• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

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Pablo Aure

Descomposición

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La semana pasada transcurrió sin nada distinto a lo que ocurre todos los días en esta apuñalada y mutilada Venezuela. Solo los nombres y la notoriedad de las víctimas variaron. Circunstancias que rodearon los crímenes se repitieron: fue el horror la característica principal.

Es común en las noticias el hallazgo de cuerpos descuartizados, práctica propia de bandas narcotraficantes y también de las cárceles venezolanas, lo que llaman “ajustarle cuentas” a los reclusos que se “coman la luz” (a quienes literalmente pican en pedacitos, los meten en un envase y colocan la cabeza sobre los restos del cadáver). ¡Macabra escena!

Esas demostraciones monstruosas no son herencia del “puntofijismo” o de la cuarta república. Que va. Eso es confección indiscutible de esta locura de “socialismo del siglo XXI o quinta república”. De nadie más. Tenemos fresca en la mente toda la trama del caso Anderson, del que nunca se dieron resultados.

El actual gobierno ha dado suficientes evidencias del poco respeto a la vida y hacia todos los elementales derechos humanos. Pudiéramos afirmar que soportamos un régimen inhumano.

Cruel y violento.

Este gobierno es violento, con todo lo que conlleva el sentido de la palabra. Violento y cruel.

Acusan sin pruebas, someten al escarnio público a cualquiera. Hablan de conspiración y de terrorismo de la manera más cínica. Saben que los terroristas y los conspiradores son ellos mismos. Siembran el terror para silenciar la disidencia y conspiran contra la verdad y la justicia. No se les agua el ojo para señalar a inocentes de sus atrocidades. Juicios amañados y condenas aberrantes colman los tribunales venezolanos.

Aquí en el país la idea que se ha impuesto en los procesos judiciales no es la de buscar la verdad, sino de asegurarse de castigar a quien ellos señalen. El crimen de Danilo Anderson sirvió al oficialismo para distraer la atención y hacer parecer a los sectores de la oposición como posibles autores de ese vil asesinato. Trajeron un “testigo estrella” que supuestamente había presenciado toda la planificación de la muerte del fiscal. Pero al final de la historia resultó siendo un chiflado utilizado por el régimen para imputar a adversarios políticos.

Asesinato con diabólica pasión.

Les decía que la semana pasada transcurrió de la misma manera como han ocurrido las cosas en los últimos tiempos. Muertes y crímenes horrendos por todos lados. El asesinato de un joven diputado a la Asamblea Nacional fue la noticia. Los homicidas actuaron diabólicamente, según dicen. Con un arma blanca (punzón) cegaron la vida del joven diputado y de su asistente que lo acompañaba en ese momento.

El joven Serra, de acuerdo con lo que hemos leído en la prensa, tenía varios escoltas que inexplicablemente no lo cuidaban la noche que ocurrieron los hechos macabros. Es mucho lo que se puede especular, pero para no caer en lo que siempre hemos criticado, es preferible que luego de que en algún momento se retome la seriedad de las investigaciones en esta nación sean los resultados ofrecidos por profesionales de la criminalística –y no por funcionarios embusteros– los que permitan esclarecer el caso. Lo que sí pudieran adelantar los personeros del gobierno es la explicación de la supuesta existencia de dos fusiles de guerra en la residencia del diputado asesinado. La gente exige una explicación, porque últimamente se ha hablado mucho de políticas de desarme de la población. Recordemos que el “comandante supremo” dijo que esta era una revolución pacífica, pero armada. Pruebas hay de sobras, si no, pregúntenle a los colectivos.

La maleta y el pasajero.

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX la criminología (escuela positivista italiana) mantenía una hipótesis defendida por Cesare Lombroso y Raffaele Garofalo que consistía en que todos los criminales tenían rasgos que los identificaban y que hacía presumir sus conductas futuras. “El criminal nace con diferencias del sujeto normal”. Ellos sostenían que hay individuos que rompían los frenos inhibitorios para cometer delitos; les faltaba sentimientos de piedad, por lo que cometían delitos violentos.

