• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Excepción de la excepción

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Una cosa vemos quienes padecemos esta tragedia y otra muy distinta quienes observan desde el exterior y les parece asombroso que Nicolás Maduro se haya atrevido a cerrar la frontera.

El decreto de estado de excepción no resiste ningún debate jurídico. Lo ocurrido en la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional la semana pasada desde el Táchira fue todo un circo lleno de disparates y de lugares comunes. Es injustificable desde todo punto de vista decretar un estado de excepción para combatir algo que es bastante común en países con fronteras tan extensas como la que tenemos con Colombia. Un gobierno decoroso lo combate equipando y adecentando los cuerpos de seguridad apostados en esas zonas fronterizas.

 

Contrabando: negocio de mafias

Para nadie es un secreto que las grandes mafias existen en las fronteras, porque las mismas tienen mecenas en la Fuerza Armada Nacional. Lo tenían antes de Chávez, y ahora también. Eso no es nada nuevo. Claro, el contrabando de antes a esta locura –dizque revolucionaria– fluía desde Colombia hacia Venezuela, porque el bolívar era verdaderamente fuerte y robusto. No solo desde Colombia se contrabandeaba sino de otros países. Historia de comerciantes que hicieron grandes fortunas con el contrabando, tenemos de sobras. Ahora emergieron contrabandistas en otros rubros y hacia diferentes destinos. Gasolina y gasoil son productos que se llevan, porque hay otros que se dedican a traer otro tipo de mercancía, por ejemplo, comida podrida y cereales, con sobreprecio: negocio redondo y en dólares, ejecutados en una cómoda oficina de maletín.

Así que “vayan a lavarse el paltó” con ese cuentico bufo de que la intención es combatir el contrabando. Porque si en realidad quieren hacerlo, deberían comenzar cambiando el errático modelo económico, que ha destruido toda la nación; eso para no recomendar examinar las cuentas bancarias y el estilo de vida que mantienen algunos militares que en los últimos tiempos han estado en puestos fronterizos. Basta con ver a muchos capitanes y hasta sargentos que seguramente tienen –por decir lo menos– un vehículo que muy pocos venezolanos pudieran comprar con su trabajo lícito. Que conste, no estoy señalando carros chinos, cuyo monopolio, por cierto, también lo tienen ellos, aunque esos vehículos los dejan para “bachaquear” y venderlos a precios exorbitantes.

 

Al pobre le aplican más “excepción”

Acá, desde hace rato, lo que vivimos es un permanente estado de excepción no decretado formalmente. Ello si tomamos en cuenta que el estado de excepción conlleva la restricción de las garantías constitucionales. No me digan que las fulanas OLP, que se despliegan por todo el país, no demuestran palmariamente que las garantías en verdad ya están restringidas: las fuerzas policiales penetran la morada de humildes personas, los detienen y arrestan sin orden judicial. Y de cada operativo, como si fuera eso natural, salen varios ajusticiados. Así que, en verdad, lo que necesitamos es que se decrete un estado de excepción de lo que estamos viviendo. Una excepción de la excepción, algo así.

 

@pabloaure