• Caracas (Venezuela)

Oscar Lucien

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Oscar Lucien

Gorilas en la niebla

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1. Casualidades del zapping me colocan ante la escena de la película Gorilas en la niebla en la que su protagonista, Sigourney Weaver, acompaña a unos jóvenes estudiantes en su primera visita a la selva. Los cautelosos jóvenes se topan inesperadamente con un imponente y agresivo simio, espécimen este desconocido de la científica. El animal gesticula, lanza aullidos y se tambalea torpemente ante los petrificados expedicionarios. La Weaver logra con una determinación insuperable mantener la calma y el gorila, luego de su nervioso alboroto, se interna corriendo en la selva. Ella se vuelve serenamente a los pálidos jóvenes y simplemente les comenta: blofea.

La escena me hizo repensar la imagen de “un elefante en una cristalería” que ya había empleado para referirme a los modales poco ortodoxos en la conducta política del desaparecido Comandante galáctico, y dudaba en repetirla para referirme a Maduro. Ciertamente, los destrozos causados por uno u otro de estos dos animales (hablo del elefante y del gorila) pueden ser de igual proporción pero en la referencia a Maduro resultaría más pertinente hablar de “gorila en una cristalería”, por el talante que intenta demostrar en estos últimos días, por su inseguridad y su nerviosismo y, sin duda alguna, por el peso que lo militar parece tener en su gobierno. Por una deformación seguramente debida a mis estudios de Sociología, asocio automáticamente militares actuando en política con la violenta actuación de los milicos en el Cono Sur en décadas pasadas. Y a milico, con gorila.

2. Cada día que pasa de este 2015 recuerdo también una frase, verdadera o falsa, que se atribuye, a conveniencia, a milicos que han tomado el poder por la fuerza en América Latina: “Encontramos al país al borde del abismo, en nuestro gobierno daremos un paso adelante”.

Atrapado en una maraña por su manifiesta falta de formación y transparente incompetencia, pero sobre todo por su corset ideológico y sarampión revolucionario, Nicolás Maduro retrasa medidas económicas esenciales en relación con la producción petrolera, la unidad y paridad cambiaria, la restitución de propiedades invadidas o expropiadas, el establecimiento del clima propicio de seguridad que permita incrementar la producción, únicas vías ciertas para la superación de la escasez y sacar a la población del martirio de la inflación, la escasez, la inseguridad y las colas.

Para mayor desgracia del país, “el paso adelante” de Maduro lo enfila por el grave y peligroso sendero de la represión. La brutal aprehensión del alcalde metropolitano Antonio Ledezma, las perversiones en torno a las condiciones de prisión del dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López y otros políticos injustamente presos en una cárcel militar, la existencia de un oprobioso sitio de detención llamado La Tumba en el edificio de la policía política del régimen, parecen encender, finalmente, las alarmas en el ámbito internacional sobre la verdadera naturaleza del régimen que impera en Venezuela. La intemperancia de Nicolás Maduro con su grito de “mano de hierro”, y la amenaza contra el diputado Julio Borges, coordinador nacional de Primero Justicia y otros dirigentes opositores, ha hecho a muchos analistas asociar la deriva autocrática y represiva de Maduro con el autogolpe de Fujimori en Perú.

Coincido con quienes, con sensible preocupación, observan la creciente tutela del sector militar sobre las peripecias del gobernante criollo. De particular preocupación, el pronunciamiento de respaldo del Alto Mando Militar ante el denunciado intento de golpe o atentado, cuando se declaran “una Fuerza Armada chavista” en su autoproclamada defensa de la Constitución. Dejando de lado que el señor Chávez se murió hace tiempo, la Constitución es sumamente clara y precisa al respecto en su artículo 328: La Fuerza Armada Nacional es una institución esencialmente profesional, sin militancia política… En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna.

Ciertamente, a diferencia del simio de Gorilas en la niebla, el señor Maduro no parece estar “blofeando”. Sus continuos insultos y amenazas en cadena nacional a líderes opositores y la criminalización de la protesta, violan dos artículos esenciales de la Constitución que garantizan el derecho a la protesta pacífica (68) y al derecho a la asociación con fines políticos (67). La sociedad democrática se encuentra hoy ante un candente triple reto: enfrentar el régimen amparado en la garantías constitucionales y el marco legal vigente, insistir en el derrotero electoral para recuperar el sendero democrático y no caer en las perversas trampas del gobierno que justifiquen y potencien su represión.