Desde luego, la criminología fue avanzando y con el transcurrir del tiempo fue desechada esa tesis. Sin embargo, la costumbre nos ha enseñado que muchas veces las apariencias guardan perfecta relación con los resultados. En criollo: por la maleta se conoce al pasajero. Me explico: si un individuo parece violento, miente descaradamente y constantemente invoca la violencia, no es descabellado pensar que el tipo es violento y en algún momento pudiera cometer delitos. Eso es atendiendo a los criterios de la escuela positivista de la criminología. Hay individuos que con solo oírlos y observarlos distinguimos lo que son capaces de hacer. En la revolución “bonita” hay muchos que parecieran tener escrito el número de expediente en la frente, y no resistirían un examen realizado bajo los parámetros de la escuela de Garofalo y Lombroso.

Inhabilitación sin juicio.

En los últimos tiempos ha estado de moda que la Contraloría General de la República inhabilite a funcionarios públicos de la oposición. Ahora he leído con mayor preocupación que en la Asamblea Nacional se discute un proyecto de ley elaborado por la Comisión de Contraloría del Parlamento que contemplaría la inhabilitación política y la separación inmediata del cargo luego de que el órgano legislativo determine la responsabilidad del funcionario investigado. Digo que ese asunto me preocupa, no solamente porque se estaría violando la garantía fundamental del debido proceso, del juez natural y de la presunción de inocencia al funcionario, sino porque al parecer ese instrumento legal gozaría del visto bueno tanto de oficialistas como de opositores. Por favor: ¿dónde están los diputados abogados de esa Asamblea Nacional?

¿Rumbo a las parlamentarias?

Pasa el tiempo y comienzan a moverse las fichas en el tablero electoral. Muchos tienen la vista puesta en una curul en la Asamblea Nacional. Desechan cualquier iniciativa distinta a esas elecciones. Ven el asunto como en el país de las maravillas donde todo funciona, y que la renovación del Parlamento será la panacea. Tengo mis profundas reservas, y más si todavía tenemos dudas acerca de la pulcritud o transparencia de las elecciones. Un CNE vencido y sin que se logre un acuerdo mínimo para la designación de los nuevos rectores. Todo apunta que será nuevamente el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional, interpretando una omisión legislativa, el que procederá a nombrarlos. O sea, tendremos de nuevo un ente comicial rojo rojito. Ninguna novedad.

Si el rumbo que se ha definido es el electoral a pesar de la parcialidad del árbitro, pues entonces nos parece un error que la oposición no aproveche todas las opciones previstas en la Constitución y que pasan por la supervisión del Consejo Nacional Electoral. No son excluyentes. Me refiero a la activación del referéndum revocatorio, la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, así como también, claro está, la elección de los diputados a la Asamblea Nacional.

Cualquiera sea la manera de salir de esta pesadilla, pensamos que la misma será negociada, por ahora no veo muy cerca esa negociación pero sí la intensificación de la crisis. Al final, es decir, al producirse la negociación, indefectiblemente transitaremos por un camino constituyente, porque hoy más que nunca se necesita la refundación del Estado. Con solo renovar la Asamblea Nacional no lograremos realizar los cambios hacia el país que esperamos. Sabemos y nos consta cómo se desconocen, por el órgano judicial, las funciones y hasta la inmunidad de los parlamentarios, pues con una simple orden de los altos jerarcas del régimen aquellos son despojados de su curul.

Democracia sin CNE.

En todas las elecciones donde no interviene el CNE, al menos en la votación y en los escrutinios, los resultados son favorables a la oposición. Las recientes elecciones de los colegios de ingenieros de Venezuela lo demuestran. Casi 80% de los ingenieros y arquitectos colegiados votaron por la opción distinta a la oficialista. En el caso de los ingenieros es significativa esa votación si tomamos en cuenta la gran cantidad de profesionales que laboran para el gobierno. Pdvsa, demás empresas del Estado y organismos de las distintas gobernaciones o administración central, ocupan un número alto de esos profesionales, lo que quiere decir que ni siquiera ellos votaron por el régimen.

En ninguna elección donde se procede con transparencia, o sea, donde no mete las manos el CNE, el régimen ha resultado favorecido. Y es que no puede ser de otra manera, porque la gente no votaría por el desastre y la corrupción, que es lo que encarna el oficialismo

Ojalá en Venezuela podamos tener la oportunidad de volver al sistema de votación manual, al escrutinio y totalización sin que pasen por el oscuro túnel de las computadoras. Esa debe ser una exigencia de la MUD para los venideros procesos de elección popular.