• Caracas (Venezuela)

Ovidio Pérez Morales

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Norcoreanización

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Una correcta identificación del interlocutor (amigable o no, coincidente o disidente) es condición indispensable para un adecuado relacionamiento, cualesquiera sean los términos en que este se desee orientar.

El tener conscientemente a una persona o un grupo en la acera de enfrente no excluye tender y/o utilizar puentes de comunicación hacia ellos. En este sentido hay toda una gama de instrumentos utilizables: contacto extraoficial u oficial, conversación, negociación, diálogo (con respecto a este último hay que evitar su devaluación, ya que es muy exigente en cuanto a sincera aceptación del otro, convencimiento de que se puede aprender de él, ponerse en su lugar para comprenderlo). La genuina identificación del otro no cierra, pues, todo encuentro. Aun en plena guerra los combatientes en trincheras opuestas pueden lograr acuerdos y es así como se establecen treguas, altos al fuego y cosas por el estilo.

Identificar bien evita cosas que, antes que ayudar a la solución de problemas, los mantienen o agravan. Puedo, por ejemplo, calificar de sorpresivas, irracionales, inconvenientes, ineficaces o indebidas, actuaciones del “otro”, cuando más bien debiera catalogarlas como lógicas, inevitables, efectivas, coherentes, acertadas.

¿Qué sucede en Venezuela con la identificación del proyecto Socialismo Siglo XXI y del régimen que trata de ponerlo en práctica? En el sector de la disidencia ha habido bastante titubeo y confusa variedad de interpretaciones. Se registra, es cierto, un crescendo en una más exacta percepción, dado el agravamiento de la situación, pero hasta hace no mucho abundaba u notable desconocimiento –o al menos explicitación– de lo que el oficialismo tiene entre manos. Se solía hablar simplemente de “democracia imperfecta”, “ineficiencias y corruptelas”, “tendencias o procedimientos autocráticos”, “abusos de poder”. El término “dictadura” no se mencionaba, ni, mucho menos, el de “totalitarismo”.

No es exagerado decir que la Conferencia Episcopal Venezolana, en cuanto a  identificar el proyecto político-ideológico oficial, ha sido oportuna, clara y firme. Dejando a un lado antecedentes, ejemplar al respecto fue la Exhortación de octubre 2007. Esta calificó la propuesta de reforma constitucional como “moralmente inaceptable” y “contraria a principios fundamentales” de la Constitución,  denunciando el pretendido “Estado socialista” como “contrario al pensamiento del Libertador” y “a la naturaleza personal del ser humano y a la visión cristiana del hombre, porque establece el dominio absoluto del Estado sobre la persona”.

La última toma de posición de la Conferencia Episcopal en la misma línea tuvo lugar el pasado 12 de enero. Los obispos afirmaron: “El mayor problema y la causa de esta crisis  general (del país), como hemos señalado en otras ocasiones, es la decisión del gobierno nacional y de los otros órganos del poder público de imponer un sistema político-económico de corte socialista marxista o comunista (…) Este sistema es totalitario y centralista, establece el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y de las instituciones públicas y privadas. Además, atenta contra la libertad y los derechos de las personas y asociaciones y ha conducido a la opresión y a la ruina a todos los países donde se ha aplicado” (Exhortación Pastoral Renovación ética y espiritual frente a la crisis, 6-7).

No es que Venezuela tenga ya un sistema totalitario. Pero se le está imponiendo. La tenaza va apretando con su correspondiente  lógica. En esto la acción oficial es eficaz. Un tweet mío dice: “Las cadenas adoctrinan, las colas amaestran, los captahuellas controlan. ¿Cuál será el próximo paso?”.

Cuando hablo de “norcoreanización” de Venezuela busco identificar sin ambages el proyecto oficial en marcha. Este, modelado en Cuba –cuyo sistema actualmente zigzaguea– sigue ahora metódicamente los pasos de la lejana y próxima Corea del Norte.