• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

¡Hasta cuándo!
Estado crítico

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No solamente tenemos desinformación, sino que si tienes conocimiento de algo o simplemente quieres informarte sobre un tema de interés, te conviertes en un subversivo e inmediatamente te mandan a investigar, y te aplican medidas judiciales.

Lo que ocurre en el Hospital Central de Maracay es algo grave, muy grave. Que llegue gente con cuadros febriles adicionales a otras patologías no muy claras, y a las pocas horas fallezcan, es algo patético, de acuerdo con informaciones extraoficiales. Porque nada es oficial. Supuestamente van nueve personas de diferentes localidades que han llegado al HCM con síntomas parecidos y han fallecido. Me dicen que el domingo falleció otro paciente que presentaba síndrome febril hemorrágico. Ya el doctor Ángel Sarmiento, presidente del Colegio de Médicos de Aragua, había expresado ante la opinión pública su preocupación y provocó que inmediatamente saliera el gobernador de dicho estado a amenazarlo con los tribunales, lo cual ya es una sentencia condenatoria. Porque para eso sí son diligentes los fiscales y los jueces: para cumplir órdenes de quienes detentan el poder. El fin de semana, en un grupo de mensajería telefónica por el que se comunican algunos médicos amigos, se escribió: “Tiene lógica cualquier cosa que se quiera pensar en este país, porque el principal problema es la desinformación. Ya es hora de que la ministra hubiese emitido un comunicado oficial o una rueda de prensa aclarando las dudas. Nadie, incluyendo los médicos, sabe cómo actuar”.  Hay miedo, porque hay incertidumbre. Siempre lo hemos dicho, este es un régimen que procura a como dé lugar sembrar el terror. El miedo paraliza.

Lo cierto del caso es que el doctor Sarmiento es hoy otro perseguido por la injusticia, pero sus colegas no lo han dejado solo: el sábado se reunieron en Maracay y cerraron filas en su favor. La solidaridad del gremio médico de Aragua debe ser ejemplo a seguir en estas horas menguadas que vive nuestra patria, donde suele ocurrir el abandono o tímida reacción de sus pares hacia la protección de los perseguidos políticos. De esa cabuya tengo un rollo. Todavía no me explico la timorata reacción de los diputados de la bancada opositora ante la destitución de su colega María Corina Machado.

 

Venezuela contaminada

Brotes de enfermedades infectocontagiosas que en algún tiempo fueron controladas y erradicadas de Venezuela han vuelto con esta revolución bonita. Eso es una demostración del escaso saneamiento ambiental y la negligente actuación de organismos sanitarios en la aplicación de métodos preventivos.

En Carabobo las cifras de dengue y de chicungunya son alarmantes, lo cual confirma el fracaso acelerado de Insalud ante la proliferación de esas enfermedades. Ricos y pobres, opositores y oficialistas caen doblados por el chicungunya. Los centros hospitalarios colmados de enfermos, y se le suma algo muy perverso que nadie puede negar: la falta de medicamentos para combatir o aliviar el dolor que esa enfermedad produce. No hay en las farmacias acetaminofén, pero tampoco hay repelentes para ahuyentar los zancudos. ¡Este es el país del no hay!

Las quejas son constantes. Insalud se niega a fumigar si no hay casos confirmados de estas enfermedades y resulta que hasta faltan los reactivos en los laboratorios para corroborar su existencia. O sea, esperan que la gente se infecte para proceder a la fumigación. ¡Vaya prevención!

 

Guerrilleros: “nuestros amigos”

Debemos recordar que en mayo de 2001 el finado e intergaláctico presidente afirmó que “la guerrilla colombiana no era enemiga de Venezuela, sino de los cuadros dirigentes de ese país”. Luego, en febrero de 2008, defendiendo a Hugo “el pollo” Carvajal, quien ya para esa época era acusado de tener vínculos con el narcotráfico, dijo que Venezuela limitaba con la FARC, desconociendo al Estado colombiano por el oeste y suroeste. De aquellos vientos vienen estos lodos. En efecto, la guerrilla se ha apoderado del control de buena parte de nuestras fronteras. Los militares venezolanos y el país en general están a merced de las decisiones de los grupos irregulares. Que quede claro, la guerrilla no es un concepto filantrópico ni mucho menos romántico que trata de hacerse del poder por ideales libertarios. Ni lo piensen. La guerrilla que hoy opera en Colombia y en Venezuela, las mueve el negocio. Todo tipo de negocio ilícito. Contrabando, narcotráfico, secuestro, vacunas y pare usted de contar.

