un análisis de lo acontecido durante la última semana.

Crimen y venganza de los colectivos

El mes de octubre tuvo un comienzo macabro. Asesinaron de una manera horrenda al joven diputado Robert Serra y a partir de allí parecieran haberse desatado algunos demonios. Al principio, hubo señalamientos inverosímiles que atribuían responsabilidades alocadas sobre el vil asesinato. Luego, pero siempre en medio de la oscuridad, fueron aconteciendo algunos hechos que dibujaban las siluetas de sus posibles actores, o personeros que quizá aparentaban tener conocimiento de ese espeluznante crimen.

No había transcurrido todavía una semana del homicidio de Serra cuando en pleno centro de Caracas, en Quinta Crespo, el Cicpc se enfrentaba a tiros con los denominados colectivos, y fueron ultimados cinco integrantes de estos grupos civiles irregularmente armados. Pero identificados con “el proceso”. Entre los abatidos se encontraba José Miguel Odreman, líder del colectivo 5 de Marzo, quien minutos antes de su muerte responsabilizaba al ahora exministro Miguel Rodríguez Torres de lo que pudiera pasarle. Presentía su muerte. Quizá porque alguien le había dicho que lo andaban buscando para matarlo, y desde luego, pudiéramos especular que tampoco subestimaba el atrevimiento ministerial. En definitiva ocurrió lo que Odreman presintió.

Mientras colectivos y Cicpc se enfrentaban en Quinta Crespo, José Gregorio Sierralta, a la sazón director nacional del Cicpc, desde Valencia desmentía que los abatidos pertenecían a los colectivos. Esas declaraciones provocaron un mayor enfurecimiento de quienes ya estaban dolidos por el asesinato de sus camaradas. Tratar de exponerlos al desprecio y, además, desconociendo su armonía con sectores gubernamentales en los momentos difíciles cuando el régimen los necesitó para “asustar” o combatir las protestas de los primeros meses del año, los colectivos no lo perdonarían; fue entonces cuando varias de las organizaciones “colectivas” propusieron marchar hasta Miraflores para pedir la destitución del ministro Rodríguez Torres. La marcha estaba pautada para el jueves, pero se suspendió.

 

Triunfo de los Colectivos

No fue casual la suspensión de la marcha. Evidentemente hubo un acuerdo entre Nicolás Maduro y los colectivos. La decisión ya había sido tomada: Rodríguez Torres saldría del ministerio y junto a él toda la directiva del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas. Maduro cumplió. La marcha era el jueves y el viernes anunció la destitución.

No sabemos si con esa destitución terminará el episodio de Quinta Crespo porque también ha sido una exigencia la destitución de Diosdado Cabello, pensamos que eso será más difícil ya que no está en manos del Presidente de la República tal decisión. Esperemos el mes de enero para ver qué pasará con la directiva de la Asamblea Nacional.

 

Enigmático futuro

Hacer algún tipo de pronóstico sobre lo que sucederá con personeros del Gobierno que han estado comprometidos en situaciones criminosas no es tarea fácil. Todo dependerá de las negociaciones que en búsqueda de la salida se hagan. Así como lo leen: ¡las negociaciones!

Enrumbar el país por el camino del progreso y del bienestar seguramente acarreará varios sacrificios, probablemente, alguno de ellos será obviar hacer justicia en determinados casos. Suena mal decirlo y les confieso que también me incomoda escribirlo. Pero ese es el presentimiento que tengo. Quizá más temprano que tarde habrá grandes negociaciones para encontrar una convivencia en paz. De no ser así, pues entonces tendremos largos eventos de enfrentamientos.

 

Pacto institucional

Aunque el poder lo tengan -como quedó demostrado con la destitución de Rodríguez Torres- los grupos irregulares fuertemente armados, quienes creemos en salidas constitucionales debemos apostar a la reinstitucionalización del Estado, lo que comenzaría por devolver y garantizar el monopolio de la fuerza a los organismos regulados por la Ley. Habrá que tender puentes con todos los sectores. Lo que está en juego es algo mucho más grande que el modelo de Gobierno que podamos tener en Venezuela. Se trata de la vida de millones de venezolanos.

 

Maduro en una encrucijada

En los actuales momentos el gobierno se encuentra en una encrucijada. Se debate internamente entre sus fracciones de poder. Son ellos los que se enfrentan. Por una parte está la militarista y antidemocrática, y por la otra la civil (pero paramilitar) de los colectivos, desde luego, también, antidemocrática. Las dos son rudas y dispuestas a ejecutar inimaginables acciones para demostrar su fortaleza. Lógicamente, ninguna de ellas representa el bienestar ni mucho menos el progreso y la estabilidad para la nación. Ambas fueron creciendo y se alimentaban con el mismo discurso. Hoy es diferente su desenvolvimiento y hasta su actuación. Antes existía un líder que las unía, que las compactaba y que evitaba que a ambas les crecieran las alas y formaran tienda aparte. Muerto ese líder se independizaron y no aceptan rivales en la toma de decisiones.

Sustituir a Rodríguez Torres por la almirante Carmen Meléndez seguramente fue una recomendación del G-2 cubano. Es conocido por muchos que ella tiene buenas relaciones con los Castro, quienes evidentemente también tienen ascendencia sobre los colectivos. Es decir, la nueva ministra fungirá como bisagra articuladora entre “colectivos” y FAN. Veremos cuánto aguantará ese muro de contención.

Mientras Maduro tiene ese vaporón prendido dentro de sus propias filas, procura distraer la atención hacia el trato inclemente que mantiene contra los presos políticos.

Maduro por algún tiempo seguirá jugando con la libertad de políticos inocentes, continuará persiguiendo la disidencia en el país, procurará seguir culpando a una ficticia guerra económica de la inflación y de la escasez. Pero lo que no logrará, es mantener por mucho tiempo la paz dentro de sus aparentes aliados. No es difícil asegurar que a pesar de los muertos, solo hemos visto diminutos escarceos.

 

Y a todas estas, ¿qué hará la MUD?

Con mucha precisión debe y tiene que tender puentes con personeros sensatos del oficialismo, que aunque parezca mentira los hay. Preparar la mesa para la transición donde ella tendrá cabida. Pero para eso, repito, es imperioso tender puentes con todo aquel que sea necesario para el entendimiento nacional. Que no se piense que la oposición será una opción para el anhelado reencuentro si no se hace acompañar por algunos connotados dirigentes que hoy juegan para el mismo equipo de Maduro y que antes estuvieron en el de Chávez. Que se entienda bien: no es negociar para convivir con el régimen que nos oprime, sino para abrir las puertas hacia una nueva Venezuela.

Para finalizar debemos tener muy claro que el acontecimiento de las elecciones parlamentarias pudiera llegar, pero no podemos agotar nuestras energías en debates entre nosotros mismos sobre quiénes serán nuestros representantes. Esa Asamblea Nacional lo más seguro es que sea temporal, pero no obstante ello lo ideal es que allí se encuentren no solo luchadores sociales, sino personas con el conocimiento necesario para saber entender que una diputación bajo un sistema dictatorial de poco o nada nos servirá. El propósito debe estar muy bien definido.

Es inaceptable la falta de entendimiento en el sector democrático, mientras nos peleamos o, para ser menos duro, no logramos entendernos para nombrar a los coordinadores regionales de la MUD, el país sigue desmoronándose, lastimosamente pareciera que priman intereses distintos a los de evitar la destrucción total de Venezuela.