• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Estado general de molestia

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Hacer política bajo este régimen no es tarea fácil. Si alzas la voz y denuncias sus desafueros, te colocan en la lista de los incómodos sometidos a un permanente acecho. No te investigan, sino que comienzan a tejer falsas historias para tratar de comprometerte, que si acciones golpistas, magnicidas, desestabilizadores y de cualquier ocurrencia de la malvada mente del autor del libreto. Lo he sufrido en carne propia. Por eso me consta lo que digo.

Desde hace siete meses tengo prohibición judicial de salir del estado Carabobo y la obligación de presentarme ante los tribunales cada 15 días. Con inventos y absurdas imputaciones se me ha criminalizado. Quieren silenciarme...

Nuevamente, desde la semana pasada, el alto gobierno ha comenzado las alusiones hacia mi persona. Primero, el gobernador, y luego Diosdado en su programa nocturno. Se repite la misma historia. De nuevo estoy siendo señalado. Nos colocan a la defensiva, y lo que angustia más es la impotencia para poder ejercer el legítimo derecho de defenderme. Los medios de comunicación y las redes sociales son nuestras únicas herramientas para expresar nuestros descargos, ya que los tribunales o el Ministerio Público son sordos para escuchar cualquier argumento. Y, como si fuera poco, lamentablemente, cada vez son menos los medios independientes que se hacen eco de nuestros reclamos.

 

Enjuiciar a los incómodos

El régimen presiente lo que muchos creemos puede suceder. Me refiero a una oleada de protestas espontáneas y quizás otras provocadas. La gente está molesta. No hay nadie que te hable bien de la situación del país. Las colas en los mercados son escenarios para el descargue gubernamental. Saben que pronto explotará una especie de rabia colectiva motivada por la desesperación. No entiendo cómo es posible que personas supuestamente versadas en la política todavía no le hablen claro al país. Sé que el evento electoral en algún momento se producirá, pero no es honesto permanecer callados o fraguando alianzas a espaldas de las esperanzas populares. Respeto profundamente todas las ideologías. Creo en el sistema de partidos como la fiel expresión de los sistemas democráticos, pero defiendo, como el que más, la libertad de expresión; lo que me convierte en crítico de sus actuaciones cuando pienso que algunos de los líderes están en contubernio con el oficialismo. Es más, no son pocas las veces que he llegado a pensar que oficialistas y cierta dirigencia opositora se han confabulado para sacar del juego a esos líderes incómodos.  Otros, sin confabularse prefieren no retratarse con el perseguido para evitar ser incluido en la misma lista. Demostrando que no profesan la solidaridad tan necesaria en tiempos de dictadura. 

Me late que en los próximos días, al mermar los productos en los anaqueles, comenzarán enjuiciamientos y encarcelamientos selectivos. Es evidente que ante el malestar popular, el régimen tratará de evitar que liderazgos con credibilidad y no sujetos a chantajes puedan dirigir ese descontento. Por eso inventan historias ridículas, de “tucanos y magnicidios”, denunciando a los líderes para ocuparlos en otros asuntos distintos que no sea organizar una verdadera masa opositora capaz de producir los cambios que millones de venezolanos esperan.

 

Disfraz de valientes

En este Carnaval, sin complejo alguno, debemos reconocer que muchas veces nos hemos puesto el disfraz de valientes. Imposible no sentir miedo ante esta arremetida gubernamental. Pero no nos queda otra que soportar asustadamente ese disfraz que decidimos ponernos. La gran diferencia entre el régimen y quienes lo combatimos es nuestra razón de lucha. Ellos defienden el poder y sus riquezas individuales, mientras que a nosotros nos anima otra cosa: la construcción de un país mejor, sin diferencias odiosas y de respeto al ciudadano. Y eso es peligroso cuando tus adversarios te sienten como un enemigo a quienes deben silenciar. Por eso el temor. No lo oculto. Pero tenemos que aguantar el chaparrón porque ese fue el camino que decidimos transitar. Creo en lo que hago, por eso seguiré llevando ese disfraz de valiente. No tengo dudas de que la mayoría de los venezolanos sienten lo mismo que yo y están dispuestos a continuar luchando por un país de todos, del reencuentro, donde exista paz, libertad, seguridad, cordialidad, solidaridad, alternancia y justicia.