• Caracas (Venezuela)

Oswaldo Álvarez Paz

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Oswaldo Álvarez Paz

Lo peor que puede pasar

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Lo peor que puede pasar es que no pase nada, posibilidad cierta de mantener los sectores democráticos la rutina actual cuando el país se desploma. Está bien lo que se hace. La solicitud de auditoría integral, las impugnaciones ante el Tribunal Supremo de Justicia y las actuaciones más recientes de Capriles, pero no es suficiente. Esto no se arregla con el tiempo, ni dándole larga a episodios inaceptables. Todos sabemos los resultados formales de estas acciones indispensables para desenmascarar al régimen ante la comunidad internacional. Nadie confía en el CNE y, aunque parezca una barbaridad, en el respeto al Derecho por parte del TSJ. Las decisiones están cantadas de antemano. No habrá sorpresas. Lo cierto es que Capriles ganó y Maduro perdió. Todo lo demás es mentira, forma parte de esta farsa grotesca.

La semana pasada fue de las más decepcionantes de los últimos años. Venezuela y buena parte del continente comprobaron las limitaciones del señor Maduro para desempeñarse como presidente. No nos referimos a los vicios de legalidad de origen, ni a la legitimidad de ejercicio en el cargo. Se trata de incompetencia manifiesta, ignorancia enciclopédica y hasta falta de sindéresis en la conducta. Luego de su primer viaje a La Habana, encuentro con el poder real, emprendió un calculado recorrido por algunos países del Sur con la intención de comprar legitimidad a cambio de petrodólares y leoninos acuerdos comerciales contrarios al interés nacional. Nada nuevo, salvo la desesperación por obtener el reconocimiento que no ha logrado en Venezuela, excepto el recibido de los restos del menguado chavismo atrincherado en lo que queda de algunas instituciones.

De acuerdo con cifras oficiales de la semana, la situación económica y social del país es muy mala. No se sabe de políticas ni de acciones para revertir hacia lo positivo las negativas tendencias del presente. Todo se desmorona. No hay tiempo para paños calientes. El militarismo irracional desarrollado por el régimen pudiera desembocar en otro que no apoyamos, ni estimulamos. Pero la posibilidad de un “pinochetazo” a la chilena, una acción tipo Velasco Alvarado en Perú, o alguna modalidad del siglo XXI, no pueden descartarse.

Reflexionando sobre estos temas, nos replanteamos la posibilidad de ir a una asamblea nacional constituyente. El tema es polémico. Lo venimos planteando desde el año 1989 y cuando fui candidato presidencial en el 93.

Sufrí hasta la oposición de compañeros de partido. Con su calculada ingenuidad, despejaron el campo para que Chávez levantara la bandera y manipulara el proceso con las consecuencias conocidas. Las opciones serían que todo siga como está, golpe militar o constituyente. Para lo demás no hay tiempo.