• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Obama, con mis corruptos no te metas

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No son pocas las razones para estar alarmados. Entre tantos problemas en América Latina, descubrimos que no superamos el epicentro de nuestra tragedia mayor que no es la pobreza sino la el nivel bochornoso de corrupción que existe en nuestra región. Los escándalos están a la orden del día. Brasil y Petrobras, Chile y el hijo de la Bachelet, Guatemala y la vicepresidencia, México y la esposa del presidente, Argentina y los Kirchner, Panamá y el expresidente Micheletti. El más asombroso de todos, la gran corrupción que se ha generado en la Venezuela petrolera y revolucionaria.

Las corruptelas del pasado se quedaron como bebé de pecho con lo que aquí en la tierra de Bolívar esta pasando. Un general patria o muerte contra el capitalismo, recordado por el famoso “Dakazo”, hoy imputado por corrupción en la adquisición de unos barcos a España; el cuestionado gobernador chavista de Aragua confirma que su antecesor era un corrupto, y, por el otro lado, la gran mayoría del país sospecha de la poca transparencia de la clase política. La población distingue que la nación está sumergida en tamañas corrupciones que son lavadas en múltiples paraísos fiscales o en adquisición de propiedades alrededor del mundo.

Los más perjudicados por las avaricias de unos pocos son nuestros pueblos. Cuántos hospitales, carreteras, escuelas se dejan de hacer porque unos cuantos le meten la mano a los dineros que no les pertenecen, que no los han trabajado. Cómo esperar que los más necesitados no sigan el ejemplo que les dan sus líderes. Que se rebusquen como raspacupos o “bachaqueros”.

Se necesita una cruzada nacional e internacional para frenar y recuperar parte de lo mal habido.

Sí se requiere cooperación internacional y aplicación de las normas que existen para combatir la corrupción y el lavado de capitales. No serán pocos en los gobiernos los que se abrasen a las banderas y a la retórica de la soberanía para al final, igual que con la violación de los derechos humanos, no aceptar injerencia externa.