• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Revoquemos la farsa

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Definitivamente los dirigentes políticos tradicionales están divorciados de la realidad. Se engañan entre sí, pretendiendo que engañan a los ciudadanos.

Venezuela ha crecido. A fuerza de golpes y traiciones hemos desarrollado una coraza. Hablar de revocatorio o de enmienda haciéndonos ver que es la panacea a los grandes males que agobian el país es una bellaquería burdamente montada. Quizá una propuesta distractora para hacernos ver lo que evidentemente no es. Ni el revocatorio ni la enmienda nos sacarán de este marasmo, así se ejecuten ambas inclusive. Es más, esas dos formas de intentar acelerar la salida de Maduro pudieran oxigenar a un régimen que languidece y que está plasmado de atrocidades. Pareciera más bien una competencia entre Primero Justicia y Acción Democrática para ver qué organización política cautivará más adeptos. En efecto, el partido aurinegro ya comenzó a recoger firmas dizque para auscultar a los que estarían dispuestos a embarcarse en esa cruzada revocatoria, mientras que los blancos, con palmario conocimiento de asuntos legislativos, apelan a la facultad constitucional que se le otorga a la Asamblea Nacional para enmendar la Constitución. Siento más coherencia en el planteamiento adeco, porque fue una propuesta legislativa. Recurrir al revocatorio nos obliga a mirar el pasado. Ya lo hemos vivido: ¿se acuerdan de las firmas planas y de la lista Tascón? Supongamos que ahora las cosas sean diferentes y que la gente firmará lo que sea sin importarle que los coloquen en la lista negra, pues entonces debo emplazarlos a que me respondan la siguiente pregunta: ¿Cuál es el miedo de recoger firmas para convocar una Asamblea Nacional Constituyente? Con el entendido de que para la Constituyente se necesitarían menos firmas que para el revocatorio. Hago esta pregunta porque todos sabemos que saliendo de Maduro todavía tendríamos que soportar las injusticias del Tribunal Supremo de Justicia y los desafueros de la Fiscalía General de la República, de la Defensoría del Pueblo y de la Contraloría General de la República; es decir, tendríamos el mismísimo control judicial sobre las decisiones legislativas. Esto implica que con el revocatorio o con la enmienda no saldríamos –o cambiaríamos– el gobierno, ya que seguiríamos bajo las directrices de un régimen “milico-judicial”.

 

Barajo engaños.

Sin pretender ser pájaro de mal agüero, con propiedad les digo que ninguna de las dos instituciones (referéndum y enmienda) provocarán los cambios que anhelamos los ciudadanos; y menos aún si sacamos las cuentas con relación al tiempo que le queda a Maduro para salir de Miraflores. Me explico: Maduro debe entregar la presidencia (si no va a la reelección y llegare a ganarla) el 10 de enero de 2019; es decir, el 10 de enero del próximo año se cumplen cuatro años de este periodo constitucional, lo que significa, que si se produce el revocatorio luego de esa fecha quedará en la presidencia quien esté desempeñándose como vicepresidente de la república para ese entonces. De la enmienda no opinaré en qué momento se produciría, porque su interpretación estará en manos del TSJ, y ya hemos visto de qué manera interpretan esos asuntos en el Supremo Tribunal. Aunque les advierto que esa enmienda deberá someterse a referéndum popular a los 30 días siguientes de su sanción legislativa.

 

¿Cuál es el miedo?

Ahora bien, he notado que los voceros de la Asamblea Nacional e incluso de la MUD han sido muy escurridizos para hablar de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que, sin lugar a dudas, sí sería el instrumento constitucional que produciría un verdadero cambio. Que nadie lo dude, si se convoca y se ejecuta la Constituyente no solo saldríamos de Maduro sino que también tendríamos la posibilidad de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico. Lo que ocurre, amigos lectores, es que aquí algunos quieren “cambiar” las cosas para que todo continúe igual. Ni por casualidad ofrecen despojarse de sus parcelas compuestas por alcaldías o gobernaciones para apostar por la transformación del Estado, ni pensar dejar las curules en la Asamblea Nacional que recientemente y aplastantemente obtuvieron el 6-D.

Señores lectores, el gobierno sabía que las 2/3 partes de los diputados en la Asamblea Nacional representaban un enorme peligro para su permanencia, por esa razón apelaron al Tribunal Supremo de Justicia para dar al traste con esa mayoría despojando a la bancada opositora de sus tres diputados del estado Amazonas y que siento reprochar la falta de solidaridad y responsabilidad para con el estado Amazonas ya que lamentablemente no hemos defendido con coraje que reclaman estos tiempos de definiciones ¿cuál es el miedo? Tomemos, los ciudadanos, la iniciativa que nos otorga el artículo 348 de la CRBV, que establece que con el quince por ciento (15%) de los electores inscritos en el registro electoral (5% menos de lo requerido para activar el referéndum revocatorio) podemos convocarla.