• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Diputados, no pasantes

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Uno de los grandes errores que quizá los venezolanos hemos cometido, es votar a ciegas. En eso probablemente muchos hemos tenido nuestra cuota de responsabilidad. El revanchismo, el sentimentalismo, o el parentesco, no pocas veces son factores determinantes a la hora de votar. Estamos cansados de decir que votamos pero no elegimos. Y eso es una realidad del tamaño de una catedral. El populismo y la irresponsabilidad de muchos candidatos, y hasta la terquedad de los electores, se han apoderado de la institución del voto.

El voto, tal y como está concebido en la actualidad, es un instrumento que te puede llevar o mantener en la esclavitud. Solemos hacerlo por impulsos irracionales, pues casi nunca apelamos a la razón.

Hago esta introducción para alertar al sector opositor en el sentido de que podemos comenzar a educar nuestra manera de votar. Se nos presenta una magnífica oportunidad con las elecciones primarias que se celebrarán el 17 de mayo. Recordemos estas elecciones primarias son para escoger los candidatos que irán como diputados a la Asamblea Nacional. Es decir, a las personas que desearíamos nos representasen en el Poder Legislativo para que elaboren y discutan las leyes, para que controlen la administración pública y, en fin, para que cumplan las funciones que la Constitución les atribuye. A la Asamblea Nacional no se puede ir a improvisar, y menos en esta Venezuela tan convulsionada y destruida por un régimen que no cree en la democracia y que, mucho menos, la practica.

He propuesto a los candidatos del circuito 3 realizar debates públicos todos en conjunto, para que los vecinos conozcan de viva voz nuestras propuestas, y puedan apreciar el perfil de cada aspirante. Si los demás aspirantes aceptan la propuesta estaríamos dándole garantía a la gente de que no solamente votarán, sino que también elegirían a los que puedan considerar la mejor opción.

Mala experiencia

Pues bien, si queremos procurar corregir los errores del pasado comencemos reconociéndolos. Por ejemplo, en las elecciones de 2010, acá en Valencia elegimos a Miguel Cocchiola, a sabiendas de que no resultaría un buen legislador, y que su aspiración era conquistar la alcaldía de la ciudad. Que se entienda bien, no pretendo descalificar a la persona del alcalde de Valencia, sino decir que no estaba preparado para ser diputado y, sin embargo, lo elegimos parlamentario. Ya vimos lo que ocurrió después: al poco tiempo se separó del cargo.

Ya basta de que el cargo de diputado sea utilizado como una especie de pasantía del aspirante que lo abandona antes de terminar el período saltando a otro, donde el funcionario pudiera tener un mejor desempeño.

No han sido pocos los casos en que la Asamblea Nacional ha sido utilizada como trampolín. En efecto, casi la mitad de los diputados que eligió la oposición en 2010 abandonó sus puestos. Para ser más exacto, a solo 11 meses de su elección, 49% de los diputados estaban dispuestos a dejar sus curules. Eso lo señala las reseñas periodísticas: la vocación de 32 de los 65 diputados no era legislar, sino otra. Es más, hubo casos en que tanto principales como suplentes querían saltar a la rama ejecutiva regional y municipal.

Vocación parlamentaria

No tengo la más mínima duda de que el régimen rojo rojito irrespeta las instituciones, pero tenemos que reconocer que de este lado también observamos cierto irrespeto. Ya lo dijimos: no le damos la importancia que se merece al Poder Legislativo. Pero es que algunos candidatos, tampoco respetan a los electores cuando presentan su nombre para ocupar un cargo sin tener la experticia para desempeñarlo.

Señores, desde la Asamblea Nacional podemos iniciar grandes cambios, pero para ello hay que entender en qué consiste la misión de un diputado. El diputado es el representante del pueblo ante esa rama legislativa, es la voz de los ciudadanos, es quien hablará por nosotros. Debemos elegir a ese hombre o a esa mujer que no doblará las rodillas cuando los insolentes de la tolda roja quieran imponerse a rajatablas, que con coraje exijan la rendición de cuentas al Presidente de la República. Que propongan la interpelación de ministros y demás altos funcionarios del Estado. Amigos, para que esos diputados puedan cumplir estas funciones, ese hombre o mujer debe tener vocación parlamentaria y más amor por el país que por sus intereses individuales.


@pabloaure