• Caracas (Venezuela)

Oscar Lucien

Al instante

¡Si usted fuera Maduro!

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No puedo calificar sino como candorosa la interrogante con la que con suma frecuencia se aborda a dirigentes y analistas políticos: Si usted fuera Maduro, ¿qué haría? Entiendo que la recurrente pregunta de periodistas o conductores de programas de opinión tiene la motivación retórica de provocar en el interpelado unas respuestas concretas frente a la grave situación política, social y económica que vive el país, que se espera –y aquí yo veo el sinsentido de la situación hipotética– sean distintas de las que ofrece Nicolás Maduro en el cargo de presidente a raíz del anuncio de Tibisay Lucena en abril de 2013.

Suelo reírme cada vez que a un entrevistado le hacen el planteamiento “si usted fuera Maduro” porque inmediatamente me viene a la mente una respuesta: haría exactamente lo que está haciendo Maduro.

No busco una fácil boutade. Para mí es obvio que Maduro, a quien le llegó el cargo de la manera como en el pasado las amas de casa encontraban premios en las cajas de jabón Ace, dedica todo su esfuerzo a tratar de consolidar un poder consciente de su carencia de la más absoluta “auctoritas”. Aferrado al inconstitucional Plan de la Patria a manera de un catecismo, se cobija en la persistente referencia a su lealtad a la memoria de Hugo Chávez y copia lo más nefasto de su antecesor.

Si usted fuera Maduro, ¿que haría? Aplicaría el Plan de la Patria, pienso para mis adentros: “Nosotros estamos obligados a traspasar la barrera de no retorno, a hacer irreversible el tránsito hacia el socialismo”. Haría, pues, lo que hace Maduro. Continuaría manejando de manera absolutamente discrecional los recursos del Estado, adelantando medidas populistas o clientelares para mantener mi base de apoyo social. Mantendría el acorralamiento a los empresarios privados y los mantendría bajo el yugo del control de las divisas. Al mismo tiempo, fuera indolente frente a la corrupción que este control produce porque es una manera indirecta de compartir el poder, de la misma manera que mantendría una costosa burocracia de ministerios, viceministerios, vicepresidencias, estados mayores y órganos superiores porque de esa manera logro un cierto equilibrio entre las distintas facciones que, como es notorio, reclaman el legado del difunto presidente. Algo esencial que haría, si yo fuera Maduro, es compartir el poder con las cúpulas militares quienes, en última instancia, son las que me mantendrán en el cargo. Perseguiría a gobernadores y alcaldes demócratas, les haría cuesta arriba el acceso a los recursos del situado constitucional y crearía una institucionalidad paralela con corporaciones y “protectores” que agenciarían los recursos del Estado a través de las instancias políticas de mi partido. Si yo fuera Maduro, expropiaría VTV y todos los canales del Estado y los pondría al servicio exclusivo de mi partido. Fortalecería el cerco contra los medios de comunicación que tienen políticas editoriales e informativas independientes definiendo a Conatel como un brazo político del partido. También pondría en práctica una modalidad discreta del cerco: compraría los medios bajo una absoluta opacidad de los nuevos dueños, cambiaría sus líneas editoriales e informativas y los haría actuar en consecuencia con la estrategia de propaganda del Minci. En el caso de los medios impresos, recrudecería las limitaciones para el acceso a las divisas de manera que la precariedad en los inventarios del papel los llevara al cierre sin necesidad de una acción ejecutiva. Asimismo, criminalizaría la opinión ciudadana, el derecho a la protesta y sería implacable en el control de las manifestaciones públicas.

Si yo fuera Maduro, aprovecharía la chequera de que dispongo para estirar la arruga hasta un nuevo evento electoral y chacharearía mucho en la televisión. Repetiría hasta el cansancio que yo soy el presidente constitucional y comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional. Portaría siempre conmigo un dummy de la Constitución, la mostraría todo el tiempo pero no la cumpliría, apoyado en la sumisión de quienes están al frente de los otros poderes públicos, quienes me habrían ratificado su lealtad al usar el brazalete del 4-F, emblema de nuestro comandante cuando se alzó en rebeldía, y no para dar un golpe de Estado, como dice la oposición apátrida y lacaya del imperio. Finalmente, me sometería a los designios del comandante de los comandantes, el líder máximo Fidel Castro y mantendría una vía directa para seguir adecuadamente sus instrucciones.

Reconozco que no soy muy original en mi respuesta pero, sinceramente, es lo que se me ocurre si yo fuera Maduro.

¿No será hora de cambiar la pregunta?