El sábado pasado nos enteramos de que había muerto otro militar venezolano en un ataque guerrillero en el río Arauca, cerca de El Amparo de Apure, en la frontera con Colombia. No olvidemos que hace algunas semanas fue asesinado Raúl Bracho, que era mayor del Ejército de nuestro país, víctima supuestamente de las mafias del contrabando. De ese asesinato no se habló más. Todavía no conocemos las circunstancias de la muerte, ya que se dijo que estaba patrullando la zona, pero no se habló del incidente ni qué otros militares acompañaban al mayor en la referida comisión de patrullaje. Imposible que un mayor salga solo a patrullar.

Pues bien, ahora nuevamente se nos informa de otra muerte en la frontera, pero no nos informaron de esa lamentable noticia los organismos regulares de Venezuela, sino que pudimos enterarnos por el diario El Tiempo de Bogotá, haciendo el relato en su edición del sábado 13 de septiembre de lo acontecido: enfrentamiento del ELN con miembros de la Armada venezolana, trajo como consecuencia la herida de gravedad y posterior muerte de un militar nuestro.

Sinceramente, no sé cuál es el comentario que pueda estar dándose hoy en los cuarteles venezolanos. Pero no creo que sean satisfactorios hacia quienes dirigen el estamento militar, comenzando por el comandante en jefe. Ellos, a estas alturas, deben estar convencidos de que el haberlos involucrado en la política ha destruido la Fuerza Armada. No tengo dudas de que la mayoría está descontenta, aunque los voceros digan lo contrario. Desgraciadamente, la institución militar ha caído también en las garras del comunismo que juega a su destrucción a través de la corrupción, y que de ese modo se anarquicen y no existan las líneas de mando regulares. Un sargento puede mandar más que un capitán. Y, peor aún, un extranjero puede ser más obedecido que un patriota. Esa es la realidad.

 

Bachaqueo urbano

Es común escuchar el “bachaqueo” de la gasolina hacia Colombia; era y sigue siendo un gran negocio. Desde luego, se presume que siempre hay una cachucha involucrada en esa actividad. El “bachaqueo” se fue extendiendo y ha diversificado sus rubros, y ahora también están los alimentos así como otros productos que al cambio de la moneda son más baratos en Venezuela que en el hermano país. Para combatir esa dañina práctica, a los “sabios” que ejercen la jefatura del régimen se les ocurrió el cierre nocturno de la frontera, en lugar de adecentar a los encargados de vigilarlas.

Pero es que ya el asunto no es un tema fronterizo, sino que tenemos el “bachaqueo” urbano. En efecto, ya no causa extrañeza ver largas colas en supermercados de zonas donde se encuentran los establecimientos en los que sí están regulados los productos, es decir, donde los organismos encargados de aplicar controles los ejecutan inclementemente. En las colas “curiosamente” no están lugareños, sino ciudadanos venidos de otras localidades; de esas donde la Guardia Nacional no efectúa controles de precios. Pero, créanme, muchos de los que hacen colas para comprar harina, aceite, pañales, champú o jabón no las hacen para su consumo particular o el de su familia, sino para revenderlos en otras partes, donde, repito, la Guardia Nacional o no va o está metida en el negocio, porque no los controla. Allí los revenden a precios exagerados y la gente los compra por necesidad. Hagan la prueba: dense un paseo en Valencia por los automercados del norte de la ciudad, observen las colas y el precio de los productos; y luego vayan a las inmediaciones del Periférico, o a los barrios, para que vean los mismos productos a un precio muy superior al controlado por el régimen.

Señores, esta perversión del “bachaqueo” urbano es una silenciosa y verdadera expropiación que acomete el régimen contra los comerciantes. Los obligan a vender los productos a “precios justos” mientras se hace la vista gorda de la grosera especulación que hacen contra el indefenso pueblo de los “bachaqueros”, quienes abarrotan los supermercados para revender los productos que compran con altísimas ganancias. Resultado: terminarán cerrando los grandes supermercados y serán adquiridos por el régimen a precio de gallina flaca.

pabloaure@gmail.com

@pabloaure