• Caracas (Venezuela)

Oscar Lucien

Al instante

Oscar Lucien

Que la calle no calle

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

1. You talkin’ to me? You talkin’ to me?, es la memorable frase de una escena del mejor cine de Martin Scorsese, en la que Travis Bickle, ex veterano de guerra que hace guardias de noche como taxista en las calles de Nueva York, se planta frente al espejo e interpela al delincuente que imagina en la imagen reflejada: You talkin’ to me?

En esta célebre escena, en una maravillosa interpretación de Robert de Niro, Scorsese logra concentrar todos los traumas, inseguridades, rabia y resentimientos de un personaje encerrado en su soledad. Taxi’s driver, la película en cuestión, es un compendio de las complejidades de la mente humana y muestra cómo un personaje taciturno y de “buenas intenciones” puede desatar una violencia desalmada.

2. No puedo precisar por qué extraños mecanismos de asociación evoco el personaje Travis Bickle cuando mi intención es hablar de Nicolás Maduro y condenar su ineludible responsabilidad en la violenta represión contra las justas demandas de los jóvenes y estudiantes que han tomado las calles del país. Pero es en este momento en que voy a medio camino de esta nota cuando caigo en cuenta de que Travis y Maduro compartían la afinidad de ser profesionales del volante.

En un principio, la asociación con Travis pudo ocurrir por la persistencia de Maduro en repetir que él es el presidente de Venezuela, que él es el comandante en jefe, por demás una atribución constitucional derivada del cargo que lo proclamó Tibisay Lucena, y que de tanto repetirlo me empieza a llamar la atención. Para mayor precisión, recuerdo que la imagen de Travis me vino el día que Maduro apareció en una rueda de prensa con un improvisado cartelito de cartón con la identificación escrita, me pareció que con marcador, de “comandante en jefe”. Desde ese momento suelo imaginarlo frente al espejo, todas las mañana antes de salir a su despacho (es decir a un set de televisión) repitiendo You talkin’ to me?, corrijo: “Yo soy el presidente”, “yo soy el comandante en jefe”…

3. Ha sido sin embargo la violenta y desproporcionada respuesta policial, militar y con presencia de bandas armadas desatada contra las legítimas manifestaciones estudiantiles la que ha terminado por completarme el cuadro Travis/Maduro. Por supuesto, con la descomunal diferencia, por una parte, de un personaje de ficción que en su desmesura, armado hasta los dientes, pretende imponer un tipo de justicia y de reivindicación y, por la otra, de un personaje real, investido de una condición de presidente que requiere de afirmación diaria y que usa toda la fuerza del Estado contra ciudadanos que reclaman, en la calle, derechos fundamentales que garantiza la Constitución. Transcurrido un mes de protestas estudiantiles, un saldo de una veintena de muertos enluta a los venezolanos.

4. En el estreno de su heteróclito programa hace dos noches, Nicolás Maduro anunció enfático que prohibía la manifestación estudiantil anunciada para el día siguiente: que los estudiantes no entrarían a Caracas (sic). Que él, presidente, no daba el permiso para marchar. De nuevo la imagen de Travis.

De manera arbitraria Maduro desconoce el derecho constitucional de los ciudadanos de marchar pacíficamente. La marcha estudiantil tenía como destino la Defensoría del Pueblo para exigir a la titular de ese despacho su intervención a los fines de proteger los derechos vulnerados a los estudiantes y la sanción a los responsables de vejámenes y torturas luego de un mes de protestas estudiantiles y disturbios a lo largo de todo el país. Pero Maduro insiste en la instauración de este nuevo apartheid bolivariano. Impide la marcha, coloca un límite arbitrario a la ciudad y llama Caracas al territorio donde residen sin control bandas armadas partidarias del gobierno. Valga decir ciertamente que la presencia en la Defensoría era una acción simbólica porque la titular de ese despacho en nada se ocupa de atender y defender derechos ciudadanos vulnerados.

5. Que la calle no calle es una de las consignas que enarbola la protesta estudiantil. Los estudiantes están en la calle protestando con firmeza y sin violencia, contra la escasez de alimentos y medicinas, contra la inseguridad (asesinatos, robos y secuestros), contra la represión, contra las violaciones de la Constitución.

Frente a un gobierno que ejerce un brutal cerco a las comunicaciones, que se vale de manera abusiva y arbitraria de las cadenas presidenciales, que criminaliza la opinión, la calle es un espacio privilegiado y legítimo de protesta. La calle es un espacio de encuentro de todos los venezolanos que quieren paz, justicia y progreso. Por eso, como dice una composición musical muy de boga en estos días, “que la calle no calle”.