• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Epidemia

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De acuerdo con la Wikipedia, la epidemia “es una descripción en la salud comunitaria que ocurre cuando una enfermedad afecta a un número de individuos superior al esperado en una población, durante un tiempo determinado”.

Para evitar el sensacionalismo que conlleva esta palabra, en ocasiones se utiliza el sinónimo de brote epidémico o brote. Siendo este el concepto de epidemia, nos deberíamos preguntar entonces en qué condición se encuentra nuestro país: ¿estaremos en presencia de una epidemia de dengue y de chicungunya, o no? La doctora Luisa Ortega Díaz, fiscal general de la república, en su programa Justicia y Valores del pasado viernes, calificó como “un atentado contra la paz y la tranquilidad que merecen los venezolanos” las afirmaciones que en los últimos días habrían realizado representantes del Colegio de Médicos de Aragua y algunos dirigentes opositores sobre la existencia de un brote epidémico. Dijo la fiscal: “En ninguno de los casos estamos frente a una situación que pudiéramos decir que es un brote de epidemia”, y además especificó que la Fiscalía procesaría penalmente a los denunciantes.

Todo este asunto nos tiene que llamar la atención. Porque si bien es irresponsable quien causa alarma con informaciones falsas, más lo es quien teniendo el deber de informar veraz y oportunamente oculta la existencia de una situación de enfermedad colectiva. No hay nada más dañino que el misterio en ese ámbito porque hace que la gente especule a falta de una información oficial. En el caso de las muertes ocurridas en el Hospital Central de Maracay, todavía el Ministerio de Sanidad no ha emitido un boletín oficial que nos diga, luego de un informe forense, cuáles fueron las causas de las defunciones. En lugar de aclarar el panorama sanitario, el régimen lo torna más confuso, ya que arremete contra quien nos alertó; aquí lo que está dado es procurarnos una respuesta médica y no política.

Leíamos a los profesores José María Lugo Peña y José Corado, ambos médicos de reconocida trayectoria (el primero, experto en salud pública, y el segundo, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Carabobo, con doctorado en Inmunología en el Instituto Pasteur de Francia) quienes abordaron con meridiana claridad el tema en cuestión. Ambos coinciden en que estamos frente a una epidemia. Refiere el doctor Lugo Peña que la Organización Mundial de la Salud habla de epidemia cuando el índice aédico de una región alcanza 1%. En Venezuela, ese margen ronda 89% de proliferación de vectores transmisores del dengue y del chicungunya. Quiere esto decir que no puede haber dudas de que sí hay una epidemia, y por ello, atendiendo a las recomendaciones del decano Corado, el “gobierno nacional debe declarar emergencia por brote de chicungunya”. Tanto el decano José Corado como el doctor Lugo Peña, para afirmar la existencia de la epidemia, tomaron como referencia las cifras oficiales del Ministerio para la Salud en relación con el último boletín epidemiológico, que indica los resultados de la primera semana de septiembre; de allí dedujeron que existe un aumento de aproximadamente 12.000 casos de dengue en relación con el año pasado, indicándose además que en lo que va de 2014 se han atendido 4 veces más casos de fiebre en relación con 2013. Ninguno de los 2 expertos quiso abordar lo acontecido en el Hospital Central de Maracay hasta tanto no haya confirmación por parte del Instituto Nacional de Higiene.

 

Todos tenemos miedo

Imposible pedir no tener miedo si sabemos que nos enfrentamos a un régimen capaz de todo, que no respeta los más elementales derechos humanos.

Declarar o informar sobre un tema que pueda resultarle incómodo a los que detentan el poder te puede llevar a la cárcel. Es más peligroso para quien lo hace, declarar y protestar, que cometer cualquier delito. Para nadie es un secreto que el régimen tiene a su merced el aparataje judicial y con espantosa facilidad te fabrican un expediente y te someten al escarnio público en cadena nacional. Lo hemos visto muchas veces. En lo particular lo he sufrido en carne propia.

Pero si el pueblo tiene miedo, también los capitostes lo padecen. Claro que Nicolás Maduro y otros gobernantes sufren de terror al ver que poco a poco se descubren sus mentiras. Están atemorizados de perder el poder y por eso utilizan métodos antidemocráticos para atacar a quienes osan criticarlos. Pero no solo responden con los tribunales, sino que previamente inventan historias fantasmagóricas para preparar el terreno y hacer ver como criminal a un simple ciudadano que ha expresado su descontento. Lo último que se les ha ocurrido fue decir que están enfrentando una “guerra bacteriológica”, ¡bárbaros!  

 

NTN 24 ¿fallas técnicas?

La semana pasada la Cancillería colombiana emitió un comunicado en el cual hace del conocimiento público que espera que los problemas de señal que ha tenido el portal web del canal NTN 24 (www.ntn24.com) en algunas regiones de Venezuela obedezcan en verdad a fallas técnicas, y no, como lo han presentado las directivas del medio de comunicación, a una censura mediante un bloqueo tecnológico. Vaya presunción de ingenuidad del gobierno colombiano decir que puede ser por fallas técnicas. Parecen no recordar que el 13 de febrero de este mismo año Nicolás Maduro, en cadena nacional, dijo que fue una decisión de Estado sacar el canal de noticias internacionales NTN 24 de la oferta de programación de las cableras Directv y Movistar. “Yo voy a defender el derecho a la tranquilidad de Venezuela, y nadie va a venir desde el exterior a tratar de perturbar el clima psicológico de Venezuela”, sentenció el mandatario nacional.

El gobierno nacional no acepta el pluralismo informativo porque siente que lo debilita. Todo aquel gobernante que le teme a los medios de comunicación es porque también le teme a la confrontación de las ideas; y siendo esto así, es lógico afirmar que en Venezuela no hay democracia, porque no hay libertad de expresión en ninguna de sus modalidades.

 

¿Simonovis precursor del diálogo?

Hoy estamos contentos porque el excomisario pasará su convalecencia rodeado de sus seres queridos. Estará en su casa, aunque temporalmente estará con su familia hasta alcanzar su completa sanación.

El haber concedido esa medida a Iván Simonovis ha desatado los demonios en el ala radical del oficialismo, quienes pretendían y aún pretenden ver morir al excomisario en los fríos calabozos de Ramo Verde.

Como ya hemos dicho, Nicolás Maduro también tiene miedo. No a ser perseguido por los tribunales, sino a que siga desvaneciéndose su popularidad hasta llegar a un índice que resulte prácticamente imposible gobernar. Está desesperado por volver a sentarse con los opositores en la misma mesa de diálogo que meses atrás lo oxigenó. Creo que detrás de la “medida humanitaria” está también ese propósito.

Esperemos los próximos días y veamos con qué nos salen, porque no tengo dudas de que hay sectores de la oposición que se entienden tras bastidores con el régimen.

Por lo pronto: bien por Simonovis y su familia. Vaya para ellos un apretado abrazo de solidaridad.

@pabloaure

pabloaure@gmail.com