• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Ni indiferencia ni desesperanza

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No es el momento de la indiferencia, ni mucho menos de la desesperanza. Es la hora del compromiso con arrojo. Es la hora de asumir los riesgos que sean necesarios, porque la verdad es que estamos en terapia intensiva. Hay un grito ensordecedor que nos alerta sobre la proximidad del desenlace. Estamos a las puertas de un sálvese quien pueda. 

Constantemente nos la pasamos analizando los discursos de Nicolás Maduro esperando anuncios confiscatorios y pírricos aumentos de sueldos. Era lo que se esperaba para el 1° de mayo. Pensábamos venían acciones contra la Polar más el aumento de sueldo. Pero, ya vimos el resultado. 

Todo lo que ocurre, en cuanto al comportamiento del régimen y nuestras reacciones me hacen pensar en el poeta Antonio Machado: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. Nos hemos empeñado en embestir al engaño, en lugar de atacar sus causas. Poco hemos construido en este largo y horroroso camino revolucionario. Nos limitamos a criticar y a alertar sobre las cosas que vendrán, pero, con dolor, tenemos que decir que no nos hemos enfrentado (con honrosas excepciones) de manera inteligente, ni mucho menos corajudamente, a estos miserables que hoy detentan el poder. Hemos sido tolerantes. Evitamos denunciar a nuestros supuestos aliados, para no caer en la lengua de los que simuladamente se erigen como líderes de los cambios ¡Vaya esquizofrenia que sufrimos! Ni Chávez ni Maduro nos tienen locos, somos nosotros mismos los que seguimos atados a las directrices de otros, que supuestamente pueden enrumbarnos hacia los cambios. Nada de eso ha funcionado, porque hemos delegado la responsabilidad de que otros decidan sobre lo que nosotros mismos deberíamos resolver. 

Cansados de todos

Cierto que el pueblo está cansado y muy cansado en toda la extensión de la palabra: cansado de todos, de tirios y troyanos, de oficialistas y opositores. El mal de la conchupancia ha hecho metástasis. Algunos dizque opositores conviven disfrazados con el oficialismo. Hacen negocios y pactan descaradamente. Ya ni siquiera le temen a ser descubiertos, pues, sienten que la traición es una tremendura más de la política. 

La gente está cansada, porque miran a todos los políticos con el mismo cristal. Los echan en el mismo saco. Para el común de los ciudadanos: político, mentiroso y traidor, es casi la misma cosa. ¡Que dolor! Dieciséis años no han sido suficientes para aprender y recapacitar. Más de la mitad de la población no cree en nadie. Apuestan a la sobrevivencia, les da lo mismo el nombre del gobernante. Al fin y al cabo, para ellos, todos son iguales. 

Motivos para luchar

Frente a este panorama nada alentador, sería un crimen no involucrarse para provocar la reacción de aquellos que hasta ahora no han creído en nadie o se han desencantado por malas acciones de quienes en una oportunidad creyeron. 

Aceptar la pasividad y la indiferencia, sería renunciar a cualquier esperanza de convertirnos en ciudadanos. Pocos luchan por la democracia, porque pocos saben lo que significa la democracia. Nos gritan y nos aterrorizan. Es la ley de la selva. Estamos a merced del más fuerte, no de quien más razone y mejor preparado para gobernar esté. 

Tenemos dos opciones. La primera, soportar que transcurra la vida esperando las dádivas del régimen; y la segunda, rebelarnos democráticamente ante todos esos desmanes para construir esa Venezuela llena de oportunidades.. 

Me anoté desde hace muchos años en la segunda opción. No me resigno a vivir en un país de esclavos ni de politiqueros dizque opositores alcahuetas. Creo en personas valientes y decididas a entregarlo todo por el país. No tengo la menor duda de que en Venezuela sobran los hombres y las mujeres como María Corina Machado, dispuestos a luchar por la libertad y por la democracia. Ha faltado organización. Quizás en una de las cosas en las que hemos fallado es en la de permitir –sin denunciar– a aquellos opositores en cargos de gobierno que han hecho que el régimen se fortalezca en algunas situaciones. 

Coraje y dignidad

Estas reflexiones no tienen un propósito distinto al de entender lo que está ocurriendo, y a no esperar que otros generen los cambios. Eres tú quien tiene que involucrarse. Pon de manifiesto esa dignidad y ese coraje que el régimen y algunos patriotas cooperantes quieren disminuir. Tengo fe que con la perseverancia en la lucha lo lograremos. No podemos trabajar de manera aislada es momento del reencuentro de voluntades. Si la inmensa mayoría quiere un cambio, pues entonces tomemos la iniciativa. Amigos, tengan siempre presente que la voluntad libertaria de los pueblos no la detiene ningún obstáculo cuando se toma la decisión mayoritariamente. Hablo de utilizar todas las herramientas inherentes a los derechos humanos. Por ejemplo, el voto, la protesta, las manifestaciones, y en fin, todo las que consideremos acciones democráticas. Eso sí, sin arrugar: con coraje y dignidad.