• Caracas (Venezuela)

Oscar Lucien

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Oscar Lucien

Errático y despótico

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Como descripción de la conducta y talante de Nicolás Maduro a la cabeza (sic) del Estado venezolano, estos dos vocablos –errático y despótico– contenidos en un reciente editorial del diario The New York Times, son insuperable. Los buenos deseos de año nuevo no fueron suficientes para evitar que 2015 encuentre a los venezolanos sumidos en una terrible crisis económica, de salud pública y de creciente ingobernabilidad. Las extensas colas a las afueras de los establecimientos comerciales y centros hospitalarios son apenas la expresión visible del fracaso de un modelo político que, pisoteando derechos y garantías de la Constitución, se insiste en imponernos a los venezolanos. En efecto, el cierre de 2014 marcó un grave punto de inflexión en la deriva totalitaria y autocrática del régimen al imponer nuevas (es un decir) autoridades al frente del CNE, la Contraloría General de la República, del Ministerio Público, de la Defensoría del Pueblo y magistrados del TSJ, en un contexto de tan precaria legitimidad que connotados especialistas en derecho constitucional no han tenido reparo en calificar lo ocurrido como un golpe de Estado.

Errático y despótico se dice con suma pertinencia en el editorial del The New York Times. Frente a una situación económica calamitosa, resultado anunciado del modelo político tutelado hasta hace poco por los hermanos Castro, que se ha visto agravado por la caída de los precios del petróleo, Nicolás Maduro pierde el rumbo en una errática y onerosa viajadera mientras pasan los días y se agudizan los problemas. Ya desde finales del año pasado anuncia que hará unos anuncios de medidas que nunca llegan a concretarse. Concluye enero y apenas habrá pasado nueves días en el país. Improvisa un viaje de condolencias a Arabia Saudita en momentos que ocurren horrendos crímenes en las mismas colas donde desvalidos ciudadanos se agolpan en busca de alimentos, productos de limpieza o medicinas. No puedo dejar de comentar en relación con este viaje en específico los reproches que han circulado en las redes sociales al recordar su ausencia en los funerales del Tío Simón, querido artista de todos los venezolanos, emblema de la cultura popular, ajeno en su trayectoria artística de toda controversia política. Nicolás errático.

Las erráticas posiciones del gobierno de Maduro respecto al asunto de las colas podrían resultar risibles de no ser el terrible drama que en realidad representan. Un día, un errático ministro o gobernador afirma que si hay colas es porque “hay rial” (sic). Al otro día lo secunda un nuevo funcionario para decir que “si hay colas es porque están los productos”. Pero apenas han hecho mutis en su talante insolente cuando aparece el mismo Maduro para decirnos que las colas son generadas por infiltrados, por agentes o aliados de la CIA, en fin, producto de lo que la propaganda del gobierno califica como guerra económica y, más reciente, golpe económico.

Pasamos, entonces, de Nicolás errático a Nicolás despótico. Se criminaliza la visibilidad de las colas. Se persigue a quienes toman fotografías, incluso sean reporteros y periodistas. Se anuncia una acción contundente contra los operadores de la “guerra económica”. En las pocas veces que Maduro ha estado este año en Venezuela, sus alocuciones públicas están cargadas de insultos y amenazas. Ni una sola propuesta coherente y asertiva para resolver la crisis, ni un solo llamado a la concordia de los venezolanos.

La más reciente muestra de su comportamiento errático y despótico la acaba de dar en ocasión de la visita de los expresidentes Andrés Pastrana, Santiago Piñera y Felipe Calderón, invitados por la diputada María Corina Machado al Congreso Ciudadano por la Democracia y los Derechos Humanos, impedidos de visitar al dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López quien, en un desliz, el propio viceyerno de la república reconoce como preso político. López, preso en proceso de juicio tiene legítimo derecho a la visita de sus familiares y amigos, pero Maduro, errático y despótico, conculca ese derecho.

Consecuente con la percepción del The New York Times se pronuncia Oscar Arias, premio Nobel de la Paz 1987, al referirse a la detención de Leopoldo López y al juicio contra María Corina Machado, lo que en su criterio no hace sino confirmar que el gobierno ha perdido el control: “Ahora Maduro más bien aprieta el puño con mayor fuerza, intentando acallar a quienes alzan la voz. No hay conspiración que explique las colas, sino un gobierno corrupto”.

En fin, Nicolás Maduro, errático y despótico, lleva adelante así su mal heredada revolución socialista siglo XXI.