• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Mea culpa

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Y vaya que somos testarudos. Seguir esperando la llegada de un mesías que nos rescate de esta grave situación es confesar el poco valor que nos tenemos como ciudadanos.

Estamos equivocados en la estrategia porque ese mesías nunca aparecerá, y si acaso llega alguien que lo parezca, no tengan dudas de que será para hundirnos más de lo que estamos.

Los cambios nunca se presentan si no son provocados. La indiferencia, el desánimo, la desesperanza o el conformismo que padecemos los venezolanos son peores que el vil comportamiento gubernamental. Hemos sido nosotros mismos los que hemos permitido que estemos como estamos, porque históricamente nos hemos acostumbrado a que otros sean los que resuelvan nuestros asuntos. Siempre encontramos a quién echarle la culpa. Vemos la mala conducta del otro pero no nos damos cuenta de la nuestra. Aquí vemos lo anormal como normal. En las situaciones que creemos menos insignificantes de la vida no contribuimos para crecer como país. Aquí, por ejemplo, es normal sobornar a un humilde vigilante en un banco para conseguir un número inferior al del resto de los presentes para cobrar más rápido un cheque. Ni se diga las habituales matracas de los fiscales de tránsito o policías que se encuentran apostados en alcabalas y se transan con los conductores cuando cometen alguna infracción. Ambos cometen delito: tanto el sobornado como el sobornador. 

En fin, hoy, nuestra apatía o desidia transformada en complicidad ratifican lo que digo. Pero es que no solamente somos apáticos sino también indolentes. Sabemos que las cosas andan mal, pero nos callamos; encarcelan a nuestros hermanos, y nos escondemos. Con sinceridad, amigos, les pregunto: ¿ustedes creen que podemos ser un gran pueblo si ni siquiera tenemos espíritu de solidaridad? Con dolor lo tengo que decir: mayor es nuestra pobreza espiritual que la material.

 

Rescate ciudadano

Hago esta introducción para comprender de una vez por todas que solo con la unión de propósitos podemos rescatar a Venezuela. Que se entienda bien: la unidad que reclama el pueblo no es en torno a una determinada persona, sino referida a los objetivos que debemos alcanzar. Basta de permitir pasivamente que ese bandidaje siga haciendo lo que le venga en ganas con el país. No solo con el dinero de la nación, sino que está comprometiendo nuestro destino como venezolanos. Si queremos comportarnos como ciudadanos, pues entonces, tenemos que ejercer la ciudadanía con todos los riesgos que ese comportamiento pueda conllevar en este momento. Si bien es cierto que la corrupción de los gobernantes es aborrecible, no es menos cierto que la actitud sumisa de los pueblos lo es también.

No pretendo insultarnos como pueblo, sino que hagamos un mea culpa y reconozcamos que hemos fallado como ciudadanos que no miramos más allá de nuestro ombligo. Somos conformistas y no pensamos en las futuras generaciones. Vivimos el hoy sin preocuparnos por el mañana. Si seguimos actuando de esa manera, irremediablemente estaremos condenados de por vida a seguir dominados por algún sátrapa de turno.

Escribo generalizando para no hacer distinciones odiosas. Sé que hay muchos ciudadanos que incansablemente han hecho bastante, pero lamentablemente esa labor no ha sido suficiente para provocar los cambios que esperamos.

 

Régimen hace lo suyo

No pensemos que este régimen hará algo distinto a lo que ha venido haciendo hasta ahora. Seguirá impidiendo protestas, movilizaciones y reclamos de la gente. Ya sabemos de su talante antidemocrático. Pero no creamos que de este lado somos la mata de la democracia, porque el demócrata que no defiende y lucha por la democracia (al precio que sea) reniega de su condición.

Nos seguirá criminalizando, inventará conspiraciones para sembrar el miedo y de ese modo paralizarnos. Desgraciadamente lo ha logrado, porque tenemos fallas: como pueblo no somos solidarios. Nos acobardamos en lugar de envalentonarnos cuando enjuician o detienen a algún compañero de lucha. Si en lugar de escondernos o callarnos salimos más y gritamos más fuerte el asunto se le dificultaría a la tiranía. Somos nosotros quienes hemos sido débiles en la defensa de nuestros derechos. Los tiranos continuarán ejerciendo la tiranía mientras los ciudadanos no defendamos la ciudadanía.

 

Y entonces: ¿cuál es la salida?

Si no cambiamos nuestro comportamiento, el hambre, la cárcel y la inseguridad seguirán acercándose cada vez más, hasta llegar el momento en que a ti también te tocarán la puerta ¿es eso acaso lo que estamos esperando para despertar? Si la respuesta es afirmativa, siento decirles que ese día ya será demasiado tarde para que reaccionemos, y desde luego le correspondería a otra generación hacer lo que nosotros no pudimos.

Amigos, aunque parezca mentira, la verdadera salida la tenemos en nuestras manos, solo basta apartar algunos defectos o temores que nos impiden visualizar el camino correcto.

Nadie del sector opositor puede tener dudas de que estamos viviendo un momento estelar para provocar democráticamente un desenlace a esta barbarie. El alto gobierno sabe que está muy débil, pero se mantiene porque nosotros como pueblo hemos sido muy débiles también para defender nuestras creencias democráticas. El régimen ha tenido y defendido una estrategia que ejecuta inclementemente para paralizar al adversario y mantenerse en el poder. A nosotros nos ha faltado muchísima organización y en algunos casos apartar el egoísmo. Tengan la plena seguridad de que con organización encontraremos la salida. Inclusive, me atrevo en asegurar que muchos de los que están desorientados políticamente, que no se involucran o todavía están del lado oficialista se unirían en esa cruzada de rescatar nuestro país.