• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

Hora de extirpar el tumor

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Cómo no recordar y tener presente en estos tiempos de angustias, violencia, escasez e incertidumbre el pensamiento de aquella niña que leíamos en nuestra adolescencia, y que provoca gritar a los cuatro vientos: “Paren el mundo que me quiero bajar”. Eso decía la Mafalda de Quino. Por no habernos bajado de aquel mundo, hoy nos hacemos la misma pregunta: “¿Por dónde hay que empujar a este país para llevarlo adelante?”.

No hemos encontrado la solución, a pesar de presumir que somos mayoría. ¿Quiénes somos mayoría, los que queremos salir de Maduro o los que queremos cambiar el sistema? Presiento que seguimos confundidos. Sacaremos a Maduro, pero sin saber lo que tendremos el día después. El cortoplacismo no nos sacará del atolladero.

 

Un punto de pus.

El sistema está podrido. Nicolás Maduro representa el punto de pus que se asoma de los tumores infestados. Él saldrá, que nadie lo dude, pero si no se hace la extirpación y aplicación del antibiótico adecuado, la lesión volverá a supurar.

Llevamos años de lucha contra esta enfermedad llamada revolución, inspirada en una doctrina que nadie entiende del socialismo del siglo XXI. De lo que sí estamos seguros es que su filosofía está basada en el engaño, la manipulación y la destrucción de un pueblo, para mantener a una cáfila de ladrones en el poder.

Estamos en una de las peores etapas de esa enfermedad. Ya no es cuestión de salir de Maduro, sino de sobrevivir. Cuando los ciudadanos nos reducimos solo a satisfacer –y a medias– nuestras necesidades básicas, es señal de miseria. Así estamos: sobreviviendo. La vida no la vivimos, sino que la gastamos buscando lo esencial, lo cual cada día se nos hace mucho más difícil. El malestar es general. Lo notamos en todos los sectores, tanto en las grandes cadenas de supermercados como en las bodegas o abastos populares. En la universidad se habla constantemente del tema, y todos coincidimos en que la situación es inaguantable. Un docente, con su quincena, alcanza a comprar alimentos si acaso para tres días.

 

Antídoto electoral.

Lo deseamos, pero no creemos que la solución a esta crisis será electoral.

Cuando el pueblo no está lo suficientemente educado, en las primeras de cambio, las elecciones no son alternativas confiables para ir hacia la prosperidad; lo hemos visto en el mundo entero con encantadores de serpientes que llegan al poder y luego resultan ser un fiasco. Esto, observándolo aisladamente, no sería tan preocupante si existiera la alternancia y poderes autónomos e independientes capaces de garantizar la posibilidad de sustituir a los malos gobernantes, donde, además, se tenga una Fuerza Armada cuyo alto mando sea verdaderamente profesional y sin militancia política. Cuestión con la que desgraciadamente no contamos en el país. Todo se complica aún más, desde el mismo momento en que se comienza a esclavizar a los ciudadanos, esto es, obligándolos a alimentarse de acuerdo con el capricho o con las limosnas gubernamentales

Entiendo que el referéndum es el tema que ocupa la atención de la clase política y también de un grueso número de venezolanos. Pero no hay que olvidar que existen millones que no están pendientes de lo electoral, sino de lo primordial (para ellos) que no es otra cosa que hacer colas y de andar de abasto en abasto, de farmacia en farmacia, o de hospital en hospital, tratando de sobrevivir; y lo peor del caso es que no sienten ninguna esperanza de lo que tienen, ni tampoco de lo que vendrá. Eso es gravísimo, porque han entrado en la etapa terminal que es la resignación.

Es una verdad del tamaño de una catedral: que los votos para revocar al presidente existen. Pero también sabemos lo que hacen los malhechores para evitar que se realice.

Les pido no colocarme el remoquete de pesimista, porque a pesar de este oscuro panorama no tengo la más mínima duda de que de esto vamos a salir. Eso sí, me late que no será por vías convencionales. Sé a lo que me expongo por decir esto. Tirios y troyanos vaciarán sus críticas. Las recibiré con la misma tolerancia y el mismo espíritu democrático que hemos predicado y practicado.

 

¿Cuál es la solución?

En circunstancias extremas hay que aplicar medidas extremas. En algunos casos, cuando la infección no cede con medicamentos vía oral o intravenosos hay que recurrir a la intervención quirúrgica.  En Venezuela tenemos un nutrido y multidisciplinario equipo de especialistas (civiles y militares) que pudieran practicar la operación.

Si sabemos que estamos muy mal, debemos preguntarnos: ¿qué estamos esperando para reaccionar? De lo que se trata es de asumir posturas a la altura de las necesidades. Los brotes de violencia que se han venido presentando en los últimos días son peligrosísimos, porque constituyen un caldo de cultivo para la aparición de gorilas disfrazados de salvadores del fulano “legado” de Chávez.  

Sigo insistiendo: los puentes son necesarios. Muy probablemente hay miles que piensan lo mismo pero quizá no están articulados.

Sé que hay rechazo y bastante rechazo hacia el sector militar. De hecho, sería detestable que pensando en la salvación se llegare a instaurar una (otra) dictadura militar. Por eso la necesidad de puentes entre civiles y uniformados para evitar que eso ocurra. Hay que repetirlo hasta el cansancio: no es un golpe de Estado lo que se invoca, sino por el contrario, es el restablecimiento del hilo constitucional roto por el actual régimen. Es decir, abrirle las puertas a la democracia.

Una vez comenzado a transitar por el sendero democrático, habrá que destinar la mayor cantidad posible del presupuesto de la nación en la educación, y de ese modo evitar que el pueblo pueda ser engañado fácilmente por algunos truhanes de la política. Habrá también que legislar en materia de partidos políticos, que son las instituciones indispensables para canalizar la participación ciudadana en los asuntos de la política.