• Caracas (Venezuela)

Oswaldo Barreto

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Señales. Retoña el 6-D con advertencias

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Seis meses es poco para olvidar un gran acontecimiento. Pero si aún nos lo propusiéramos, nos afanaríamos en vano: no hay día en que no se hable del 6-D  (expresado así, en su más escueta y universal forma). Sucede que lo que el diario larense El Impulso estimó como “un terremoto en el sistema político que por 17 años estuvo dominado por el chavismo” (Ingrid Jiménez, “Las históricas elecciones del 6 de diciembre”, El Impulso, diciembre 8/ 2015) desde el mismo día en que se conocieron los resultados oficiales de las elecciones, hubo gente que, como yo, tuvo la osadía de considerarlo no solo un acontecimiento, sino un acontecimiento en la historia de nuestro país. “Punto de ruptura, dotado de un antes y un después”, dicen los entendidos, cuando se refieren a “un conjunto de hechos previsibles y en ocasiones previstos o de catástrofes naturales que tengan estas mismas condiciones” que logran  cambiar las manifestaciones vitales de diversos tipos de comunidades humanas, en nuestro caso, la conducta, las emociones, el pensamiento de quienes constituimos la nación venezolana

El hecho más resaltante del 6-D está representado por la victoria de la oposición. Prevista, no solo por encuestadoras y expertos, sino por los propios agentes políticos que, desde el gobierno o de la oposición, prepararon las elecciones, su magnitud fue tan grande que se hizo evidente que para el electorado (cuya participación fue la más alta que se haya dado en cualquier tipo de elecciones en Venezuela) no se trataba solo de elegir diputados. Y se habló inmediatamente de una transformación tácita de elecciones parlamentarias en elecciones plebiscitarias y, en un comienzo, guiados por los hacedores de opinión de oposición se habló de un voto plebiscitario contra Nicolás Maduro. Pero, al lado de esta interpretación del 6-D, la opinión recogida en el seno de los participantes y el análisis más preciso de las condiciones reales en que se dieron las elecciones, dejan ver otra voluntad electoral: había que votar contra las espantosas condiciones de vida en que nos encontramos la mayoría de los venezolanos. La creciente dificultad impuesta ya para entonces en todo el país por parte del gobierno mediante todo tipo de controles ilegales, para adquirir bienes indispensables para sobrevivir (desde la harina PAN hasta los medicamentos requeridos para seguir viviendo) movió la voluntad de los venezolanos que se hallan en esta situación, cualquiera sea su posición política, cualquiera sea su procedencia social o geográfica. Y esta toma de posición acarreaba consecuencias que también desde el mismo 6 de diciembre se hicieron evidentes:

-Se establece un frente de lucha  orientado no ya a indagar sobre las razones por las cuales hemos llegado a estas condiciones, sino orientado al encuentro de los mecanismos necesarios para superarlas. 

-Y al establecer este frente consagrado a superar la crisis, los venezolanos mostramos claramente, no solo que creemos que la soberanía está en nosotros los venezolanos, sino que construimos la posibilidad real de que seamos nosotros mismos, gente de la ciudad y del campo, descendientes de blancos, de africanos o de indígenas, civiles o militares, quienes superemos lo que universalmente se conoce como la mayor crisis que ha conocido no solo nuestro desdichado país, sino cualquier otro.

 

Retoño del 6-D

Y este acontecimiento histórico en que nosotros hemos transformado un proceso electoral (un punto de ruptura en nuestra vida cotidiana, repetimos, dotado de un hasta ahora y un después de ahora) ha retoñado con el “firmazo” en busca del referéndum. En las elecciones del 6-D el triunfo se obtuvo por cerca de 2 millones de votos, cuando unos pocos habrían dado la victoria. Y ahora, a comienzos del sexto mes después de aquel triunfo, cuando los partidos de la MUD llamaron a firmar por el referéndum, se recogió, en un tiempo menor que todo lo previsto, diez veces más las firmas necesarias para solicitar el referéndum. ¿Es abusivo afirmar, entonces, que no se trata de nuevo de un voto (una firma) por la realización del referéndum, sino de un llamado visceral de los que visceralmente padecemos la crisis a que logremos acabar con ella?

 

Advertencias

Retoño, ciertamente. Pero, como ya lo hemos escrito para explicar por qué hablamos de señales, se trata también de pensar (y actuar) sobre la base de que se puede tratar también de un retorno: volver a la situación que todos conocemos: el gobierno, que no hace nada efectivo, real, tangible para superar la crisis, hace solo lo necesario para impedir que se hagan efectivas las medidas que la nueva Asamblea ha tomado para lograr la real superación de la crisis. Contra ese perpetuo retorno advierten ya por todas partes: la tarea de los políticos de oposición, partidos o personalidades de algún poder, deben participar en la lucha cotidiana para impedir que se perpetúe la ambición del chavismo de mantenerse en el poder. Y de eso nos ocuparemos en nuestra próxima entrega de señales.