• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Vivarachos

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No escribo para congraciarme con algún sector, lo hago expresando lo que observo. Mi línea es personal, obedezco solo a mi conciencia. Creo que eso debe ser lo correcto para con nuestros lectores.

Nuestra intención nunca ha sido torpedear a nadie, sino advertir ante el colectivo ciertos elementos que quizá no son desarrollados por temor a ser etiquetado con el remoquete de quinta columna, o de patriota cooperante. A Dios gracias nuestro comportamiento ha estado siempre bajo el escrutinio público. De hecho, fui encarcelado en el 2001 por emitir opiniones que desde aquella época han incomodado al régimen, y a lo largo de estos tortuosos años no hemos renunciado a los principios, ni a nuestras convicciones. Hoy continuamos en lo mismo, bajo régimen de presentación y con prohibición judicial para salir de Carabobo.

La adulancia no es precisamente mi característica. En fin, lo que pretendo decir es que de este hueco saldremos el día en que depongamos intereses grupales o conveniencias circunstanciales y nos pongamos a trabajar por Venezuela..

En la política criolla abundan los “vivarachos” que no ven más allá de su ombligo. Le meten zancadillas a sus aliados para evitar perder posiciones. Se confabulan entre ellos para destruir y no para construir. Ofrecen villas y castillos a sabiendas de que no cumplirán. Se desesperan por ser candidatos a lo que sea sin importarle para nada esa pobre gente que no piensa en las elecciones sino en la comida de sus hijos o en los medicamentos. Esos “vivarachos” solo buscan conquistar o mantenerse en el poder para atragantarse con el dinero mal habido. Son los que le venden el alma al diablo con la finalidad de aproximarse a la consecución de sus objetivos.

Que se entienda bien: hay “vivarachos” en el gobierno pero también los hay en la oposición.

“Vivarachos” pululan por todas partes. Por ejemplo, esos que se asocian con gobernadores o alcaldes (“vivarachos”) para obtener los permisos correspondientes para el desarrollo de determinada obra o recibirlas en concesión.

Cuando dejemos de ser “Vivarachos”

“Vivarachos” que no les importan las colas, porque pagan un gestor o más caro a un bachaquero. Que les resbala que no existan medicinas en el país, porque las encargan en el extranjero.

Señores siento vergüenza al escribir esto pero es la cruda realidad, el problema a mayor escala lo sufre el pobre. Con tristeza digo que en Venezuela no tenemos educación, vocación, ni capacidad de sacrificio por el bien común. Solo se protege la parcelita, lo chiquitico. En los particulares,  aunque  criticable lo pudiéramos entender, pero en los gobernantes o aspirantes es detestable. Mientras no reaccionemos con espíritu ciudadano, desgraciadamente estaremos condenados a seguir caminando por el sendero de la miseria.  

 

¿Cuál es la vía?

Estamos en una etapa buena para escudriñar cuál sería la mejor manera de cambiar este régimen oprobioso. Se insiste en la renuncia, la cual jamás lograremos sin presión. Cuando me refiero a la presión hablo de la calle, a la protesta. Pero teniendo en cuenta los antecedentes, necesariamente tenemos que aceptar que ello conllevaría riesgos porque el régimen carece de escrúpulos.

La otra fórmula para la sustitución de Nicolás Maduro es el referéndum, para lo cual hay que recoger por lo menos el 20% de las firmas de las personas inscritas en el registro electoral. El asunto se complica, también por los antecedentes: temor a otra lista Tascón, trabas del CNE en su recolección, alargar ese proceso, y quién sabe si sería peor el remedio que la enfermedad, pues, lo más probable, y de acuerdo a los tiempos para llevarlo a cabo, en caso de Maduro resultar revocado se encargará muy probablemente el vicepresidente de turno, hasta el 2019.   

Otra opción es la enmienda, en el sentido de recortar el periodo presidencial a 4 años. Interrogantes muchas ¿pasará ilesa por el pelotón de fusilamiento del TSJ?

Otra de las alternativas es la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. Esta, desde el punto de vista jurídico, es la correcta,  y más efectiva porque el problema no es solo Maduro, sino todo este aparataje que se ha construido en los distintos poderes (exceptuando la AN) para desnaturalizar los valores democráticos. Inexplicable que los factores de poder dentro de la oposición no escojan esta vía para la reinstitucionalización nacional. Aquí nuevamente observamos conductas "vivarachas" ¡Sacamos a Maduro pero continuamos con la  misma inestabilidad!

Un dato que se debe tener presente es que para convocar un proceso constituyente se requieren menos firmas que para activar el referéndum revocatorio. Para la Constituyente solo el 15%  de los electores inscritos es suficientes, mientras que para el revocatorio necesitaríamos el 20%.

Reconstruye y reconcilia

Pareciera que hay intereses mezquinos de parte y parte que se oponen a ceder espacios de poder. Esa es la verdadera razón. Imagínense ustedes con un proceso constituyente donde se respete el derecho de representación proporcional de las minorías, estableciéndose unas democráticas bases comiciales, donde tengan participación los distintos sectores del país.

Amigos, el camino para la reconciliación está en la Constituyente, porque habría reconciliación no solo con el chavismo sino con los demás sectores que están cansados del “quítate tú para ponerme yo”. Desde luego nada de esto podemos lograrlo sin la presión popular y sin los consabidos puentes que hay que tender con el sector militar.

Nota final:

Sea cuál sea el método para sustituir a Maduro, en ese me anotaré y trabajaré. Mientras no esté decidido hago uso de mi derecho a proponer el que considero más idóneo y a expresar mis opiniones al respecto.

@pabloaure