• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

El país que se destruye

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Mientras más hemos tenido la oportunidad de comparar a Venezuela con otros países, más fácil se hace confirmar que si hay un país que ha tenido  múltiples recursos para ser próspero ha sido el nuestro.
La situación geográfica, su capital humano, su riqueza mineral y natural, su homogeneidad cultural, su ausencia de conflictos religiosos y divisiones étnicas con, además, una estructura institucional que se había instaurado con éxito en el país, nos garantizaban los cimientos para una nación equilibrada y justa durante este milenio. Sin embargo, perdimos el rumbo y quedamos al garete. En otras palabras, nos pusimos la soga al cuello. Estamos rezagados en todas las mediciones internacionales. Es una vergüenza ver el sitial que nos corresponde. Retroceder pareciera nuestra bandera. Cuánto hemos disminuido en civilidad, en valores democráticos, progreso económico y social. Vecinos que nos admiraban hoy nos superan.
Me han preguntado muchas veces en el exterior sobre qué nos pasó. La respuesta no es fácil, pero sin duda esta realidad es por falta de fortalezas éticas y morales. Fuimos entregando la nación a los sectores más retrógrados, a la corrupción, a abusadores del poder, y permitimos que hombres se situaran por encima de las instituciones. En definitiva, un desastre. La destrucción del aparato productivo, la lista Tascón, la sumisión de las instituciones al poder central, entre tantas otras, han desdibujado la estabilidad de la nación.
Los problemas no los generan las distintas corrientes ideológicas, sino cómo estas se tratan de imponer. A través de la corrupción, del abuso y de la violación de la Constitución. Por qué los venezolanos permiten que esto continúe tiene quizás su respuesta en las mismas razones por las cuales muchas naciones han permitido que sus dirigentes lleven a sus países al desastre. El mundo está lleno de historias que demuestran los letargos de las naciones que aceptan que los lleven al borde del abismo con total sumisión. Venezuela no pareciera una excepción.