• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Es la hora de asumir los riesgos

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Eventos que en circunstancias normales y en cualquier país producirían un verdadero escándalo, acá en Venezuela los vemos como casi normal, como una raya más para un tigre. Vamos a estar claros, muchos esperan que alguien haga lo que todos -o la mayoría- debemos hacer conjuntamente. Siento ver una película con un final espantoso.  No es pesimismo, es la trama de la película que nos coloca en ese estado emocional. Ver que delincuentes son los jefes de todo, es insoportable, pero lo padecemos. Sentir que el régimen hace lo que le provoca y nadie reacciona, es insufrible, pero lo sufrimos.

Que nos estrujen en la cara que ellos son los capos y por esa razón hacen lo que les viene en gana, es humillante. Pero lo toleramos. Díganme qué final puede tener esa película cuando estamos a la intemperie, desarmados, rodeados, sin alimentos ni medicamentos. Por cierto le temo más a la escasez de medicamentos que a la de alimentos. Por el camino que vamos la expectativa de vida del venezolano cada vez será menor. No hay, por ejemplo, anticonvulsivantes, fármacos descubiertos en la década de 1940, como tampoco medicamento para el tratamiento a pacientes con cáncer. Con dolor lo escribo, quizá dentro de un mes los que hoy reciben quimioterapia probablemente tengan recidiva de las células malignas. Es una verdadera tragedia. Y nos la calamos.  

No vamos hacia lo desconocido, sino hacia lo que es sencillo imaginar: ¡hacia la miseria total! Nos quejamos pero en silencio porque tememos nos pase algo. Como si no supiéramos también lo que nos pasará si seguimos inertes.

Desde luego es como una escogencia: ¿muerte lenta o muerte súbita? Si nos quedamos tranquilos, estamos condenados seguir padeciendo esta larga agonía; pero, si en conjunto reaccionamos de manera unida puede que ocurra una de dos cosas: una, que nos liquiden en el intento; la otra, que contagiemos de valor a los que no se han atrevido a reclamar, y quién sabe si esa Fuerza Armada Nacional, tan mancillada, entienda que tienen que defender la Constitución y no a una cuerda de malhechores.   Para donde veamos las cosas, están mal, muy mal. Hospitales, servicios públicos, escasez de productos básicos, hiperinflación, nuestra seguridad; no alcanzaría el espacio para enumerar cada una de las calamidades.

 

Se sumarán las universidades

A todo este descontento, pronto se le sumará un sector que aunque ferozmente maltratado ha reaccionado tímidamente, me refiero a los universitarios. Conozco este tema a la perfección porque he estado en la gerencia universitaria desde hace varios años. Cientos de miles de jóvenes corren el peligro de quedar sin clases; decenas de miles de trabajadores están amenazados de pasar a la pobreza extrema. Hemos estado acostumbrados a recibir con cuentagotas -pero los recibíamos- los cada vez más menguados recursos para cubrir a medias las necesidades universitarias. Los trabajadores gozan de HCM y de un sueldo de hambre que a paso agigantado se ha convertido en nada. Nuestros estudiantes se quejan por la falta de transporte o por la comida que se les da en los comedores. Los entendemos. Tienen que quejarse. Pero les digo que por el camino que vamos, y debido a las malas políticas económicas del régimen, es muy probable que en algunos meses o semanas, ni eso lo tengamos.

 

Gobierno antilógico

Este gobierno es de la antilógica. Sabe que vamos mal y acentúa las causas del deterioro económico. Algunos dicen que está provocando que le den un golpe. En realidad es él quien reincide de manera continuada en su felonía gubernamental. Necesario es advertir que no sería un golpe lo que propiciaría sino la restitución del hilo constitucional.

La Asamblea Nacional aunque está haciendo lo que le corresponde hacer, creo que debe asumir un liderazgo  más contundente, no limitarse a los debates o a las sanciones de leyes, las que ninguna se cumplirá mientras no hagamos valer el mandato popular. Tenemos una pared dictatorial que hay que derribar, y jamás la derribaremos solo con deliberación en el hemiciclo. Sin calle no habrá renuncia ni cambio de gobierno.

Claro que es peligroso lo que propongo, pero no olvidemos que cuando se asumen ciertas posiciones de representación popular en regímenes como el que padecemos, los privilegios o prerrogativas parlamentarias siempre van acompañadas con un paquete de riesgos. Es hora de asumirlos.

 

pabloaure@gmail.com