• Caracas (Venezuela)

Oscar Shariff Hernández

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Exploración en la meseta del Ichún

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Me entusiasma escribir esta nota toda vez simples eventos de la curiosidad humana  nos  revelan una vez mas  la  grandeza del territorio venezolano. Tenemos aun  maravillas naturales  por ser descubiertas y  jamás pisadas por el hombre. Me refiero en esta oportunidad a la búsqueda que un grupo de exploradores: un norteamericano, tres citadinos y cinco indígenas de la etnia Shirian, quienes emprendieron entre el mes de febrero y marzo del 2014 a las entrañas del estado Bolívar, en Venezuela. La intención fue remontar en río Ichún hasta el anillo central, llegando a espacios jamás reconocidos  por el hombre, donde descubrieron caídas de aguas de 90 mts.  e insectos que hasta ahora se presumen nuevos para la ciencia, son algunos de los hallazgos de la expedición.

El grupo, liderado por el explorador y financista norteamericano Jeff Shea y conformado por el guía de turismo extremo Carlos Núñez “Carlucho”, el artista plástico Antonio Castillo, el diseñador industrial José L. Rodríguez “Telly” y los indígenas Ramón Montarioca “Parato”, Janeiro Lezama, Rafael Díaz, Joel Díaz y Alfonso Pérez, se entregaron a recorrer durante 48 días la meseta por vías terrestres y acuáticas, con vehículos náuticos diseñados espacialmente para esta ocasión.

Ellos me narran el viaje desde su inicio en el pueblo de la Paragua, en donde tardaron cinco días en llegar al campamento base en la playa del salto Ichún. En el transcurso de esos días, estos exploradores   recorrieron las comunidades de boca de Carum, Kavaimaquen y el tepuy Guaikinima, entre otras. Tras armar el campamento base en la playa del Ichún, se comenzó el ascenso abriendo picas con la ayuda de cartas, mapas satelitales y GPS. Fueron instalados 22 campamentos de selva a orillas del río durante la expedición. El ascenso río arriba se llevó a cabo utilizando dos botes desarmables impulsados por motores de gasolina en los trayectos navegables y caminando por picas a través de la selva en los momentos que rápidos de grado 4-5 y caídas de agua impedían la navegación.

A principios del mes de marzo el grupo se encontró con un inesperado hallazgo topográfico: una cascada de mas de 90 mts. de altura, bautizada en el momento por los indígenas con el nombre de Bora Jaguar (bora significa “salto de agua” en su dialecto). Comenzaron entonces las discusiones entre los miembros del grupo por la incertidumbre de si mas adelante el río seria navegable y por el respeto que tenían los indígenas al salto, en su opinión, allí había “Canaima”, espíritu malo y en consecuencia cuatro de ellos se negaron a continuar el ascenso.

Sin embargo, sin perder la ilusión de llegar al anillo tipo cráter observado en los planos satelitales, meta inicial de la expedición, una parte del grupo decidió continuar. Para entonces ya habían pasado mas de 35 días en la meseta y sabían de los riesgos que suponía continuar: el peligro de una picada de culebra o un accidente, la imposibilidad de un rescate en helicóptero por lo tupido de la selva y la distancia para salir de la meseta.

Finalmente, el 9 de marzo parte del equipo llegó a la bifurcación del río, en el anillo o cráter, navegaron por el tributario del Ichún constatando que el anillo, parecido en los mapas a su vecino, el Sarisariñama, no era un cráter sino un espacio con una vegetación distintita y que los puntos rojos que podían vislumbrar en las vistas satelitales eran playas de arena fina y morichales tropicales.

Para estos aventureros caminar y navegar por lugares nunca antes explorados, dejó de ser un sueño, para convertirse en una realidad, o mejor, en una nueva forma de ver la vida. Demostraron la necesidad de mantener el espíritu de la aventura y le dieron gracias a la vida por las cosas más secillas.

@oscarshariffh

@viajaverde