• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

El Parlamento que viene

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Desde hace mucho tiempo se había anunciado lo que hoy estamos viviendo. No era difícil pronosticar que en manos de improvisados, manirrotos, corruptos y resentidos los resultados tenían que arrojar este desmadre social, político y económico.

Desde luego, a la suma de esos vicios debemos agregar que los gobernantes actuales no son demócratas, que no respetan los derechos humanos y, además, siguen un libreto confeccionado en Cuba, aderezado por la vulgar corruptela militarista así como también por las grotescas acciones de quienes han vivido del crimen antes y después de la llegada de este podrido proceso.

El estafador, el ladrón o el asesino de oficio siempre tiene una coartada para argumentar su defensa. Nunca reconoce sus delitos. Si eso ocurre con quienes no están en el poder, imagínense ustedes lo que sucede si quienes cometen sus fechorías gozan de todas las herramientas necesarias para encubrirlas. Por ejemplo, el poder de la comunicación, las cadenas de radio y televisión, jueces y fiscales, todo lo tienen a su merced. No es fácil lograr evitar que sigan delinquiendo, ni mucho menos enjuiciarlos, mientras todo continúe igual.

Tenemos que hacer la siguiente salvedad: una cosa es que no sea fácil y otra muy distinta es que sea imposible. Si nos comportamos pasivamente es de suponer que los malhechores puedan perpetuarse; en cambio, si constantemente denunciamos sus tropelías, poco a poco seguirá poniéndose al descubierto el grado de criminalidad que gravita en las altas esferas gubernamentales.

 

Amor con hambre no dura

Esta gente acabó con todo. Erráticas, improvisadas o ausencias de políticas económicas tenían que provocar estas consecuencias. Más de 95% de los dólares que ingresan al país provienen del petróleo, y ya hemos visto la considerable baja que ha sufrido el precio del crudo. Hay que ser mago para que un gobernante pueda sortear los embates que se avecinan.

En 2013 el precio promedio del petróleo fue de 100 dólares por barril, sin embargo, entre el presupuesto que se aprobó para ese año y el verdadero gasto público, existió una diferencia de 82%, la cual se cubrió con créditos adicionales, cuyos recursos provinieron del excedente. Es decir, en 2013 (como para 2015) el presupuesto se calculó con base en un precio del petróleo a 60 dólares pero como se vendió a más de 100 dólares, pues entonces el gobierno tuvo de dónde sacar para cubrir los gastos. Siendo esto así, me gustaría saber económica y contablemente cómo podrá cubrirse el gasto público para el  año 2015 si se prevé que el precio del petróleo estará muy por debajo de como se calculó. Sin añadirle la variable inflacionaria. El banco alemán Deutsche Bank dice que Venezuela necesita un barril de 140 dólares para cumplir con su presupuesto y financiar su déficit fiscal. Saquen sus conclusiones.

Ante este panorama, cómo no sospechar que pueda ocurrir un estallido social. No será provocado por el imperio, ni tampoco por la incitación de los “escuálidos apátridas terroristas y golpistas” sino que será una reacción normal de un pueblo que reclamará satisfacer sus necesidades y el gobierno no les podrá dar respuestas.

 

Entre la espada y la pared

He insistido en la necesidad de tender puentes entre la oposición y cierto sector sensato del oficialismo, aquel que sabe que esto está por estallar. Nadie en el país puede contentarse con lo que estamos padeciendo y que inminentemente empeorará. La única manera de poder superar la crisis que se profundizará en los próximos meses es mediante un pacto de transición. Entiéndase bien: PACTO. No estoy hablando de fotografiarse en una mesa de negociaciones, de lo que se trata es de un acuerdo de gobernabilidad con miras a cambiar el modelo, lo cual pasa, evidentemente, por legitimar los poderes públicos. Eso es lo que se debería hacer, caso contrario, viviremos momentos que pudieran producir terribles desenlaces que absolutamente nadie  puede desear.

