• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

¿Por qué perdió Maduro?

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Convirtió las elecciones en un plebiscito y perdió. Si las presidenciales de 2103 las ganó con apenas un punto en un momento que tenía a su favor el duelo por la muerte de Chávez, los recursos del Estado y el uso indiscriminado del poder para beneficiarlo, cómo pensar que después del deterioro económico del país, la inflación galopante, la reducción de los ingresos petroleros y los errores permanentes en la conducción del Estado podía ganar el proceso electoral del 6-D, como hasta el último momento trataron de hacer creer.

Pierden, además, por algo muy simple. La gente disipó el miedo y quiere un cambio. Si las elecciones se repitieran en los próximos meses, los resultados serían aún peores para el gobierno. Son muchas otras las razones de ese resultado tan abrumador para quienes gobiernan desde hace 17 años. Los venezolanos han descubierto que para el chavismo no son el sujeto de la política, sino un objeto para que una cúpula permanezca en el poder. Han irrespetado al pueblo y sus aspiraciones. La gente va descubriendo cómo han abusado, el ventajismo con que actúan, las corruptelas por las que navegan y, fundamentalmente, lo ineficiente en su manera de conducir los asuntos de la nación.

Buscan las razones de la derrota en causas externas: el imperio, la guerra económica, Uribe, las colas ficticias, el burocratismo, etc. El pueblo descubrió que no es nada de eso, que son malos gobernantes y han perdido una oportunidad de oro para haber logrado una nación próspera.

Lo peor es que insisten en la farsa y en aplicar métodos que la gente les rechaza y que se basan en el abuso y el irrespeto a la propia Constitución que tanto han exaltado. Atropellos como jubilaciones írritas, nuevas designaciones en el Tribunal Supremo de Justicia, mentiras sobre privatizaciones que no le competen a la Asamblea, lo que hacen es generar más resistencia y desprecio. Definitivamente, no son demócratas y el exceso de abuso cansó a las mayorías.

No estamos en tiempos para cultos e ideologías huecas, sino para líderes honestos y, sobre todo, eficientes en la conducción del gobierno.