• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Indiferencia

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Los ideales no deben ser como una masa de plastilina que fácilmente puedes transformarlos de acuerdo con tus conveniencias. Con dolor decimos que nos produce repugnancia los que aparentando ser opositores acoplan sus discursos y actuaciones a los intereses abiertamente oficialistas.

Otro asunto que incomoda es la indiferencia de muchos. Algunos sostienen que esa indiferencia es producto de la falta de credibilidad que tiene la dirigencia política. Otros se la atribuyen al miedo. En ambos casos no se justifica. Los ciudadanos no podemos ser indiferentes ante nada, y mucho menos si nuestra acción u omisión afecta, para bien o para mal, a la comunidad donde vivimos.

Hago mías las palabras del poeta español Luis García Montero, cuando se refiere a la indiferencia: “La indiferencia nos convierte en cómplices de la injusticia y del poder”. En otras palabras: la indiferencia es cómplice de la maldad. Esto es lo que está pasando en Venezuela: la indiferencia ha hecho posible que esta grave crisis social, política y económica, no solamente  haya perdurado por tanto tiempo, sino que cada día se multiplique.

 

Opositores de la oposición

Hay sectores de la política tradicional –esa que cree que desde un botiquín convencerá a la gente– a los que les causan piquiña estas cosas que escribimos. Me refiero a muchos que dicen ser opositores, pero lamentablemente han devenido en benefactores de lo que desde hace muchos años nos hemos empeñado en combatir. En efecto, son más severos al momento de enfrentarse a quienes aun siendo opositores expresan ideas distintas a las de ellos, que cuando critican al oficialismo.

Sabemos que en el país hay una onda de unificar a la oposición. Eso sería lo ideal para encarar a la mafia que nos gobierna. Pero también hay que decir que esa mafia no se hubiese convertido en un monstruo si no hubiera encontrado aliados del lado “opositor”. No tenemos duda de que agentes del régimen se entienden muy bien con ciertas cabezas visibles “opositoras”, hasta el punto de que algunos gobernantes regionales llegan a comprar medios de comunicación para apuntalar esos “liderazgos opositores” que –ellos saben– les sería mucho más fáciles de derrotar en eventuales procesos electorales. Solo basta con observar el giro grotesco que tomó la línea editorial de Notitarde desde que pasó a manos del régimen para corroborar lo que escribo.

 

Depurar la oposición

Como creo fervientemente que la oposición debe unificarse para tener suficiente músculo capaz de derrotar a un sistema tiránico, pienso que no hay mejor manera para hacerlo que mediante un método democrático. En tal sentido y a propósito de esos anuncios sobre el llamado a las inciertas elecciones parlamentarias, debería hacerse previamente una convocatoria pública a elecciones primarias del sector opositor, para escoger a los que serían sus legítimos líderes; y desde luego, también serían, si así lo decidieran, sus eventuales candidatos.

Por lo pronto, el régimen siente más temor del acecho de sus camaradas que de las acciones de la oposición democrática. Es más, ese golpe del que tanto habla Nicolás Maduro nada tendría que ver con Estados Unidos. Existen sobradas razones para sospechar que en caso de que en realidad se esté planificando una aventura golpista, sería confección roja rojita, porque de golpes y asonadas, ellos saben bastante.   

 

Alarmante persecución

La tarde del pasado  viernes, en el consultorio del doctor Carlos Rosales, presidente de la Asociación de Clínicas de Venezuela, se presentó una comisión del Sebin para llevárselo a declarar en las instalaciones de esa policía política. Desde el punto de vista jurídico, no podemos justificar ese proceder policial, pues lo normal en esos casos es entregarle una boleta de citación, y no el traslado bajo custodia para que rinda inmediatamente sus declaraciones. Pero, bueno, pasado el mal rato de verse involucrado en esos asuntos, es necesario que todos sepan que al doctor Rosales se le citó porque en una entrevista televisiva alertó sobre la grave situación hospitalaria del país, lo cual, de acuerdo con el alto gobierno, son afirmaciones que generan alarma en la población. 

Desde esta trinchera decimos: lo alarmante es la crisis de la salud y no que se denuncie.