• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

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Oscar Hernández Bernalette

Yanquis come back

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El paso que han dado los gobiernos de Estados Unidos y Cuba por retomar sus relaciones diplomáticas es importante. En lo personal lo celebro . No fueron pocas las veces como diplomáticos que nos correspondió sumarnos y redactar los reiterados llamados de la comunidad internacional para que se terminara con el embargo.

Siempre Venezuela entendió que esa medida era no solo una violación del Derecho Internacional sino una política inapropiada y además ineficiente. Buscaban debilitar a un gobierno que al contrario logro mantenerse e instaurar una ferra dictadura. La confrontación con Estados Unidos le dio demasiadas excusas al gobierno de los Castro para culpar a los vecinos del norte de la tragedia económica que vivían como consecuencia de un sistema económico inoperante que es el principal responsable de las limitaciones y la pobreza de millones de ciudadanos.

Mientras que se dan los primeros pasos para quitarse la camisa de fuerza que los enfrascó en una relación irrita por cincuenta años y que solo ayudó a darle oxígeno a la dictadura cubana, increíblemente los venezolanos durante estos últimos 15 años no hemos sino retrocedido en las relaciones con Estados Unidos. Con gran ligereza y resonancia hemos mantenido una relación conflictiva con nuestro principal socio comercial.

Sin duda, el presidente difunto le sacó “millas” a la confrontación y al uso del imperio como un comodín ante cualquier situación políticamente sensible en Venezuela. Lo que no se entiende es cómo cuando apenas hace unos días Maduro, con la espada del Libertador en mano, reta a Washington, entonces reacciona con satisfacción ante el paso gigante de estos dos vecinos y reconoce “el gesto de valentía del presidente Obama”. Pues bien, ojalá tenga igual valentía para trabajar con Estados Unidos en temas fundamentales de la agenda bilateral como son el comercio, lucha contra el narcotráfico, migraciones, democracia, energía y usar la diplomacia para confrontar la divergencia y no los insultos de plaza como parte de la agenda.