• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Maduro, el kamikaze

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A pesar de la oscuridad que se ha apoderado del país, no podemos perder las esperanzas de salir de esta locura. Cierto, no se vislumbran salidas electorales, aunque nos empeñemos en promoverlas. Creo que ese ha sido el gran problema de la clase política tradicional: tratar de hacer ver lo inalcanzable como posible, utilizando métodos que –estamos seguros– no darán resultado. Para encontrar la salida de cualquier lugar es menester conocer el espacio donde se está ubicado y tener sentido de la orientación, de lo contrario, estaremos caminando en círculos, dando vueltas, para luego llegar al mismo sitio desde donde partimos.

Aquí, desde hace rato, muchos voceros opositores o han perdido la brújula o no le han hablado claro a los ciudadanos, porque no le han señalado con franqueza el rumbo a seguir. Sus cálculos son distintos a lo que anhelan millones de venezolanos.

 

Régimen genocida.

Los planes de la dirigencia tradicional son muy diferentes a los de los ciudadanos que se sienten atrapados en una telaraña. Léase bien: ciudadanos en sentido amplio. No estoy diferenciándolos por preferencias ideológicas. El 6-D se determinó que la gente apuesta por los cambios. No obstante el bloqueo del régimen hacia las acciones de la Asamblea Nacional, la opinión de gente sigue siendo la misma: ¡quiere cambio! No solo de Maduro, sino del sistema. Está cansada del agobio inflacionario y de la escasez; se siente amenazada por la incertidumbre porque es consciente de que vamos por muy mal camino. Muchos vaticinan un apagón, otros anuncian la hambruna, el aumento de la desnutrición por falta de alimentos, muertes por padecimientos de enfermedades que pudieran ser controladas si en Venezuela las farmacias tuvieran los medicamentos requeridos. Es común escuchar el lamento. El sábado me encontré a un amigo que sufre de diabetes –insulinodependiente–, que con razón me decía que el régimen es genocida, porque su comportamiento así lo demuestra. Al no conseguirse la insulina y otros medicamentos, es lógico pensar que se está condenando al exterminio de muchas personas.

 

Desenlace del pranato.

Volviendo al tema de la brújula, el sentido común nos lleva a conocer cuál será el desenlace. Lo que es imposible predecir es el tiempo que duraremos bajo este yugo indecoroso. Todo dependerá de los indignados, porque ya hemos visto que muchos  disfraces le hacen el juego a la dictadura. Dibujando espejismos como salidas.

Quienes están en puesto de mando dentro del régimen no tienen valores democráticos ni principios dignos en el ejercicio del poder. Su comportamiento es exactamente igual que el de los “pranes”. Y por esa razón necesitan del poder para garantizar su seguridad, porque saben que los delincuentes hacen de la traición su regla y nunca  la excepción.

Aquí hay “pranes” civiles y militares. Durante el mandato del presidente difunto se respetaban entre sí. No se invadían sus zonas de operaciones. Hoy, en cambio, en ambos sectores hay malestar porque los que están fuera de las roscas y que se sienten con liderazgo quieren sustituir a los que son sus jefes. El desenlace será por problemas de botín.

Los gobiernos delincuentes no se preocupan ni mucho menos se ocupan con seriedad de la oposición democrática. Con ella suelen jugar al gato y al ratón. Deja que corra de un lado al otro y cuando le provoca le enseña y les lanza las garras.

Este régimen está más débil de lo que pretende hacerse ver. Su misma gente quiere salir de él. ¡Claro está, no para instaurar una democracia, sino para sustituir a Maduro por otro del mismo pelotón! Es un secreto a gritos que hay malestar en los cuarteles. Lo que lamento es que ese malestar, al parecer, no está liderado por militares honestos preocupados por la descomposición castrense o por la entrega de la soberanía nacional, sino por corruptos preocupados porque pueden perder el chivo y el mecate, y por eso preferirían salir del chivo para quedarse con el mecate. Aunque por lo pronto defenderán “como sea” la “estabilidad” del presidente hasta el 10 de enero para evitar un desenlace electoral en los próximos dos años y medio (tiempo suficiente para preparar y negociar la salida), me late que hay otro sector más silencioso y que es mayoritario, que les aguarán la fiesta.

Se oyen apuestas: cómo será el desenlace. Qué ocurrirá primero: el revocatorio, la enmienda, la convocatoria por iniciativa popular a una Constituyente, la revuelta militar, la renuncia, la insurrección de los indignados, o el kamikaze presidencial (esto es, Maduro al verse solo  convoque una Asamblea Nacional Constituyente y enfile la fuerza popular hacia el buque del proceso).