• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

La antipolítica

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Es común que algunos representantes de los partidos políticos tradicionales califiquen a quien en un momento determinado no esté de acuerdo con sus posiciones como militante de la “antipolítica”. 

Hago esta introducción porque no son pocas las veces que he oído a algunos señores recurrir a ese adjetivo de “antipolítico” como para descalificar a sectores democráticos que no necesariamente siempre están de acuerdo con las decisiones de la Mesa de la Unidad Democrática,  y antes, con las de la Coordinadora Democrática. “La política es una actividad humana concerniente a la toma de decisiones que conducen el accionar de la sociedad” 

Ser político no es exclusivo de los militantes de los partidos políticos, ni tampoco de los gobernantes. Tener posiciones distintas no es ser antipolítico. La política es mucho más que eso. 

Autocensura opositora

El empeño de calificar a otro de antipolítico quizá pudiera procurar la autocensura y de ese modo evitar que se expresen pensamientos o desarrollen ideas distintas para evadir el mote. 

Sobre Leopoldo López he escuchado que lo han etiquetado también de antipolítico. Me imagino que quienes lo califican así deberían decir que él no es un preso político, sino un preso antipolítico. Sobre Hugo Chávez no fueron pocos los que dijeron que personificaba en su tiempo la antipolítica, pero después demostró lo equivocadísimo que estaban. Se mantuvo en el poder hasta su muerte (o más allá), generando una política que aunque no la compartíamos ni la analizaremos en esta oportunidad, era, sin dudas, política. 

La MUD y la antipolítica

Falso que los no “afiliados” a la MUD sean integrantes de la antipolítica. Si ese es el caso, el noventa por ciento de la oposición pudiera ser considerada antipolítica, lo cual evidentemente es mentira. 

Se equivocan quienes pretenden que las acciones u omisiones de la MUD sean aceptadas como “santa palabra”, es decir, sin derecho a que expresemos nuestras críticas u observaciones. 

Los ciudadanos que no son fichas de partido también tenemos una visión de país y, desde luego, podemos desarrollar ideas distintas para lograr los cambios necesarios, ideas que algunas veces no coinciden con las que plantea la Mesa de la Unidad Democrática. Un buen político debería respetar todas las opiniones, les gusten o no a los principales voceros de la oposición o del gobierno. 

El gran partido de la MUD

Imposible que un demócrata no apoye la existencia de los partidos políticos. Ellos forman parte de la esencia misma de la democracia. Desde hace varios años en Venezuela la política partidista opositora ha buscado la coalición para lograr mejores resultados en los procesos electorales. Creo que con sus aciertos o desaciertos ha quedado demostrado que cuando se unen son más fuerte frente al adversario común. Separados, somos exageradamente débiles. 

Esa fortaleza de ese gran partido, temporal o imaginario, conformado por la MUD, no se debe desaprovechar excluyendo de plano a quienes no estén afiliados a una organización partidista, porque la inmensa mayoría de la población venezolana no lo está. 

El vocero nacional de la MUD y por supuesto, los regionales, son claves para amalgamar a todos los sectores: partidistas o no partidistas. Si se equivocan en el discurso o en la conducción de la Mesa, no habrá un solo bloque enfrentando a este nefasto régimen; la necesidad del desahogo colectivo hará que proliferen. No me refiero solo en lo electoral, sino en las fórmulas de luchas. Si la MUD no está en consonancia con el sentir popular, sus recetas no serán consideradas como las correctas. 

La meta es Venezuela

No es nada fácil definir el camino inmediato. Existe mucho ruido para la toma de decisiones. Los acontecimientos varían constantemente y nos impulsa el accionar. 

Desde hace más de 15 años Venezuela se ha convertido en un país invivible y en los últimos meses se han multiplicado las causas para protestar y exigir un cambio de modelo de gobierno. 

No es de sorprendernos que a alguien se le ocurra promover una obligada paciencia hasta que lleguen las elecciones parlamentarias que serán a finales del año que viene, donde se elegirán los nuevos diputados a la Asamblea Nacional. 

Ese intento por calmar a los desesperados será inútil. Es más, ese tipo de recomendaciones, si provienen de la MUD, pudieran convertirse en un factor perturbador de la añorada unidad ¿Cómo pedirle paciencia a una madre que llora y pide justicia por la muerte de su hijo, víctima de la inseguridad? ¿Cómo pedirle al enfermo de cáncer que no se desespere al no conseguir el medicamento o no tener el dinero para aplicarse la quimioterapia? ¿Cómo calmar a los trabajadores que no les alcanza el dinero para comprar la comida? 

El mensaje de la MUD debe ser sincero, de optimismo, esperanzador pero jamás “comeflor”. De aquí a finales del 2015 muchos serán los desafíos y no precisamente electorales. El tema electoral indudablemente será uno, pero no necesariamente, el más importante. 

Autocensura tiránica

En la agenda de la MUD para los próximos meses se debe establecer como uno de sus puntos, vencer algo que ha venido apoderándose del pueblo y de la mayoría de los medios de comunicación. Me refiero a la “autocensura”. 

La política del régimen es provocar el silencio opositor. Tienen el aparato represor para lograrlo. Existe miedo en la oposición de decir lo que se piensa. No es especulación. El temor es cierto. 

Quién se iba a imaginar que la utilización del Twitter se convertiría en un peligro para los amantes de la libertad. Amas de casa, estudiantes o profesionales que hacen del Twitter su medio de escape, están literalmente asustados. Siete tuiteros detenidos por expresar sus pensamientos. Escribir en las redes sociales, en los periódicos impresos o digitales ha resultado un oficio de alto riesgo. 

Las protestas callejeras programadas (o divulgadas) han disminuido. Quien se atreva a protestar es considerado por el régimen, con cinismo y frialdad dictatorial, como terrorista, golpista y hasta paramilitar. Inclusive se ha llegado al extremo de que a quien se le ocurra alzar la voz lo pudieran involucrar en algún asesinato del momento. 

Espero que el mensaje de la MUD haga recuperar aquel coraje del bravo pueblo venezolano en la calle reclamando sus derechos. Que se entienda bien, no se trata de promover disturbios o acciones vandálicas, eso jamás lo convalidaríamos, de lo que se trata es de ir recuperando los espacios que hemos perdido por tenerle miedo a los tribunales y a la cárcel. 

Aunque ese miedo no debería paralizar las caras visibles del sector democrático, lamentablemente ellas también lo sufren. Lo digo con sentimiento porque ha sido muy frágil la solidaridad a favor de los presos y perseguidos políticos que la MUD ha exhibido. 

Al escribir estas líneas no crean que no siento ese temor, pero unilateralmente asumí un compromiso con mis lectores y no está en mi carga cromosómica la deslealtad. Por eso seguiré expresando mis ideas enfrentando los retos que las mismas puedan acarrear. Seguiré esperando y luchando para que en algún momento los fiscales y jueces entiendan lo que es la democracia y sepan respetar lo que conlleva el significado de la libertad de expresión.