• Caracas (Venezuela)

Ovidio Pérez Morales

Al instante

Después de muerte, resurrección

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Venezuela sufre de mucha dolencia y muerte, pero se mantiene esperanzada por un pronto cambio hacia un país de solidaridad y vida.

Muerto el Señor, cuando creían sus victimarios que el problema se había resuelto, resucitó, y triunfó así, definitivamente, la vida. Ante el Sanedrín (Gran Consejo) el judío cristiano Pedro afirmó: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte, colgándole de un madero. A Éste le ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador” (Hch 5,30-31).

En la Semana Santa los cristianos conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús Cristo. El culto litúrgico de esos días culmina no el Viernes Santo, sino en la “Vigilia de toda las Vigilias”, la de la resurrección, del sábado al domingo. Esa semana no es “de dolor”, sino pascual. Triunfo de la vida sobre la muerte. Celebración generadora de la esperanza cristiana, e indestructible porque se funda, no en un simple proyecto o anhelo humanos, sino en la promesa liberadora de Dios.

San Pablo en su Carta a los Romanos expresa: “Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más” (Rm 6, 9). Y resucitó para que vivamos con Dios. Veneramos al Nazareno con la Cruz y a Jesús crucificado no para condolernos de él, sino para recibir sus dones divinos. 

Ahora Cristo sufre y muere, pero es en sus discípulos y en los seres humanos que sufren y mueren. Es muy significativo lo que Jesucristo dice a Pablo,  perseguidor de los cristianos, en el camino de Damasco: “¿Por qué me persigues?”. Y lo que  Jesús dirá a los premiados o sancionados en el Juicio Final: Tuve  necesidad (hambriento, sediento, preso, enfermo…) y ustedes me socorrieron o no me socorrieron (Mt 25, 31-46). El “otro” (prójimo) “impersona” al mismo Jesús. ¡Si los cristianos tomásemos viva conciencia de esto no caeríamos en tantas omisiones culpables! Cristo de nuevo crucificado es el título de la novela crítica de Nikos Kazantzaquis.

A la luz de estas reflexiones hemos de interpretar la actual situación venezolana con sus necesidades, dramas y tragedias. Los rostros de quienes sufren son rostros de Cristo. Lo recientemente sucedido en Tumeremo es pasión y muerte del Señor. Rostros de Cristo son los de los enfermos sin  medicinas, las personas sin alimentos ni recursos, los presos injustamente, los exiliados por carencias o persecución y los de tantas otras víctimas en esta Venezuela dolorida, que parece no importan mucho a quienes detentan el poder político y se preocupan primordialmente de mantenerlo y reforzarlo.

Esta Semana Santa reclama a quienes nos llamamos cristianos que interpretemos la gravísima crisis nacional del  país en perspectiva creyente. Con mucha sinceridad, porque el que se considere sin pecado que “lance la primera piedra”, como dice Jesús (Jn 8, 7). Hay pecados de acción y de omisión, grandes y pequeños. Todos hemos de convertirnos, cambiar de rumbo hacia lo bueno o lo mejor, para hacer de Venezuela un país libre, justo, misericordioso, fraterno. Para sacar a la nación del desastre actual y encaminarla a nuevos horizontes, a una cultura de la vida y la solidaridad.

En coherencia pascual hemos de tomar en serio la dimensión social, económica, política y cultural de la fe y la religión. Cristo, Señor glorificado, no necesita que nos condolamos de él, sino de él-en nuestro prójimo necesitado, desde el círculo inmediato o del vecindario hasta el ámbito grande de la ciudad y la nación (polis). Debemos pasar de una religiosidad o espiritualidad subjetivista-verticalista (“yo me las entiendo con Dios solo”) a otra, de comunión, que incorpora  al prójimo en nuestra relación con Dios que “es Amor” (1 Jn 4, 8).

Dejémonos acercar por Dios en esta Semana Santa. Veamos en el  rostro del Nazareno el rostro de nuestro prójimo necesitado. Y cuando celebremos su Resurrección, pidámosle su luz y su fuerza para que los venezolanos, cristianos y no cristianos, trabajemos unidos por la “resurrección” de este país. Y así pasemos de muerte a vida nueva.