No sé hasta dónde será capaz de llegar la testarudez de Maduro. El pueblo no se inmolará por defender un modelo que ya no le proporciona esperanza. Se inclinará hacia donde vea mayores expectativas de supervivencia. Ese pueblo que no se inmolará influenciará en los sectores civiles y militares que tampoco se sacrificarán para preservar algo que fracasó y que sin lugar a dudas imposible que pueda recuperarse en el futuro. Ellos buscarán la transición también, inevitablemente tenderán puentes, porque así se los impondrá el instinto de conservación.

Me preocupa esa casta (palabra utilizada por Pablo Iglesias, el Chávez de España) que está armada y es delictiva, que seguramente en las primeras de cambio tratará de evitar lo inevitable. Por eso no es para mañana, es desde ya que las bases de los puentes entre oposición y oficialismo tienen que comenzar a construirse, con una razón más que suficiente: impedir que la sangre llegue al río.

 

Testarudez represora

Indiscutiblemente, la represión seguirá siendo el plato fuerte del régimen para 2015, le dio muy buenos resultados en este año que finaliza. Debido a la brutal represión logró controlar los focos de protestas que se produjeron durante los primeros meses del año. Aunque las protestas fueron controladas por el temor del pueblo a ser encarcelado, las razones para protestar se han multiplicado y el descontento se ha generalizado.

Del mismo modo que estoy convencido de que continuarán reprimiendo al pueblo, también lo estoy de que cada vez les será más cuesta arriba poder controlarlas. La espontaneidad, multiplicidad, diversidad de motivos y pluralidad de personas involucradas imposibilitarán el éxito represor.

Perseguirán y apresarán a ciertos líderes, pero muchos otros emergerán, contagiarán de entusiasmo y de valor a los que hasta ahora no se han involucrado.

Espero que los gobernadores del oficialismo también sepan interpretar las exigencias del soberano en sus regiones. Que asimilen que las naciones se construyen con el entendimiento y la sensatez. Que el poder así como se obtiene también se va. Que la responsabilidad de los gobernantes más allá de tratar de imponer un modelo o una ideología es garantizar la paz y la convivencia de los gobernados, sin importar las diferencias. Un buen gobernante se mide por el grado de tolerancia hacia quienes le critican y por la destreza para canalizar la solución de los problemas de la gente.

El pueblo,  igual a como se comportan los ríos, tarde o temprano suelen despertar y por muy fuerte que sea el muro de contención siempre busca su cauce natural, en el caso de los pueblos: la libertad.   

 

Espejismo parlamentario

Mientras el desenlace lo tenemos a la vuelta de la esquina, me preocupa que en la oposición nos miremos con desconfianza. Aquí en Carabobo no son ocultas las incómodas diferencias que se han esgrimido con relación con el sistema para escoger los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional, que no obstante ya estar finalizando el año, todavía no sabemos cuándo se realizarán esas elecciones.

Imposible que una organización política pueda apartar el debate de la selección de los candidatos, pero les confieso, más allá de la eventual composición del Parlamento, en la mente del venezolano común no están las elecciones parlamentarias de 2015. Cuando me refiero al venezolano común, visualizo a ese que tiene que ir al mercado todos los días, que el sueldo no le alcanza y que tampoco consigue lo que busca; al que está enfermo y no encuentra cama y medicina en los hospitales; que tiene varios hijos y se le hace dificultosa su manutención; aquellos que quieren comprar un carro pero están caros y escasos; los que no tienen un techo bajo el cual vivir y, en fin, pienso en la Venezuela mayoritaria que más allá de nuevos diputados está desesperada por un cambio del modelo de gobierno.

Si llegare el momento de elegir el nuevo Parlamento y todavía estamos con la incertidumbre, ojalá que la escogencia de los futuros diputados se haga con el firme propósito de apuntalar un cambio. Bajo ese esquema no descansaré en procurar llevar a la Asamblea Nacional a hombres y mujeres que representen el sentir popular, no el individual. Lo digo sin medias tintas: los diputados de la oposición tienen que ser para hacer oposición, no para negociar o garantizar la permanencia de un régimen que se mantiene a fuerza de represión y terror.