• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

La renuncia es ética

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En la política, al igual que en la vida cotidiana, renunciar es una opción legítima y la mayoría de las veces inteligente. Se renuncia a un amor, a un proyecto, a un puesto de trabajo; se renuncia a un partido político, a una responsabilidad y, por supuesto, la historia esta llena de jefes de gobierno y de Estado que por causas mayores se ven a obligados a dimitir.

Lo hacen por razones objetivas y subjetivas. Un hombre enfermo debe renunciar a dirigir una nación. Un presidente que fracasa en su gestión, que genera pérdida de confianza de sus electores y, sobre todo, los que arriesgan la estabilidad y la paz de una nación lo deben hacer más temprano que tarde. Pensemos en Siria, cuántas muertes y sufrimiento se hubiese podido evitar si Al-Assad hubiese renunciado. Repasemos cuántos otros líderes en el mundo han dado un paso firme y muchas veces doloroso para tener más grandeza que la que las circunstancias inmediatas les presentan.

Nuestro pacto social incluye la renuncia como uno de los mecanismos expeditos para un cambio del Ejecutivo. Es la renuncia la que le permitiría al país iniciar un proceso de cambio y de reconciliación nacional que tanto se necesita para avocarse a sacar a la nación de tantas dificultades. La historia será más gentil con un hombre que entendió su obligación de renunciar antes que ser el responsable de un conflicto de proporciones incontrolables. Una renuncia es ética si ella es fundamentalmente responsable y oportuna.

La Venezuela de hoy se merece un cambio. Venezuela necesita cambiar el gobierno para buscar un rumbo que nos lleve al progreso, que nos deslastre de tanta violencia y violación del Estado de Derecho. Nos merecemos un país que nos ancla a nuestros hijos para que den lo mejor de sí por su país. Si el presidente renuncia será bueno para la nación, para sus seguidores y para él como ser humano.

Es una terquedad seguir luchando por mantenerse si las puertas se le cierran. Ojalá que siga el ejemplo que muchos diplomáticos le dimos cuando en su gestión como canciller nos obligó por la discriminación a renunciar a nuestras carreras.