• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Maduro, ¡renuncia ya!

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Hemos defendido hasta el cansancio la idea de la resistencia; que la tenemos que poner en práctica con inteligencia y propósitos definidos. No se trata de resistir sin actuar o sin planificar. También hemos considerado que la Asamblea Nacional como órgano político, hasta ahora, está haciendo lo correcto: desmantelando en la medida de sus posibilidades las vagabunderías del régimen.

Ha transcurrido un mes de la instalación de la AN y nadie puede dudar de que su trabajo haya sido positivo, al menos en cuanto a las ofertas electorales que se hicieron.

El asunto se complica cuando miramos hacia el futuro y sentimos el vaporón que nos alcanza, cuando analizamos las propuestas que desde el Parlamento toman fuerza para desmontar el latrocinio socialista. Entonces vemos un largo camino.  Enmienda constitucional para acortar el período, Asamblea Nacional Constituyente o referéndum revocatorio, aunque esta última no implicaría decisiones legislativas porque se pondrían en práctica con la recolección de firmas para su convocatoria. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero en el impulso de cualquiera de estas formas convencionales, democráticas y constitucionales de sustituir a Nicolás Maduro, pasaremos el resto de su mandato presidencial. Recordemos que en todas necesitaremos la participación del Consejo Nacional Electoral, sin contar con el filtro que representa el Tribunal Supremo de Justicia, en caso de que a alguien se le ocurra intentar algún recurso en contra de esas pretensiones de la oposición.

Insisto: la AN hace lo que constitucionalmente le corresponde y lo está haciendo bien. Sin embargo, hay inquietud y desespero en el ciudadano que se muere en los hospitales por falta de medicamentos o sufre porque no tiene cómo comprar alimentos, bien porque el dinero no le alcanza, bien porque no los encuentra.

 

Hora de protestar

 

Probablemente algunos líderes de partidos políticos pegarán un salto con lo que les voy a decir, pero tengo que hacerlo: hay que retomar la calle para exigir la renuncia de Maduro.

Sé que muchos hacen cálculos sobre futuros escenarios electorales para conquistar o mantener parcelitas de poder mientras el grueso de la población pasa hambre y no ve mañana por la corrupción y la ineptitud.

Señores, no hablo de guarimbas o de acciones vandálicas, sino de protestas en las calles (como en otros países) con una clara exigencia: ¡Maduro, Renuncia Ya! También debemos estar claros en que con solo cambiarlo no lograremos nada si continuamos con este nefasto modelo.

El compromiso del próximo presidente debe ser magnánimo y acoplarse al programa de gobierno que se cree en su campaña electoral: desde constituir un gobierno de amplitud que involucre a ciertos sectores afectos al oficialismo dispuestos a cumplir la receta democrática y de superación hasta la posibilidad de que ese nuevo presidente convoque a un proceso constituyente.

 

Presión popular

El sector democrático tiene mayoría en la institución donde reside la verdadera soberanía popular, me refiero a la AN. No obstante, el régimen bajo el disfraz democrático busca controlarlo con un TSJ integrado por magistrados chimbos, nombrados para que se comporten como esbirros o verdugos, que fusilen las decisiones legislativas.

No me vengan con el cuento de que las marchas son peligrosas y por eso debemos evitarlas. Quizás sean peligrosas porque nos gobierna gente sin escrúpulos, que han armado a los colectivos y malandros para que se erijan como sus defensores a la hora de una confrontación. Pero a veces hay que asumir los riesgos cuando se trata de defender ideales libertarios.

Se acerca el momento de volver a las calles, y que se entienda bien: si los líderes, esos líderes, que hoy calculan ponerles las manos a los cascarones vacíos que constituyen las gobernaciones o las alcaldías, no se involucran, que lo sepan: el pueblo desesperado por el hambre, la miseria y la corrupción, saldrá de todas maneras. Créanlo, tengan la seguridad de que dentro de la institución militar sí existen hombres y mujeres dispuestos a evitar que la sangre llegue al río. No asaltarán el poder, sino que harán que se respete el clamor popular.