• Caracas (Venezuela)

Ovidio Pérez Morales

Al instante

Unidos para cambiar

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El 6 de diciembre será un día doblemente histórico por el dilema planteado a los venezolanos. No se decidirá una simple recomposición del cuerpo parlamentario, la integración de una mayoría partidista eficaz o la reformulación de políticas y procedimientos orientados a una mejor marcha de la nación en el marco de un Estado formalmente democrático. ¡No!

Lo que está en juego el 6-D es algo más y muy grave. Veamos los dos polos del dilema: 1) encaminar al país por un sendero de vida radicalmente republicano y pluralista, basado en la vigencia real de la Constitución y las leyes asentadas en el respeto de la dignidad de las personas y la promoción del bien común de todos los ciudadanos, o 2) consolidar un proyecto de tipo excluyente, autoritario y con vocación totalitaria, que ha venido conduciendo a la gran mayoría de nuestro pueblo a la triste y negativa experiencia de empobrecimiento e involución productiva del país, una generalizada inseguridad, el deterioro creciente de la salud y la sanidad, la criminalización de toda disidencia, la hegemonía comunicacional y educativa de signo socialista marxista, una incontrolada corrupción, el auge de lo narco, la dolorosa hemorragia de venezolanos hacia el exterior y la decadencia ética especialmente respecto del sentido de la verdad y el respeto de los derechos humanos.

A este proyecto y a sus efectos deletéreos se le aplica, con acentuada razón, la calificación que la Conferencia Episcopal Venezolana dio a la propuesta de reforma constitucional planteada en 2007, que pretendía imponer un “modelo de Estado socialista, marxista-leninista, estatista (…) contrario al pensamiento del Libertador Simón Bolívar (…) y también contrario a la naturaleza personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona. Experiencias de otros países demuestran que, en tal sistema, el Estado y su gobierno se convierten en opresores de las personas y de la sociedad, coartan la libertad personal y la expresión religiosa, y causan un gravísimo deterioro en la economía, produciendo una pobreza generalizada”. ¿Calificación dada por los obispos?: “Por cuanto el proyecto de reforma vulnera los derechos fundamentales del sistema democrático y de la persona, poniendo en peligro la libertad y la convivencia social, la consideramos moralmente inaceptable a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia” (Exhortación Llamados a vivir en libertad, 19 octubre 2007).

El 6-D debe constituir un cambio de rumbo en la vida del país, un reencuentro de los venezolanos para construir una convivencia tal como la perfila la Constitución y lo exige la patria, por su historia y la voluntad mayoritaria de sus hijos e hijas, y en la que, con el esfuerzo de todos, se busque un progreso integral compartido, libre, justo, solidario, pacífico. Se trata, pues, de hacer de Venezuela la “casa común”, en que juntos nos entendamos, ayudemos, prestando particular atención a los más débiles y necesitados; todo ello en un Estado de Derecho con efectiva división de poderes, que garantice a todos, no importa el color partidista, la orientación ideológica, su convicción religiosa o de otra índole, el respeto integral de los derechos humanos, el desarrollo de su libre iniciativa, una vida familiar y comunitaria serena y productiva, el cumplimiento de sus deberes cívicos y la salvaguarda del medioambiente para las presentes y futuras generaciones.

Votar en la próxima jornada electoral es, por tanto, una grave obligación. Al igual que disponerse en actitud vigilante para que todas las fases del proceso electoral transcurra con equidad, transparencia, imparcialidad, paz y respeto al soberano.

El 6-D marcará un hito clave en el inicio de un proceso en que se nos exige desde ya a los venezolanos una especial dosis de responsabilidad, trabajo, solidaridad, constancia, generosidad, para reconstruir y construir ulteriormente el país que nos merecemos.

Dios nos quiere juntos y juntos lo vamos a lograr.