• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

La crisis económica y la ética

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Qué difícil situación la que atraviesa Venezuela. Estamos ante una crisis de tal envergadura que nos podría llevar a mediano plazo a tener que recurrir en condición de emergencia no solo a organismos financieros internacionales sino, además, a aquellos organismos gubernamentales y ONG que brindan apoyo ante crisis humanitarias.

Las personas haciendo colas para buscar alimentos, medicinas y bienes materiales de primera necesidad en una sociedad moderna son, sin duda, el inicio de una situación grave con tendencias a empeorar.

El país llega a esta situación porque se gobernó indebidamente. Son demasiados años de políticas erradas que queremos solapar con el simplismo del fin de la economía rentista o de un decreto económico que nos liberará de la mala práctica.

No es tan fácil. El gobierno quiere apoyo para salir de la crisis que crearon. No es ni guerra económica ni la reducción de los precios del petróleo. La guerra se la inventaron para tapar ineficiencias, y la caída del petróleo los agarra sin preparación ni reservas suficientes para una realidad que se venía señalando desde hace mucho tiempo.

Piden el apoyo de la oposición con un decreto de emergencia que no refleja contrición sino, por el contrario, es más de lo mismo. Contaron con  una ley habilitante durante 2015 que, afirmaban, tenía por objetivo tomar medidas de rescate para “proteger al pueblo de la voracidad del capital y erradicar aquellos elementos distorsionadores que inciden en la inflación inducida de la guerra económica”.

Un fracaso, y la situación empeoró. Entonces, la pregunta: ¿es ético montarse en un tren a punto de estrellarse y cuyo único responsable es el conductor del mismo? No me parece. Si no hay un cambio estructural en los lineamientos económicos no superaremos la crisis. Tomará tiempo recuperarnos, pero no es por la vía de ese decreto ni su concepción ideológica. El país requiere un proceso de transparencia y apertura económica. De esta no salimos si no superamos la visión estatista que ha llevado a situarnos ante el mundo como una de las economías de peor desempeño.