• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Hora de pactos, para salir de esto

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Nuestros diputados a la Asamblea Nacional están haciendo lo que les corresponde. El resto de los ciudadanos debemos colaborar en su misión. No esperemos que los cambios se produzcan si nos limitamos a ver por televisión los debates. Nada de eso. Transformaremos a nuestro país en la medida que nos involucremos remando en el mismo sentido. Desde luego, las directrices deben indicarlas quienes hoy fungen como nuestros voceros en el Parlamento. 

Llegamos a la hora de la verdadera política. No se puede vacilar en caprichos de individualidades. No olvidemos que hemos vivido muchísimos años de sospechas, de no confiar en los opositores. De esperar al primero que asome la cabeza para molerlo a pedradas. Cierto, hemos tenido desilusiones y decepciones por saltos de talanqueras y extrañas jugarretas. Hoy, necesariamente tenemos que apostar por nuestros instintos que nos indican que desde la Asamblea Nacional se está haciendo lo correcto. 

Si bien es cierto que cada ciudadano debe involucrarse en los asuntos políticos, no es menos cierto que solo algunos pueden definir las estrategias. De lo contrario jamás nos pondríamos de acuerdo. Traduciéndose esa falta de coordinación en desespero y desesperanza. No tengo ninguna duda de que estamos en muy buenas manos. La confianza tiene que existir para que nuestros interlocutores dialoguen sin complejos y sin temor de ser objeto de malsanos señalamientos. Para que negocien como debe ser. Para que tiendan los puentes. Es la hora de la política, de los acuerdos y entendimientos. Convencidos tenemos que estar que no nos estamos refiriendo a pactos de convivencias, sino de acuerdos para la transición. Tan dañino sería para Maduro y su gobierno la ausencia de diálogo como para nosotros. Repito, no es dialogar para oxigenar al régimen, sino para encontrar su salida. Maduro sabe que el régimen agoniza, pero nadie nos garantiza que esa larga agonía también no acabe con nosotros. 

Estos malhechores no entregarán con facilidad. Los negociadores tenían que tener temple e inteligencia para entenderse. De vez en cuando se necesita hablar el mismo idioma para que los bandos rivales se entiendan y se respeten.

 

Estado calamitoso

Sentimos el vapor en la espalda. El fuego se nos aproxima. El estallido social puede ocurrir en cualquier momento. No especulo, créanme que lo siento: eso va a ocurrir. No hay alimentos ni ganamos lo suficiente para comprarlos cuando medio aparecen. Sin detenernos a especificar otras calamidades. No alcanza el dinero para comprar lo indispensable para vivir, la mayoría de los insumos que día a día consumimos se nos hace imposible adquirirlos. Medicina, ropa, transporte, seguridad, hacer reparaciones elementales en cualquier hogar, plomería, electricidad, goteras, pintura o el pago de servicios públicos básicos no los podemos cubrir. Eso es trágico. 

Nuestro país necesita ser intervenido quirúrgicamente para extirparle ese tumor que desgraciadamente le ha hecho metástasis. La enfermedad se ha agudizado por el veneno del populismo y la corrupción. Y a eso debemos sumarle que manos inescrupulosas, incultas, sin principios ni valores, han sido las encargadas de suministrar esas mortíferas porciones.

Claro que Venezuela tiene salvación, pero hay que aplicarle el método adecuado. Confío en la experticia de Henry Ramos, que nos dijo el día de la instalación de la Asamblea Nacional que en seis meses encontraremos el mecanismo para salir de este berenjenal.

 

Salida negociada 

No esperemos encontrar ninguna salida sin haber construido los puentes requeridos para la transición. Tenemos que estar claros en que desde la Asamblea Nacional se pueden dictar los instrumentos jurídicos para ponerle fin a esta tragedia del “madurismo”, pero eso sería una falsa ilusión, porque nunca pasaría ileso por el “pelotón de ejecución” (HRA dixit) que es el Tribunal Supremo de Justicia. Necesitamos negociar la salida.