• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

De Panamá a Madrid

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Mientras más veo cómo se maneja la diplomacia en el mundo, más me convenzo de que Venezuela está sin Cancillería y sin noción clara de cómo se debe actuar para que efectivamente seamos un país reconocido por nuestra vocación pacifista, constructiva y de respeto dentro de la comunidad internacional. Siempre me pregunto quiénes serán los propagandistas y los asesores que dicen ayudar al gobierno.

Con el tiempo me he convencido de que la factura cubana no es tan marcada como hemos creído, pues la actuación de estos en diplomacia dista mucho de la de los últimos inquilinos de Miraflores. A menos que los usen de una manera descarada para suavizar el endurecido rostro de los hermanos Castro.

Por ejemplo, la emotividad del presidente Maduro en Panamá no tenía ningún sentido. Qué es eso de estirarle la mano a un Obama ausente, de alabarlo para luego recriminarlo y asegurar que de él desconfía; de recordarle lo mucho que admira a Estados Unidos citando músicos británicos, y de insistir en buscar un encuentro no pautado como si fuera esa la forma apropiada de tratar los asuntos de Estado. Hablar duro en los foros internacionales no da dividendos. No se dan en una plaza pública, las intérpretes no gritan mientras los interlocutores hablan. La generación de respeto entre mandatarios se logra con educación, sin estruendos ni amenazas.

Ese round de Panamá fue un despropósito y, por cierto, aunque el anfitrión esté desesperado por que le paguen una importante deuda, fue una injerencia hacer política antimperial en el barrio El Chorrillo. Si esos pobladores quieren que los gringos los recompensen, que se encargue de esta tarea su propio gobierno, no un presidente extranjero.

Por lo demás, para qué abrirse otro frente. Otra vez España. Será el mismo guion. Insultos, amenazas, ¡por qué no te callas!, no te pago las fragatas y luego encuentros y reencuentros de paz y amistad.

Esa es la diplomacia que funciona de a ratos pero que no genera confianza ni a propios ni ajenos.