• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Usurpación en la MUD

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Nos guste o no, así es la política. Algunos la definen como aquella actividad orientada hacia la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos relacionados con el gobierno de los pueblos. Digo esto para advertir que, aunque cause disgusto, no puede haber sorpresa con lo que ocurre en la MUD Carabobo.

Es mentira que el propósito sea llenar un vacío, porque supuestamente está acéfala, ya que el Dr. Rubén Pérez Silva ha manifestado que él seguirá como coordinador hasta que sea sustituido de acuerdo con el reglamento por el cual fue designado. Según las explicaciones y declaraciones de voceros de importantes partidos de la oposición, como Acción Democrática, Proyecto Venezuela, Voluntad Popular y Copei, no se ha cumplido lo que la normativa prevé. Es decir, que por lo menos 70% de los integrantes de la MUD apruebe la designación. Ese porcentaje no se mide en siglas sino por número de votos obtenidos en el último proceso electoral en el que presentaron sus tarjetas cada organización dentro de la “Unidad”.

Ese nombramiento apresurado, y al mismísimo estilo que fueron designados los últimos magistrados del TSJ, tiene como único objetivo garantizar ventajas para los precursores de la sustitución, todo ello con la mirada puesta en las próximas y eventuales contiendas electorales. ¿Cómo negar que aquí en Carabobo (y quizá en todo el país) los muñecos opositores se muevan para escalar posiciones de poder? Se engolosinan soñando en la gobernación y en las alcaldías, como si ya el mandado estuviera hecho, y que solo faltaría el día de las elecciones para que gane el candidato de la MUD. Al parecer se les olvida que los rojos también juegan –y son rudos–, que si bien es cierto no tienen votos, a la hora de defender una plaza no tienen escrúpulos.

 

En la calle es el debate.

Cada quien con su conciencia. Durante todo este oprobioso régimen nos hemos mantenido en la calle, algunas veces más activos. Desde hace un par de semanas retomamos los conversatorios sobre las posibles salidas constitucionales, y les confieso que percibo en los ciudadanos un desespero que los puede hacer reaccionar de una manera no deseada, porque sería difícil controlarla. En tal sentido nos corresponde guiar esas emociones para evitar que la pasión se desborde en la improvisación. 

Hay hambre, molestia, enojo y mucho desespero. Es muy fácil predecir lo que puede resultar de esa mezcla emocional. Imagínense lo que sería capaz de hacer una madre para buscar la alimentación a su hijo, o cualquier persona para encontrar un medicamento del cual dependa la vida de un familiar.

 

Sigo con los puentes militares.

Cada día se acentuará más la lucha entre el régimen y la Asamblea Nacional. El pelotón de fusilamiento judicial está preparado para disparar al escuchar la voz de fuego. Como si eso fuera poco, ya han activado escuadrones de asalto que penetran en las instalaciones de la AN; la semana pasada se suspendió una sesión por desorden provocado por las barras oficialistas. O sea, además del embate judicial también torpedean las sesiones. 

Estas acciones dictatoriales tampoco nos deben sorprender, y a ellas debemos enfrentarlas con resistencia e inteligencia. Esto que voy a decir es válido para las protestas de calle: jamás lograremos conquistar espacios enfrentándonos cuerpo a cuerpo con catervas armadas. Somos demócratas que no estamos armados ni formados para la confrontación de ese tipo, allí siempre resultaremos vencidos, satanizados y enjuiciados. Ellos se encargan de escribir el libreto en los expedientes judiciales. 

No me cansaré de decirlo: sin la Fuerza Armada Nacional será imposible reestablecer la democracia. Que se entienda bien: no es un llamado a dar un golpe, sino de hacer respetar la Constitución, impidiendo que grupos irregulares armados por el régimen arremetan contra la población que clama por democracia. Créanlo, solo una minoría de uniformados son los malandros, la inmensa mayoría también está agobiada por este disparate gubernamental.