• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Que sigan discriminando

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No hay nada más maravilloso que el ser humano adulto tome sus propias decisiones. Que piense como quiera, que practique el culto religioso que lo acerque más a Dios, que tenga sueños, que se equivoque y, cuando entienda lo contrario, que rectifique. En otras palabras, qué extraordinario tener la oportunidad de actuar en la vida con criterio propio, con nuestra ajustada verdad. Por el contrario, qué terrible es vivir amenazados, asustados y atemorizados en el presente y con un futuro incierto.

Una de las virtudes de la democracia es que nos da la posibilidad de decidir como individuos lo que uno crea que es lo mejor para el país. Si te equivocas, rectificas y sigues soñando.

Qué bajeza la de quienes persiguen y aterrorizan a los demás por sus ideas. Volvieron a aparecer las amenazas electorales en Venezuela. Ya conocimos el apartheid de la lista Tascón; ahora florecen las presiones a quienes firmaron para convocar el revocatorio. Revisarán firma por firma, huella a huella hasta que aparezcan los funcionarios públicos traidores, los militares que se atrevieron, los chavistas que se cansaron y hasta los familiares de altos funcionarios que osaron dejar su rúbrica como señal de que están fatigados de ver cómo el país se ha destruido por culpa de un proyecto errado y un peor gobierno.

Lamentablemente para estos perseguidores, no están todos los que terminarán firmando por el revocatorio y los que terminarán votando por un nuevo gobierno. Esa actitud discriminatoria, que viola la misma Constitución e irrespeta con amenazas la voluntad de los venezolanos, especialmente la de los que trabajan en el sector público, es lo que precisamente hace que tantos ciudadanos les den la espalda a quienes han gobernado durante ya demasiado tiempo.

Se acostumbraron a tantas prebendas que se han olvidado de que están allí para servir al pueblo y no para beneficiarse de él. La Constitución da la opción de un revocatorio, y es una gran oportunidad para que el país se exprese. Los del gobierno se sienten amenazados y entonces quieren coartar por todos los medios una legítima voluntad de cambio.