• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Indignados

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Indignarse es reaccionar contra lo que consideramos inaceptable. No hay una descripción más cercana a lo que puedo sentir en la actualidad que el sentimiento de la indignación.

Indignado por la destrucción y el empobrecimiento del país. Bárbaros que llegaron al poder bajo el engaño para asaltar las arcas del Estado. Todo se lo han robado impunemente y hoy tenemos un país en ruinas, sin hospitales, con las universidades agonizando, sin alimentos ni medicamentos, sin poder adquisitivo para cubrir nuestras necesidades básicas y llenos de incertidumbre sobre el mañana.

 

La miseria nos acecha.

Serán mendigos quienes dependan absolutamente del Estado. Cada día es mayor la desesperanza. El régimen decide qué, cuándo y cuánto vamos a comer. Nos asignan días de compras sometiéndonos a humillantes colas y ahora aumentan el racionamiento de la electricidad. Lo que se oye en todas partes es el desespero de la gente por la agobiante situación. El venezolano de hoy vive indignado. Cierto que en la IV república hubo corrupción –y mucha– pero el ciudadano vivía con dignidad. Los gobiernos de esos cuarenta años, con muchísimo menos recursos, construían y proyectaban obras; de hecho, gracias a los gobernantes y técnicos de la IV, hoy “disfrutamos” la infraestructura que tenemos y que estos salvajes se han empeñado en destruir. La plaga roja lo que ha hecho es robar y lo único que han fomentado es el odio y el resentimiento. Si antes la justicia estaba cuestionada, hoy esa palabra solo existe en las aulas de clase y en la fe de los que piensan en el cambio, porque los encargados de administrarla están a merced del diablo “revolucionario”.

El claro propósito del régimen es la dominación total. Las reglas las fijan desde Cuba, las recibe Miraflores y les da forma el Tribunal Supremo de Justicia, que cuenta con esbirros dentro de la Fuerza Armada para hacerlas cumplir.

 

Asamblea Nacional, un jarrón chino.

Aquí en Venezuela es mentira que las leyes las sanciona la Asamblea Nacional, nada de eso. A la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia le mutiló sus competencias; y por desgracia, para no partirse, se han dejado humillar. Han pasado más de tres meses arrodillados para no enfrentarse al tirano. Ese espacio donde se reúnen los representantes del soberano para deliberar y aprobar por mayoría las leyes fue convertido en un “jarrón chino”; sus atribuciones solo existen en la Constitución. Estoy indignado también por esa actitud timorata o calculadora de quienes el 6-D obtuvieron la gracia de los ciudadanos. Debemos recordar que en diciembre votamos por un cambio, no votamos específicamente por algún partido político determinado, mucho menos por nombres de individualidades, quienes ahora pretenden erigirse como la genuina representación del sentimiento popular. ¡El pueblo no los quiere doblados, los quiere dando la batalla! El sentimiento de la gente no está puesto en una gobernación o en una alcaldía, que al parecer algunos diputados y/o representantes de sus partidos políticos sí lo tienen. Por eso también estoy indignado.

 

Club opositor.

Desde un principio advertimos que el tiempo perjudicaría más a la nueva Asamblea Nacional que al régimen, pues este se había blindado con el TSJ. La AN se dejó someter por temor a ser desconocida por el régimen desde el comienzo. Henry Ramos y los nuevos diputados temieron perder la oportunidad de hacerse sentir y darse a conocer. Henry saltó al estrellato. Es más, hoy es la primera referencia opositora, pero hasta allí, porque no planteó el quiebre cuando debía hacerlo, y eso fue cuando aceptó la primera sentencia antidemocrática del TSJ al “derrocar” a los diputados de Amazonas. ¿Por qué la AN no ha destituido a los magistrados que no reúnen los requisitos? La respuesta es sencilla: ellos quieren seguir teniendo su club opositor.

Hoy cobra mayor fuerza aquello que advertimos a mediados del año pasado, que la Asamblea Nacional que se debía elegir más que centrar la mirada en su rol legislador tenía que hacerlo para guiar a los ciudadanos hacia un cambio verdadero, esto es enfrentando al régimen con estrategia de lucha. Teníamos que elegir a nuestros líderes, lo hicimos, los llevamos a la AN pero hoy su comportamiento nos ha indignado. Por Dios: diputados encadenados en las escaleras del CNE. Vaya disparate.

Este fin de semana leía algo muy acertado en cuanto al único logro de la nueva Asamblea Nacional: haber sacado los retratos de Chávez del palacio legislativo.

Amigos, todo lo que apruebe la AN que afecte las intenciones del régimen será declarado inconstitucional por el TSJ con cínicos e infames argumentos, así que la pelea es de otra manera; todavía nuestros diputados están a tiempo de retomar la lucha democrática y constitucional, aunque desde ya les aseguro que no será legislativa ni tampoco electoral.

Las elecciones vendrán luego de producirse la tormenta que le abrirá las puertas a la transición.