• Caracas (Venezuela)

Pablo Aure

Al instante

¡Basta ya!

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En dos palabras: ¡Basta ya! Esa es la lectura que podemos darle a los resultados electorales del domingo. El pueblo se sacudió el polvo acumulado en estos largos 17 años y salió decidido a ponerle freno a los desmanes revolucionarios. Le dijo basta ya al chantaje, a las ofensas, a la división y al barranco. 

El lunes Venezuela amaneció sonriente, alegre y vestida con un traje de esperanza, que anhela volver a la paz y a reconciliarnos como hermanos. Se impuso la ilusión y la esperanza, en contra del rencor y el odio. Ese discurso del miedo para amalgamar llegó a su final. Los ciudadanos se cansaron de falsas promesas. Los sectores populares y los más desposeídos entendieron el mensaje de cambio.

 

Pasando páginas.

Desde hoy la mirada se concentrará en los diputados electos. Mucho cuidado con sus pasos y con sus acciones. No es momento de revanchas. En política y cuando es el pueblo quien ha sufrido los embates de un régimen oprobioso, es menester desechar cualquier acto vengativo. Al contrario, a esa gente que continuamente había venido votando por el oficialismo hay que abrirle las puertas. Es necesario abrazarlos para transmitirles que Venezuela es una sola; que esas páginas negras de la historia de la división las tenemos que pasar para avanzar hacia nuevos horizontes. 

Que ninguna individualidad o agrupación partidista se endose la victoria, porque lo que vivimos el 6-D en Venezuela fue la reacción de un pueblo desesperado y asfixiado contra sus opresores. Esa confianza popular hay que saberla administrar y moldearla para darle forma. Preguntarnos: ¿qué queremos como país? Yo contesto desde esta trinchera: no queremos un mesías, anhelamos que todos los ciudadanos se incorporen en el proceso de transformación. En la nueva Asamblea Nacional estarán puestas todas las miradas. Por esa razón los nuevos diputados tienen que tener presente el pasaje bíblico: “A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho, y a quien se le confió mucho, se le pedirá más”. Señores diputados, vuestra tarea es magnánima: trabajar en la reconciliación del país. Tender puentes con todos los poderes. Construir su agenda legislativa, pero interpretando lo expresado en las urnas electorales el 6-D, que a pesar del ventajismo del régimen se impuso la voluntad ciudadana. 

 

Hacia la confianza económica.

Que los primeros proyectos legislativos vayan dirigidos a la recuperación de la confianza económica, difícil, pero no imposible. Una ley que garantice la inversión nacional y extranjera. Ya eso sería un gran paso en el fomento del empleo. Sin descartar la posibilidad de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, la cual se elija con bases comiciales en las que se establezca el respeto al derecho de representación proporcional de las minorías. 

Lo que el domingo pasó en el país fue una verdadera revolución popular. Mosca con defraudar las esperanzas. 

Me late que la base de esa Fuerza Armada que en los últimos tiempos se ha visto opacada por algunos capitostes, jugó un papel importantísimo durante la jornada electoral. Lo que quiere decir que también ha despertado y es de suponer que estará dispuesta a garantizar que se respete la autonomía de la Asamblea Nacional.