• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Unidad y chantaje

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Últimamente, cada vez que leo o escucho la palabra “unidad”, recuerdo el poema de Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”.

La unidad es una quimera, mutable; y en la Venezuela convulsionada de hoy, lamentablemente, atiende a intereses personalistas, o simplemente grupales.

No hay unidad en la oposición, pero tampoco en el oficialismo. Sin embargo, en razón de los “fines unitarios” pareciera menos complicado lograrla dentro del gobierno que en la oposición. Y la causa es, esencialmente, crematística: los oficialistas manejan la chequera del erario público y con ese dinero suelen comprarla. Claro está, es un contrato sin garantías, que cuando se deja de cumplir, inmediatamente se desintegra.

Así como hemos visto “unidades” compradas del lado oficialista, cuyo único resultado ha sido la destrucción del país y de todas sus instituciones, del lado opositor, hay que advertirlo, no sentimos una unidad para reparar los daños que el régimen ha proferido a la nación en estos casi dieciséis perniciosos largos años. Eso sí, hemos observado, con contadas excepciones, que la unidad gestada desde la oposición se ha venido estableciendo para repartir pequeñas parcelas de poder en los ámbitos nacionales, regionales o municipales. Triste pero cierto.

 

Unidad electoral

No es un mal exclusivo de la oposición, en el gobierno también lo padecen. Utilizar la unidad como chantaje le ha hecho demasiado daño a nuestro país.

Aquí nos sentimos obligados a unirnos en épocas electorales, so pena de que nos castiguen tildándonos de infiltrados si no lo hacemos (que quede claro, siempre he votado por los candidatos de la “unidad”). Es a juro que tenemos que aceptar los postulados de los cogollos. No aceptarlos o levantar la voz para criticarlos es suficiente para que te condenen y te coloquen en la acera de los que siempre has combatido.

 

Sapeo oficialista

La semana pasada los jefes del partido de gobierno anunciaron la creación de direcciones de correos electrónicos y líneas telefónicas para que sus militantes denuncien a infiltrados dentro de su organización partidista. En efecto, el gobernador de Carabobo escribió en su cuenta Twitter: “El militante que esté fomentando la desunión debe ser denunciado a través de: denunciainfiltradospsuv@gmail.com, y vía sms (mensaje de texto) al 0416-9425792”. Esta declaratoria es porque también reconocen que no hay unidad en lo que han querido denominar proceso revolucionario. Desde luego, sus métodos para “castigar” a los que no están de acuerdo con sus políticas son ligeramente distintos a los utilizados por la oposición. Mientras que los oficialistas descartan a los “no alineados” de pequeños cargos burocráticos, les rescinden contratos o simplemente les quitan las “ayudas” económicas, en la oposición se aprecia una especie de exclusión para constituir una posible alianza en futuros procesos electorales.

 

Unidos pero con los rojos

Del mismo modo como los rojos utilizan el poder, es decir, los recursos que de él se derivan para tratar de mantener la unidad con los “propios”, también lo hacen con los “extraños”, ciudadanos que se camuflan en el sector opositor. Y lo que es peor, esos camuflados en algunos casos inciden de manera contundente en ciertos cogollos opositores. Definen las políticas y hasta la manera de escoger los candidatos para cualquier cargo de elección popular o de designación grupal.

Muchas veces he pensado que determinados voceros de la oposición tienen más empatía con los gobernantes que con los que ellos dicen representar. Solo bastaría con revisar el comportamiento de su entorno o sus actuaciones no muy lejanas para que vean lo fácil que resultaría sacar conclusiones. En Carabobo hay suficientes elementos de convicción que nos hacen dudar de algunos señores que se erigen como opositores. Contratos familiares, blandengues posiciones frente al opresor, vacilación a la hora de defender a los perseguidos y presos políticos. Esto lo digo con dolor, pero, como lo he señalado muchas veces, no escribo para complacer a nadie sino para expresar lo que siento y veo. Por ejemplo, aquí en Valencia tenemos a un representante de un partido político opositor que hasta hace poco se la pasaba en la 41 Brigada Blindada, y en la actualidad es socio de los más cercanos colaboradores del gobernador. Ahora, sin pasar por el purgatorio, es una de las voces autorizadas para vetar a los verdaderos opositores. Dijeran en el llano: ¿Cómo se come ese pescado?

 

La MUD tiene la palabra

Nadie puede sentirse obligado a pertenecer a grupos ni apoyar acciones que no comparte. Esa conseja que dice “o nos unimos o nos hundimos” ya se está percibiendo como un chantaje de lado y lado. O sea, los oficialistas y los genuinos opositores: aquellos que desean un cambio de rumbo en el país no se sienten identificados con la unidad a juro. La unidad debe ser un sentimiento generado por la libre voluntad y no impuesto por los factores de poder, bien sea desde el gobierno o desde algunos personajes de la oposición. Yo no apoyo la unidad para mantenernos igual o para satisfacer intereses mezquinos. La unidad no es en torno a alguien, sino para defender ideales de cambio y luchar para conquistar algo distinto, no para seguir con lo mismo pero con otros personajes.

Tenemos que unirnos “no para estar juntos, sino para hacer algo juntos” (J. Donoso Cortés), y ese algo no puede ser para saciar un ego sino para recuperar a Venezuela, que la han destruido los oficialistas con la anuencia de las mezquindades y componendas opositoras. O es que van a seguir con la cantaleta de que los culpables de este desastre fueron los que votaron por Chávez. Nada de eso, Chávez representó en su momento una esperanza, pero luego de un brevísimo tiempo un grupito “de vivos” supuestamente opositores a sabiendas de que ese personaje era funesto para la democracia, el 20 de diciembre del año 2000, se atrevieron a pactar con él para hacer posible el nombramiento de los poderes públicos. Allí comenzó la verdadera tragedia nacional. Lo demás es historia. Lo importante no es el retrovisor, sino la reflexión y el propósito de enmienda para jamás volver a cometer esos mismos errores.

 

Tercera vía

Hay que decirlo: la MUD está a tiempo de evitar una estampida mayor. Creo firmemente en la buena voluntad de muchos de quienes la integran, aunque estemos claros que algunos la han empañado. Me consta que la mayoría no ha pactado ni pacta con el régimen, porque desea lo que anhela el inmenso pueblo venezolano, que es el bienestar colectivo y no están allí para lograr su supervivencia política o económica sino por la convicción de sus ideales.

Si esta MUD no interpreta en su justa dimensión lo que hoy acontece en Venezuela, el pueblo le pasará por encima y quedarán como otro oscuro lunar en la historia patria contemporánea.

No podemos descartar que surja una tercera vía donde quizá converjan los engañados, desencantados o expulsados del oficialismo, como también los decepcionados por la Mesa de la Unidad Democrática. Se está haciendo historia y nadie es el acreedor exclusivo de la verdad. La verdad política no es otra cosa que un acuerdo de voluntades y en un momento determinado para concebir o interpretar algunas situaciones.

En la actualidad, me late que de lado y lado hay mucha inconformidad. Esto implica que no podemos tirar la toalla, al contrario, es el momento de llenar el espíritu de entusiasmo, tender puentes multicolores y seguir luchando, si es necesario contra la corriente. Es preferible vivir por tus ideales a sucumbir hipotecando tus esperanzas. Los invito a creer en Venezuela y gritar sin temor: ¡libertad!