• Caracas (Venezuela)

Ovidio Pérez Morales

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Cambio de gobierno: imperativo moral

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Un cambio de Gobierno en la Venezuela actual puede calificarse de varias maneras, dada la multiplicidad de causas que lo justifican y apremian.

En efecto, es urgente, considerada la situación social. Inaplazable desde el punto de vista económico. Imprescindible desde el ángulo político. Imperativo, en perspectiva moral.

El enfermo (nuestro país) no puede estar todavía en sala de espera para consulta, o bajo tratamiento con analgésicos. Debe entrar ya al quirófano para operación de emergencia. El barco no soporta más al capitán que lo conduce al naufragio, ni arreglos superficiales que prolonguen el hundimiento; reclama un relevo de conductor y de rumbo. Hay problemas que permiten esperas, pero se dan otros, como el presente venezolano, en los cuales la demora simplemente agrava.

No es el caso entrar aquí en un detallado inventario de los males que por su cantidad y seriedad constituyen un conjunto desastroso. Pero no podría menos de recordar algunos factores y agruparlos por ámbitos. Comencemos por el socioeconómico: desabastecimiento e inflación, que obligan a hacer colas degradantes y pauperización galopante; crisis de la salud, generadora de angustia, penalidades y muertes; destrucción del aparato productivo privado y desmantelamiento de las empresas del Estado; incalculable endeudamiento y oscura alienación depredadora de recursos naturales, puentes hacia una vergonzosa neocolonización.

En ámbito político: línea totalitaria del régimen, que lleva a la negación del pluralismo democrático y la criminalización de toda disidencia; abierta y reiterada violación de los derechos humanos; desencadenamiento de la delincuencia, que junto con la amenazas y represión oficiales conducen a una sociedad insegura y amedrentada; desconocimiento exhibicionista de la división de poderes y de la soberanía popular (por ej. ante el 6-D); voluntad de convertir a la Fuerza Armada en soporte cómplice y brazo punitivo del régimen.

En el campo ético-cultural: imposición de un pensamiento único, hegemonía comunicacional y manejo de la educación como vehículo de adoctrinamiento sectario; difusión de una anticultura de muerte alimentando odio, violencia y exclusión, culto de la personalidad y endiosamiento de un caudillo difunto; entronización de la mentira como política de Estado; escandalosa corrupción administrativa, tanto admitida como propiciada.

¿Visión pesimista de la situación? No. Realista, sí, pero, en todo caso, esperanzada. Porque lo negativo no agota, felizmente, todo el ser-quehacer nacional. Nuestra Venezuela registra hoy, en efecto, una mayoritaria voluntad de cambio, también en sectores afectos al régimen. El soberano se ha dado una Asamblea Nacional para abrir nuevos caminos. Hay grandes reservas humanas que, liberadas y estimuladas, pueden reconstruir y llevar ulteriormente al país a un progreso consistente de-y-para todos los venezolanos.

Venezuela tiene futuro positivo, pero con un cambio de gobierno. Este cambio constituye un imperativo moral para gobernantes y gobernados. El deterioro general del país es manifiesto y se profundizará de manera insoportable, si continúan el mismo presidente, el mismo equipo de gobierno, la misma línea dominante ideológico-partidista.

Empecinarse en seguir gobernando así es poner al pueblo venezolano contra la pared. Exponiéndolo a una explosión social indeseable, a una ingobernabilidad suicida, a enfrentamientos fratricidas de consecuencias imponderables.

El soberano señaló el 6-D un rumbo obligante, distinto del siglo XXI inviable y destructor. La Asamblea Nacional debe propiciar, como protagonista principal, un nuevo gobierno, de encuentro-acuerdo-transición nacional, que abra el paso a una solución de largo aliento y constitucionalmente fundada de la gravísima crisis nacional.

El cambio de gobierno es un imperativo moral. No pretendamos, sin embargo, un nuevo gobierno perfecto, ideal. Pero tenemos que exigirlo, sí, suficientemente democrático, sensato, honesto, capaz eficiente. Contribuyendo todos para ello. También con sincera oración a Dios.