• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Detención de Ledezma

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Mientras el gobierno tiene muy bien definida y planificada la estrategia que debe seguir para mantenerse en el poder, en el sector democrático, a pesar de ser mayoría,  lamentablemente por actuar de manera improvisada, nos vemos debilitados. 

Lo hemos dicho muchas veces: antes Chávez y ahora Maduro no han dado puntadas sin dedal. Este sistema de gobierno que, fuera de toda duda, no es democrático, se caracteriza por emplear métodos contrarios a toda lógica. Por tal razón siempre sorprende. 

Muchos dirán que la detención del alcalde Ledezma fue un acto de desesperación. Otros apelarán al lugar común del pote de humo, o del trapo rojo. Yo no lo veo así. Recuerden y ténganlo clarito: el régimen con las detenciones selectivas de líderes capaces de organizar a la gente, apuesta a la desmovilización. Y lo ha logrado. Fíjense que nunca hay detenciones en masa, sino que anula a tres o cuatro dirigentes, y con eso es suficiente para sembrar el terror. Los que pueden movilizar se resguardan porque están en la mira, y a todas estas, la población se llena de incertidumbre. 

Ledezma, demócrata a carta cabal

Tal como ha ocurrido a lo largo de este oscuro proceso rojo rojito, todos los expedientes que han incriminado a líderes opositores en asuntos delictivos han sido elaborados con argumentos falaces, inclusive inverosímiles, precisamente para que sea más evidente la mentira y con ello continuar desmoralizando a la población. Por ejemplo, lo del supuesto golpe de Estado “abortado” que se iba a perpetrar con un avión Tucano. Les digo que no es risible, sino malvado. O “haber descubierto el plan golpista” porque los supuestos sediciosos Antonio Ledezma, María Corina Machado y Leopoldo López habrían dado la señal para la activación del derrocamiento del régimen a través de un comunicado publicado en El Nacional, tampoco es absurdo, es perverso. A quien no haya leído ese comunicado lo invito a que lo haga, pues en ninguna parte se mencionan atajos antidemocráticos. Allí se plantea lo que en realidad hace falta en la nación. Cualquier demócrata lo suscribiría. O es que acaso alguien puede estar en desacuerdo con construir una agenda política-institucional dirigida a restituir las libertades conculcadas, la soberanía, la paz social y el Estado de Derecho;  otra para atender la emergencia social y asegurar la atención eficaz a los sectores más vulnerables; y también aborda el tema económico enfocado en estabilizar la economía, recuperar el ingreso familiar y generar confianza en el país. Eso se propone en el comunicado ¿Cuál es la conspiración? 

¿Quién conspira?

Imputar a Antonio Ledezma de conspirador es un acto criminal, porque el pueblo lo conoce como un luchador que jamás conspiraría contra la forma republicana del Estado. Quienes sí han conspirado contra la independencia de Venezuela son los que hoy ocupan el alto poder. Si de conspiración queremos hablar, pues entonces los primeros señalados serían los que le entregaron nuestra soberanía a Cuba. El delito de conspiración está tipificado en el artículo 132 del Código Penal: “Cualquiera que, dentro o fuera del territorio nacional, conspire para destruir la forma política republicana que se ha dado la nación será castigado con presidio de ocho a dieciséis años”. Repito: ¿quiénes son los conspiradores? 


Unidad sincera

Ojalá entendamos que Venezuela reclama sinceridad en los liderazgos opositores. Es un clamor popular. La gente de la base está unida mientras que los líderes no lo están. Es imperioso anteponer los intereses colectivos a los particulares. Me consta que por muchas diferencias que podamos tener con algunos integrantes de la MUD, ellos también desean vivir en un país mejor, tan igual al que desea la mayoría: de justicia, de libertad, democrático, de oportunidades, con seguridad y de progreso. Hemos perdido mucho tiempo en analizar las sospechas que podemos tener los unos de los otros ¡Ya basta! En la oposición todos los estilos deben complementarse: los radicales y los menos vehementes. No solamente deben complementarse, es que son necesarios para lograr los cambios.