• Caracas (Venezuela)

Oswaldo Álvarez Paz

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Oswaldo Álvarez Paz

Cabeza, corazón y coraje

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Aún bajo los efectos del duro golpe recibido en las elecciones presidenciales, trataré de hacer algunas aproximaciones a las verdaderas razones de esos resultados. La verdad es que perdimos feo. Es infantil o complaciente tratar de convertir una derrota grave en un avance o triunfo a futuro. Perdió Venezuela, perdió la democracia y se va a necesitar de mucho acierto en la palabra y en la acción para enfrentar las elecciones regionales. La presidencia no se perdió por acciones u omisiones de Capriles. Todo lo contrario, su esfuerzo merece el mayor reconocimiento. Tampoco por el excelente trabajo propagandístico y publicitario de la campaña. El problema es que tenemos muchos dirigentes políticos que han hecho del independentismo su política, que han olvidado el verdadero sentido del político. La política con P mayúscula requiere de mucho estudio, de convicciones profundas, de principios y valores insobornables, de decir con claridad y valentía lo que se piensa y de defenderlo en todos los terrenos, con la corriente a favor o en contra. Los dirigentes son para dirigir, no para ser dirigidos por lo que se piensa que la gente quiere oír, ni mucho menos orientarse exclusivamente por “analistas” o encuestas cuantitativas que deben ayudarnos más a predicar sobre lo que tenemos que cambiar en la mente de los ciudadanos que plegarnos demagógicamente a las terribles desviaciones del venezolano de hoy.

El país tiene un problema cultural de profundidad. El estatismo rentista le ha hecho mucho daño. Especialmente ahora, orientado por este socialismo a la cubana administrado por inescrupulosos ineficientes y corrompidos gobernantes. No es, ni puede ser a ningún precio, el modelo a pregonar para conseguir el “favor” popular. El camino es a la inversa. Ponerle punto final a la demagogia de quincalla baratera de la retórica política es una obligación inaplazable.

Se impone también una revisión profunda de la cobertura del padrón electoral. De los centros de votación, de los testigos y miembros de mesa en los sitios donde se perdió, especialmente de los más apartados. Datos e informaciones se multiplican a diario sobre negligencia, ausencia y hasta costosas traiciones en más de un sitio.

Llegó la hora de cuestionar integralmente a la oficina de asuntos electorales de la presidencia. Me refiero a un CNE atento a las instrucciones abiertas y encubiertas de su jefe, plegado a su mando de la misma repudiable manera que las demás ramas del poder público. No deben descalificarse las importantes voces que advierten sobre las fallas e irregularidades existentes y no atendidas. Ser radical es ir a la raíz de los problemas. Cayó muy mal la reciente declaración atribuida a Capriles según la cual los radicales no caben en su casa invitándolos a montar tienda aparte. Cuidado. Aquí se necesita de una buena mezcla de cabeza, corazón y coraje.